Editorial

La primavera en las fábricas del automóvil

Las fábricas españolas de automoción están viviendo en este momento una era de expansión –en términos de incremento de producción– no vista desde la década de los noventa. Durante los cuatro primeros meses del año, las plantas han incrementado la fabricación de unidades algo más de un 12%, según datos de la patronal Anfac. Hay que remontarse a 1994 para encontrar un aumento más acusado, que en aquella coyuntura ascendió al 21%. Todo ello hace previsible que 2014 se convierta en un año clave para el sector en España.

Hay dos grandes factores que explican estas cifras. El primero es el hecho de que nuestro país ha recibido en los últimos meses nuevas adjudicaciones de modelos por parte de las marcas, que están tirando de la producción. Es el caso del Renault Captur, el Citröen Cactus o la nueva furgoneta NV200 de Nissan en sus versiones convencional y eléctrica. A ello hay que añadir la decisión de General Motors de adjudicar a Figueruelas la fabricación del Opel Mokka a partir de septiembre, así como nuevas versiones de modelos de Ford para la factoría de Almussafes, y de Renault para Valladolid, entre otras. La patronal de los fabricantes cifra en 3.500 millones el total de inversión que estas nuevas adjudicaciones podrían suponer para España a lo largo de los próximos tres o cuatro años. Una cifra que duplica la inicialmente comprometida por las marcas desde 2012. Junto a las nuevas adjudicaciones, la segunda razón que explica el incremento es el efecto tirón de las exportaciones. Un total de 120 países constituye el núcleo receptor de esa producción, una diversificación geográfica que constituye un factor de estabilidad y sostenibilidad.

A esos factores hay que sumar otros de naturaleza estratégica, entre los que destaca la óptima capacidad de adaptación al ciclo económico que ha mostrado esta industria desde el estallido de la crisis. Buen ejemplo de ello es la eficiente implementación de la flexibilidad laboral, posible gracias tanto al esfuerzo de las empresas como de los sindicatos, y que se ha traducido en una importante caída de los costes laborales y un aumento de la competitividad. Ambos logros tienen mucho que ver con la cascada de adjudicaciones que las fábricas españolas han recibido en los últimos tiempos y con el hecho de que España se haya consolidado como un país muy de fiar para las grandes marcas. La buena evolución del sector –que espera fabricar tres millones de unidades en 2016 o, como tarde, en 2017– se ha visto alimentada también por los distintos planes de estímulos públicos aprobados en los últimos años. Se trata de una herramienta clave para consolidar la fortaleza de una industria que resulta fundamental para la recuperación de economía española, pero también de una ventaja en el marco de una economía de mercado que, como tal, debe tener fecha de caducidad.