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Los trabajadores someten a VW

El representante de Dios en la tierra la escucha, al igual que el gobernador del segundo banco central más antiguo del planeta. El Vaticano y el Banco de Inglaterra recurrieron a la consultora McKinsey cuando sintieron la urgente necesidad de un cambio. Pero la sede de Volkswagen en el castillo Wolfsburgo está resultando mucho más difícil de atacar.

Una revuelta entre los sindicatos forzó a VW a deshacerse de McKinsey como consultor por un enfrentamiento sobre un importante programa de reducción de costes, según informó Reuters. El mayor fabricante de automóviles de Europa necesita con urgencia hacer frente a un problema de costes de montaje en su marca principal, la de turismos VW. Aunque supone un 57% de las ventas, esta solo genera una fracción de los beneficios del grupo de automoción. Pese a la incipiente recuperación del mercado europeo del automóvil, su margen operativo central cayó a un mísero 2,1% en el primer semestre de 2014.

El consejero delegado Martin Winterkorn quiere reducir los costes anuales en turismos VW en 5.000 millones de euros. Acudió a McKinsey en busca de ayuda, como ha hecho la firma en el pasado, pero al parecer se olvidó de consultar a los sindicatos antes. Los trabajadores se levantaron en pie de guerra, preocupados por la presunta obsesión de McKinsey por recortar el número de empleados en la producción. Este temor podría ser exagerado –Volkswagen ha descartado los recortes de empleo y quiere optimizar la adquisición, distribución y el I+D–.

La próspera revuelta sindical contra McKinsey es un mal presagio para Volkswagen y la economía alemana en general. Volkswagen es el santo grial de la Sozialpartnerschaft de Alemania o de las buenas relaciones laborales entre sindicatos y la dirección.

La gestión de Volkswagen es la adecuada para hacer frente a su problema. Pero cuando el Vaticano y el Banco de Inglaterra están más dispuestos a aceptar las verdades domésticas que uno de los mayores empleadores privados del país, es hora de empezar a preocuparse.