Opciones más allá de los tipos de depósito negativos
Mario Draghi, presidente del BCE.
Mario Draghi, presidente del BCE. REUTERS

Las armas de Draghi para poner a trabajar 170.000 millones

¿Tiene munición el BCE para seguir estimulando la economía? Primero fueron las megasubastas de liquidez a tres años iniciadas en diciembre de 2011 que inflaron el colchón de liquidez de la banca de la zona euro hasta situarlo por encima de los 800.000 millones en el verano de 2012. Después, en 2012, la tensión en los mercados de deuda hizo saltar todas las alarmas sobre la pervivencia del euro y obligó a intervenir a Mario Draghi con su famosa frase: “Haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente”. El programa de protección de la deuda soberana (denominado OMT, según sus siglas en inglés) pergeñado por Draghi en agosto del año pasado pero que nadie aún ha solicitado fue otra fórmula más para aplacar al mercado.

La semana pasada el BCE continuaba con la tarea pendiente que más repite en sus comparecencias: conseguir que funcione la política monetaria. Y para ello no ha dudado en dejar los tipos en un mínimo del 0,25% y plantear estas denominadas “medidas no convencionales”.

Sin riesgos inflacionistas en el horizonte y con la economía casi estancada, el presidente del BCE ha dejado abiertas todas las puertas a nuevas fórmulas para que los bancos utilicen para algo productivo los 170.000 millones de euros de liquidez adicional con los que cuenta la banca europea. De éstos, 53.000 millones están guardados en la hucha del BCE y hay otros 117.000 que les sobran una vez descontados los 103.321 millones que tienen que tener sí o sí en el BCE para cumplir con el coeficiente de caja.

Algunas posibles medidas pasan por elevar el dinero disponible de las entidades financieras por encima de esos 170.000 millones, con el objetivo de que se utilice también en la economía real. Además de la de penalizar la liquidez de facilidad de depósito, el BCE cuenta con estas otras cinco armas:

1 Quitar o reducir el coeficiente de caja de la banca. Sería una medida instantánea que permitiría elevar la liquidez disponible por el sistema en unos 100.000 millones de euros de una tacada. En el actual periodo de cómputo, que va del 13 de noviembre al 10 de diciembre, el BCE exige a los bancos tener inmovilizados 103.321 millones.

Barclays asegura en un informe que podría reducir el porcentaje que les solicita, desde el 1% de los pasivos computables hasta cero o un porcentaje “cercano a cero”. En diciembre, el BCE bajó este coeficiente al nivel actual desde el 2%. “Es una medida fácil y rápida”, señalan los expertos de la entidad británica, si bien tendría problemas, como el hecho de que privaría a los bancos de la rentabilidad que aporta tener ese dinero guardado en el BCE. En este caso, y a diferencia de la facilidad de depósito, paga el precio del dinero.

2 Eliminar la subasta inversa para esterilizar las compras de deuda del BCE. El banco central tiene en su balance 184.000 millones de euros en deuda pública griega, irlandesa, portuguesa, española e italiana. Jean-Claude Trichet puso en marcha este programa (denominado OMT, según sus siglas en inglés), cuya última intervención data de febrero del año pasado. Y aunque el OMT terminó en septiembre de 2012, el BCE efectúa cada semana una subasta inversa (paga a los bancos hasta el 0,25%) para retirar de la circulación un importe equivalente al comprado en deuda. Este modo de obrar es lo que se conoce como esterilización en la jerga financiera del mercado monetario.

La medida sería extremadamente fácil de ejecutar pero sería muy complicado convencer al Bundesbank alemán de la pertinencia de esta fórmula.

3 Otro recorte de tipos. Esto dejaría el precio del dinero en el 0%. Las rebajas, no obstante, han resultado hasta la fecha ineficaces, pues en lugar de ayudar a la apertura del mercado crediticio han servido a las entidades para rebajar la remuneración de los depósitos. A pesar de ello, Draghi ha reiterado en sus últimas intervenciones que el BCE mantendrá una “política monetaria acomodaticia” (tipos como los actuales o incluso más bajos) el tiempo que sea necesario.

4 Otra megasubasta condicionada. El BCE podría poner en marcha otra inyección de liquidez pero esta vez exigiría emplear el dinero para prestarlo a la economía real. La lección de las inyecciones anteriores es que las entidades aprovechan esta medida para dejar el dinero en la caja fuerte del banco central –aunque ya ni siquiera esta estrategia remunere– antes que prestarlo.La desconfianza sigue reinando en el mercado interbancario.

5 Como última medida para reactivar el sistema los expertos señalan la compra de activos. Es decir, que el BCE siga los pasos de la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra y se lance a la compra de bonos.Esta fórmula, que las últimas sesiones ha cobrado protagonismo después de las declaraciones de Vítor Constancio, vicepresidente delBCE, cuenta con la firme oposición de Alemania.Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y miembro del BCE, ha señalado que esta no es una solución para los problemas. “La impresión de dinero definitivamente no es la forma de resolverlo. Todavía pasarán años hasta que se eliminen las causas de la crisis”, sentenció el banquero en una entrevista concedida al semanario alemán Die Zeit.

Cobrar por usar la hucha del BCE

Desde la pasada reunión del 7 de noviembre, los rumores que apuntan a la posibilidad de que el BCE ponga en negativo la facilidad de depósito ha ido ganando fuerza. Sin embargo, Draghi ha querido zanjar el tema y ha señalado que, aunque es verdad que el tema fue discutido en la pasada cita, desde entonces no se ha vuelto a debatir.

Una nueva rebaja de esta tasa supondría empezar a cobrar a los bancos por el dinero que las entidades dejan depositadas en las arcas de la institución europea.La medida es una de las últimas herramientas puramente monetarias con las que cuenta el BCE para que el dinero llegue de una vez por todas a la economía real. Sin embargo, los expertos creen que el regulador podría tomar otras decisiones antes que situar en negativo la facilidad de depósitos para poner en circulación los cerca de 170.000 millones de euros de liquidez que existen a día de hoy en el eurosistema.

¿Qué pasaría si el BCE comienza a cobrar a los bancos por dejar el dinero en sus arcas? Si finalmente esta propuesta sale adelante, los bancos podrían emplear más dinero en comprar deuda soberana. Las entidades financieras se lanzarían a la adquisición de bonos, aprovechando sus ventajas frente a dar créditos y es que, al menos de momento los bonos soberanos, computan como activo sin riesgo. Está por ver qué ocurre en los test de estrés del próximo año. Eso sí, la compra de deuda pública por parte de los bancos presionaría a la baja su rentabilidad.

La otra consecuencia, antes que la apertura del grifo del crédito –objetivo prioritario de situar la facilidad de depósito en negativo– sería que los bancos decidieran devolver al BCE el dinero que le han pedido prestado.
En julio de 2012, Draghi decidió situar los tipos de depósitos en el 0%. La rebaja trajo consigo una reducción del 60% de la cantidad que la banca dejaba en la caja fuerte de la institución desde los 800.000 millones de euros (sus cotas más altas) a los 325.000 millones. En la actualidad, esa cifra se sitúa en los 53.000 millones.

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