Editorial

La banca sigue con el riesgo en el cuerpo

El Fondo Monetario Internacional (FMI) realizó ayer un contundente y serio diagnóstico de la frágil situación financiera mundial y de los riesgos que ello supone para la recuperación económica. Según la nueva edición de su informe Estabilidad financiera global, los bancos son ahora más seguros, pero la mayoría de ellos no cuentan con músculo financiero suficiente para suministrar crédito e impulsar la salida efectiva de la crisis de las economías. El organismo cifra en un 40% –que eleva hasta un 70% en la zona euro– el porcentaje de entidades financieras que carecen de esa capacidad para bombear crédito. De un modo muy gráfico, el FMI reconoce que la banca puede llevar una “vida normal”, pero lo que las economías necesitan es que se comporten como “atletas” y puedan alimentar el crecimiento. Y todo ello a 15 días de conocer la salud real que los test de estrés debe revelar sobre la banca en Europa.

El escenario que dibuja el informe no es ni complaciente ni halagüeño. Seis años después del comienzo de la crisis, el proceso de recuperación de la economía mundial está alimentado por las políticas monetarias de estímulo que aplican tanto Europa como EE UU. La Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el de Japón han practicado medidas que han asegurado la liquidez y que han contribuido a la limpieza de los balances con la adquisición de activos dañados y el BCE ha anunciado que entrará lentamente en prácticas parecidas en los próximos meses por la astenia que muestra la actividad económica. Pero ni así considera el FMI que disponga de una musculatura suficientemente fuerte como para lanzar el crédito y el crecimiento.

La escasa capitalización de la banca, que fue el primer problema detectado ya cuando en 2008 se desató a nivel mundial la crisis financiera, sigue sin estar culminada en forma suficiente como para sustentar un paso al frente en el crecimiento de sus balances con garantías de recobro de los préstamos. Esa es la conclusión de la institución mundial, lo que no deja de ser la admisión de un rotundo fracaso en las soluciones aplicadas, que además han contribuido a engordar desproporcionadamente los balances de los bancos centrales y a generar una inmensa bola de liquidez que ahora parece contraproducente, tras haber elevado los precios de los activos más allá del valor fundamental.

Con los actuales estándares de toma de liquidez y concesión de crédito, en un entorno de tipos cero, la banca debería disponer de unos volúmenes descomunales para poder generar rentabilidad suficiente para remunerar a sus proveedores y accionistas. Compaginar tipos bajos con una rentabilidad que remunere y refuerce el capital es un juego de equilibrios muy complicado, pero salvo un ajuste adicional de balances y capacidad instalada en el sistema financiero, no queda más remedio que hallar un equilibrio.