Tribuna

De Tagaste a la Florida, pasando por Garrigues

Se cumple ahora el 1.660 cumpleaños del nacimiento en Tagaste –entonces parte de Numidia, en el África romana, y hoy Túnez– de uno de los hombres más extraordinarios de la humanidad, Agustín de Hipona, san Agustín. Además de por mi educación agustiniana, estos días he vuelto a tenerle muy presente con ocasión de la presentación de la biografía de Antonio Garrigues Walker escrita por Carlos García-León y Borja Martínez-Echevarría que tuvo lugar en forma de un inspirador diálogo entre el periodista Carlos Herrera y el abogado Antonio Garrigues en la Fundación Rafael del Pino.

A sus 80 años, dijo Garrigues que quería ahondar más en su vocación teatral –tal vez refundiendo sus 50 obras teatrales y haciendo una “gran obra”– y, entre otras cosas, dedicarse a pensar más y mejor. Esas palabras me ayudaron a evocar a ese joven africano que triunfó en la metrópoli del Imperio Romano y que dominó durante sus años de estudiante en Cartago el teatro, la retórica y la literatura. Un poco como Antonio Garrigues con su prolija producción teatral y su encomiable triunfo en la abogacía internacional de los negocios.

Garrigues insistió en la necesidad de que la abogacía se especialice en disciplinas científicas y tecnológicas y realizó la crucial reflexión y petición a nuestros responsables de Exteriores de dar prioridad a la relación atlántica. Garrigues recordó los lazos privilegiados que nos vinculan con los Estados Unidos de América y la imprescindible necesidad de ahondar en ellos.

Y volvió a mi mente la figura de san Agustín porque, aunque casi nadie en España parece saberlo, San Agustín de la Florida es la localidad y el puerto más antiguo fundado por europeos que ha estado ocupada sin interrupción en el territorio continental de Estados Unidos. Pedro Menéndez de Avilés había fundado San Agustín en Florida en el verano de 1565, 55 años antes de que desembarcaran los padres peregrinos del Mayflower y fundaran Plymouth.

Todos los españoles que llegan a Florida tienen el mismo sentimiento y se sienten –nos sentimos– inmediatamente como en casa.

Más allá de esos lazos históricos y culturales a los que tan acertadamente aludió Garrigues, es evidente que, para tener un futuro próspero, estamos obligados a profundizar nuestra relación con el país que lidera la nueva economía digital y donde se han dado las condiciones para gestar los avances tecnológicos que están transformando el mundo y que lo ha hecho con respeto a la libertad individual y compartiendo, en lo esencial, nuestros valores.

Para ello resulta fundamental que las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés) lleguen a buen puerto. Precisamente, el pasado 10 de octubre se desclasificó el mandato que los Estados miembros dieron a la Comisión para negociar este tratado que, según se estima, hará que se incrementen en una media de 545 euros anuales los ingresos de los hogares europeos y que se produzca una subida media en el PIB de entre el 0,5% y el 1%.

Pero precisamente en el área de la economía digital se plantean sombras a esa imprescindible colaboración, como son los intentos –cargados de resabios proteccionistas– de impedir transferencias internacionales de datos entre Estados Unidos y Europa amparándose en una supuesta protección de la privacidad de los ciudadanos y barreras tales como las exigencias de ubicación de los centros de datos en territorio europeo, uso de servidores locales y otras restricciones similares.

Unas limitaciones que la Cámara de Comercio Americana en la Unión Europea señala que pueden limitar el desarrollo del comercio electrónico y la economía digital entre los dos continentes.

El rey Felipe VI, en su discurso de proclamación, señaló que nuestra historia nos enseña que los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuando hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá –y por encima– de nosotros mismos... como aquellos españoles que fundaron San Agustín de la Florida hace casi 450 veranos.

Javier Fernández-Samaniego es socio director de Bird & Bird en Madrid.