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Escocia, sin salida a causa de la deuda

Es probable que los sueños escoceses de secesión choquen con las duras realidades de los mercados de deuda. A una Escocia independiente le resultaría difícil adoptar tanto la libra esterlina como el euro, después de los desaires de Londres y Bruselas. Pero termine con la libra, el euro, o cualquier otra, la pregunta fundamental es cómo la carga de la deuda ya existente pesa sobre la libertad del nuevo país.

Incluso si la crisis de la zona euro no hubiera ocurrido, la adopción del euro no parece un punto de partida. Escocia tendría que cumplir con estrictos criterios de convergencia estableciendo un déficit presupuestario por debajo del 3% del producto interior bruto –lo que requeriría subidas de impuestos o recortes de gastos para reducirlo desde cerca del 5%–.

El lobby pro independencia dice que está muy interesado en mantener la libra y en formar una unión monetaria con el resto del Reino Unido. El Banco de Inglaterra podría fijar los tipos de interés y regular a los bancos escoceses –a cambio, los que votan a favor esperan alguna forma que permita compartir el poder en sus órganos de gobierno–. Pero eso también parece mejorable. Incluso si el ministro de Finanzas de Reino Unido, George Osborne, no hubiera vertido su desprecio sobre la idea el 13 de febrero, el peso económico relativamente pequeño de Escocia tendría poca influencia sobre las políticas del Banco de Inglaterra.

Eso deja a la opción de una nueva moneda escocesa –llamémosla rabbie, en honor al poeta más famoso del país, Robert Burns–. Sería la solución lógica. Escocia ganaría flexibilidad fiscal y monetaria y no se vería obligada a reducir el gasto o aumentar los impuestos a corto plazo.

Pero sea cual sea la ruta que se elija, Escocia tiene un problema. Imaginemos que los escoceses se hicieran cargo de una deuda en torno a su nivel actual del 70% del PIB, y que su déficit primario fuera del 2,5% de media en los próximos cinco años. Supongamos también que a Edimburgo le cuesta un 3,8% financiar este déficit. En 2019 la deuda de Escocia alcanzaría entonces el 90% del PIB, suponiendo un modesto crecimiento medio del 1,5%, según los cálculos de Breakingviews.

En una unión monetaria con Reino Unido, el Banco de Inglaterra fijaría los tipos de interés

En una unión monetaria –ya sea con Frankfurt o Londres– el banco central se opondría a que un país tan pequeño se hiciera cargo de una deuda tan grande. El líder de la independencia de Escocia, Alex Salmond, se vería obligado a llevar a cabo una serie de aumentos de impuestos y recortes de gastos. Los escoceses podrían pronto se sentirse tan impotentes y resentidos como los griegos –pero sin nadie a quien culpar de sus desgracias–.

Armado con el rabbie, Escocia podría seguir recortando los tipos de interés, o incluso imprimir dinero, para evitar el dolor. Pero tarde o temprano Salmond tendría que optar por la disciplina fiscal –no para calmar socios de la unión monetaria, sino para atraer a los inversores a los bonos de deuda escocesa–.

Una opción radical, apelando a los nacionalistas más duros, sería simplemente escapar de la deuda. Sobre el papel, esto suena seductor: incluso en el caso de que los escoceses tuvieran que pagar rendimientos similares a los griegos, no importaría.

En realidad eso no va a suceder, a pesar de que los defensores de la independencia aseguren que los escoceses no tienen ninguna obligación legal de asumir su deuda, y a pesar de que el gobierno de Reino Unido se ha preparado para el peor escenario posible diciendo que garantizará toda la deuda actual de Reino Unido. Si el acuerdo de divorcio se volviera desagradable, Londres podría luchar por una mayor participación en los ingresos del petróleo que supusieron el 19% de los ingresos de Escocia en 2011/12, que haría subir de nuevo el déficit. También habría costes transaccionales por hacer negocios en distintas divisas. Eso es una mala noticia dado que el 70% del comercio de Escocia es con el resto de Reino Unido. Pero, sobre todo, la rentabilidad de la deuda en rabbie sería una rápida espiral.

Eso deja a Salmond sin salida. Los que votan a favor de la independencia calculan que la mayoría de los comentarios negativos están mal encaminados. Insisten en que la independencia impulsará el crecimiento del PIB escocés. Pero, al igual que los supuestos de que el Reino Unido mandaría en una unión monetaria, o la esperanza de que una nueva moneda aumente en lugar de disminuir la flexibilidad, los votantes escoceses deberían tomarlo con cautela.

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