Datos de inflación en octubre

El IPC cuestiona la deflación de los alimentos detectada por el comercio

Venta de frutas y hortalizas en un mercado en Madrid.
Venta de frutas y hortalizas en un mercado en Madrid.

La economía española sigue coqueteando con la deflación. En octubre los precios siguieron su senda bajista y descendieron una décima, según el INE, lo que supone el cuarto mes consecutivo en el que bajan. La deflación es entendida como una caída prolongada y continuada de precios que el FMI calcula en dos semestres consecutivos. Un período que no parece que se vaya a cumplir en el caso de la economía española, pero que preocupa especialmente a las empresas y al Ejecutivo por el impacto que puede tener en la recuperación del consumo privado. Un escenario continuado de caída de precios desincentiva el gasto a la espera de que bajen más.

Los datos de octubre, sin embargo, alejan el riesgo de deflación por la sorprendente subida del precio de los alimentos, que es la rúbrica que más pesa dentro de la cesta de la compra que mide el INE, con un 18,2%. Esta partida llevaba cinco meses consecutivos cayendo (de mayo a septiembre) y la distribución había alertado que esas bajadas se prolongarían ante los excedentes generados por las buenas cosechas, el retroceso del consumo y sobre todo el veto ruso a las exportaciones españolas. En respuesta a las sanciones impuestas por la Comisión Europea por el conflicto en Ucrania, Rusia estableció desde el 8 de agosto un veto a las exportaciones de frutas y hortalizas europeas, incluidas las de España. Una prohibición que provocó un temor generalizado entre las empresas a una caída de precios.

Los datos del INE apuntan justo en el sentido contrario. El precio de los alimentos creció un 0,4% en octubre, en especial por el buen comportamiento de las hortalizas frescas, las frutas frescas y las legumbres. Las organizaciones agrarias consultadas apuntan a que esta estrategia de las empresas de anticipar bajadas de precios respondía a la intención de “hundir” los precios en origen (aquellos que pagan los agricultores) y así mejorar sus márgenes, tal y como ha sucedido en otros ciclos bajistas. Un sistema que no ha funcionado en la actualidad y que las organizaciones lo achacan a la actuación de la Agencia de Control e Información Alimentarios (AICA), un organismo de nueva creación que trata de evitar abusos en la cadena alimentaria. Su principal objetivo es garantizar el correcto funcionamiento de la citada norma entre los distintos operadores (agricultores, fabricantes de alimentos y bebidas y distribuidores del sector agroalimentario).

Desde el pasado 1 de septiembre, este organismo de nueva creación ha realizado un total de 894 controles en 183 empresas del sector ante la existencia de indicios razonables del incumplimiento de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria. Un celo que habría frenado las prácticas abusivas de años anteriores.

Precios cuatro veces superiores

La excesiva diferencia de precios entre aquellos que perciben agricultores y ganaderos y los que cobran las superficies por venderlos a los consumidores ha soliviantado a las organizaciones agrarias, que hicieron valer su indignación para presionar al Ejecutivo y que se redactara una nueva ley de la cadena alimentaria. La Unión de Consumidores de España (UCE), la organización de consumidores Ceaccu y la organización agraria Coag realizan desde agosto de 2008 un indicador mensual en el que se muestran los precios en origen y en destino de en el que muestran las diferencias entre los precios en origen y destino de 29 hortalizas y frutas, cinco carnes, leche aceite y huevos. El último dato, correspondiente a octubre, muestra como la diferencia entre ambos precios se eleva al 428%. La mayor brecha se encuentra en la patata, donde el agricultor percibe 0,05 euros por un kilo y la superficie recibe 0,64 euros, lo que supone una diferencia de 1180%. En el otro lado se situa el aceite de oliva, con un precio en origen de 2,56 euros y otro en destino de 3,56 euros, “tan solo” un 34% más.

El pico más alto se alcanzó en junio de 2009, en el que el precio de venta al público multiplicaba por seis el que recibía el agricultor. El más bajo se alcanzó en mayo de 2013, cuando el primero apenas triplicaba al segundo.