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Superar el 'jet-lag' español

Los españoles son conocidos por seguir unos horarios de locos. Los mapas y un informe parlamentario reciente sugieren que el país se encuentra en la zona horaria incorrecta. Para estar alineado con el sol, debería abandonar a la mayor parte de Europa y unir sus relojes a los de Reino Unido y Portugal. Sin embargo, un simple cambio de hora no puede hacer que Madrid funcione como Londres.

El general Franco trasladó España a la zona horaria de Europa Central en 1940, como hicieron Reino Unido y Francia. Pero no siguió de vuelta a Reino Unido tras el final de la Segunda Guerra Mundial. El resultado es que mientras los españoles comen a la misma hora que los británicos, son las 13:00 horas en Londres y las 14:00 horas en Madrid.

Un realineamiento de los relojes terminaría con esa anomalía, pero no alteraría la principal peculiaridad de la jornada laboral española –las más de dos horas de almuerzo–. La práctica también se inició en los años cuarenta por el pluriempleo, cuando se dio a la gente un descanso entre sus dos puestos de trabajo. Ahora solo extiende la jornada laboral. Los horarios de oficina españoles comienzan temprano, pero la cena es tarde –por lo general a las 22.00, hora local– y el primetime de la televisión termina bien pasada la medianoche. Por lo que los trabajadores privados de sueño acaban con poco tiempo para la familia.

La práctica de parar más de dos horas para el almuerzo se inició en los años cuarenta a causa del pluriempleo

El informe recomienda acortar la hora de la comida, pero eso es un desafío. Un gobierno democrático no puede simplemente decretar unos nuevos horarios. Las empresas pueden. Iberdrola afirma que su jornada de 7.30 a 15.30, establecida en 2007, ha aumentado la productividad y ha reducido los accidentes y el absentismo en un 10%. Un horario menos extremo, de 9.00 a 17.00, todavía permitiría una hora para el almuerzo, protegiendo el negocio de los restaurantes.

El estándar europeo podría extenderse según haya más futuros directivos españoles que vuelvan de pasar temporadas en lugares donde las reuniones a las 15.00 (viernes incluidos) son normales. Que hubiera más mujeres en la cúpula ayudaría. Como señala el informe, los medios podrían impulsar la vuelta del primetime, también de los partidos de fútbol, a las 21.00 horas.

Todo es sensato, pero las viejas costumbres se resisten a morir. De hecho, podría ser más fácil para el gobierno impulsar la productividad en otras áreas que reformar el irracional calendario de la nación.

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