El Foco

La reindustrialización en España

Hablar sobre la reindustrialización de España es hablar sobre el futuro de nuestro país. Probablemente, si se analizaran las opiniones de las empresas más importantes se vería que, a este respecto, son bastante coincidentes. Y si se preguntara a los representantes más señalados del panorama político actual, también coincidirían.

Todos sabemos que nuestra geografía industrial ha cambiado –y se ha deteriorado– en estos años de crisis, pero sigue siendo clave para nuestra recuperación y sostenibilidad como país. No habrá un modelo productivo viable y una economía sostenible si las bases para un futuro postcrisis no se asientan en una estrategia para la reindustrialización de España. El tejido industrial es clave porque aporta aproximadamente el 60% de la inversión en I+D+i y hace de locomotora y arrastre sobre el resto de la economía, impulsando la creación de clusters que mejoran la productividad de los sectores involucrados.

Para diversificar, y hacerlo en sectores intensivos en conocimiento, necesitamos un nuevo tipo de talento

Los datos puestos sobre la mesa europea, por ejemplo, son muy clarificadores respecto a la importancia del sector industrial: los países con una sólida actividad industrial han sobrellevado mejor la crisis. Y los que no habíamos hecho los deberes hemos sido vapuleados con violencia. Los índices de desempleo y de producción industrial así como los datos de cierre de industrias son los que son.

Parece ser que casi todos coincidimos en el diagnóstico. Aunque no es suficiente. Debemos ser realistas y pragmáticos. Veamos: unos países han salido peor y otros mejor parados de la crisis. Unos sectores han salido peor y otros mejor, dentro del mismo país. Y, dentro de un mismo sector, unas empresas han salido adelante y otras no, o han quedado muy debilitadas. Deberíamos reflexionar y, al menos, intentar comprender qué es lo que han hecho bien aquellos que han salido airosos de los embates de la crisis. No sería un mal comienzo.

El desafío es ingente. La reindustrialización se tiene que sostener en una estrategia de país en la que la iniciativa privada y la pública estemos en sintonía, y en la que tengamos muy claro que no todos los subsectores de la industria tienen el mismo valor en la economía del futuro, la llamada economía digital.

El informe Global Manufacturing Competitiveness Index de 2013 señala a la innovación basada en el talento como el principal factor para la competitividad industrial. Para ello, se necesita un buen capital humano, formado y especializado para competir también en digital. De ahí que la educación y la formación en todos los niveles educativos tenga que adaptarse a las nuevas necesidades y retos. Para diversificar, y hacerlo en sectores intensivos en conocimiento, necesitamos este nuevo talento. Y, sobre todo, necesitamos desarrollar y captar talento, evitando su fuga de nuestro país.

Por otra parte, la construcción de un nuevo modelo productivo nos permitirá ser más competitivos. Eso requiere, por un lado, de una política macroeconómica sensible a las necesidades del sector industrial. Y por otro, de una adecuada inversión productiva y, finalmente, tener en cuenta la necesaria internacionalización de la industria española. Algunos sectores de la industria de nuestro país han sabido mantenerse, e incluso expandirse por el mundo, a pesar de los avances de los emergentes.

Es decir, se trata de aumentar nuestras fortalezas y adquirir otras nuevas para ser capaces de diseñar, producir y vender en el mundo bienes competitivos y reducir nuestras debilidades (la baja productividad, los problemas de financiación, el precio de la energía, la escasa flexibilidad del mercado laboral, el alto desempleo, la todavía baja inversión en I+D, la formación de los jóvenes no adaptada a las nuevas necesidades, etc.), para transformar las amenazas en oportunidades.

Debemos tener en cuenta que la industria se ha transformado desde procesos intensivos en trabajo a procesos intensivos en tecnología, con las tecnologías de la información cada vez más relacionadas con los procesos industriales (robótica, fabricación aditiva o impresión en 3D, por ejemplo). Se puede decir que esta convergencia de las tecnologías de la información con las tecnologías operacionales multiplica las oportunidades para la competitividad industrial. Lo que podríamos denominar el paso de la industria tradicional a la fábrica digital.

Las ramas más intensivas en alta tecnología e innovación son las más dinámicas en crecimiento relativo

En este sentido, parece claro que innovar no es una elección, sino una necesidad. La financiación de la innovación, su gestión y su utilidad de cara a la productividad y competitividad de las empresas es decisiva. Y no me refiero solo a un aumento de gasto en I+D+i, sino a que los resultados de la innovación impacten en la actividad económica. Para rentabilizar la innovación hacen falta muchas cosas: que exista un estímulo suficiente de la demanda, talento para desarrollar nuevas soluciones tecnológicas y mejores servicios tecnológicos, un uso inteligente de los recursos financieros (que deben ser suficientes, especialmente en el fluir del crédito o en la compra pública), y una masa crítica de proyectos empresariales que lideren y hagan de tractores de los demás. Y algo más: el ritmo de innovación es un factor clave para mantener la competitividad del sector industrial; las industrias más intensivas en alta tecnología e innovación son las más dinámicas en crecimiento relativo.

En Indra apostamos seriamente por la innovación. Creemos que compañías como la nuestra tienen una gran responsabilidad. Por ejemplo, cuando hacemos ese papel tractor que mencionaba, pero también cuando aportamos a nuestros clientes nuestra capacidad tecnológica, ya sea dotando de inteligencia a las infraestructuras, haciendo más eficientes a las empresas con nuestra tecnología o encontrando soluciones innovadoras para nuestros clientes en los más variados sectores, como el tráfico aéreo, el transporte y el tráfico, la sanidad, las administraciones públicas, la seguridad y la defensa, los servicios financieros, la energía, los procesos electorales u otros.

Durante estos años de crisis nuestra compañía ha afrontado las dificultades pensando en el futuro. Y ha salido airosa: mejoramos nuestra organización y nuestros procesos para ser más eficientes y productivos, seguimos invirtiendo en I+D para hacernos más inteligentes y competitivos, continuamos captando el mejor talento y extendimos nuestro negocio hasta llegar a los 138 países en los que actuamos hoy para internacionalizar más nuestra cadena de valor. Es un esfuerzo importante, pero sobre todo, es una apuesta coherente.

La Agenda para la Reindustrialización de España, presentada por el ministro José Manuel Soria hace unos días, recoge nuestras preocupaciones comunes y los planes del Gobierno para salir de modo sostenible de esta crisis, también lo hace. Reactivar la industria, generar empleo y crear nuevo valor añadido para competir en el mundo es un objetivo y una responsabilidad compartida por todos nosotros.

Javier de Andrés es consejero delegado de Indra.