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Adiós a los cheques-restaurante

Casi dos mil millones de euros al año se emiten en Bélgica en unos cheques que, en teoría, solo pueden utilizarse para abonar un menú en un restaurante o comprar comida ya preparada, aunque a menudo terminan en cualquier tipo de comercio.

El negocio se ha multiplicado por 12 en menos de 30 años y ya lo utilizan, según la patronal del sector, unas 70.000 empresas y más de millón y medio de trabajadores belgas.

Pero el famoso vale parece condenado a una muerte súbita, justo ahora que su versión electrónica le auguraba una larga y cómoda vida. El Gobierno ha anunciado su intención de suprimirlo y sustituirlo por una remuneración equivalente en metálico.

"La sociedad ha evolucionado y hoy el cheque-restaurante equivale a una ventaja salarial extralegal", ha declarado Stefaan Vercamer, uno de los diputados que impulsa el proyecto de ley para suprimir los vales de comida. Sus argumentos se basan en el gasto que supone para las empresas la gestión de los cheques (80 millones de euros); el beneficio que logran los emisores gracias a los cheques que se pierden o caducan (45,5 millones de euros según un estudio citado por un diario local); y las comisiones que los emisores imponen a empresas y hosteleros por utilizar el sistema.

Los emisores niegan esos cargos, aunque reconocen que los vales perdidos o caducados suponen al menos el 0,35%. O sea, más de seis millones de euros, que tampoco está mal para una ganancia tan poco sudada.

Los restaurantes también apoyan el mantenimiento del sistema, a pesar de que los datos indican que buena parte de los cheques se gasta en otro tipo de establecimientos. En cualquier caso, "el vale garantiza una inyección de 2.000 millones de euros en el comercio y la hostelería, que no se pueden gastar en otros sectores ni fuera de Bélgica", recuerdan los emisores.

Para el Gobierno, sin embargo, la fórmula solo sirve para eximir de impuestos y contribuciones sociales una parte del salario. Y acuciado por gravísimo problemas presupuestarios, parece dispuesto a taponar esa fuga. Las encuestas citadas por los emisores indican que la mayoría de los trabajadores sospechan que el complemento que sustituya al cheque estará sometido a la misma carga fiscal que el resto del salario.

La ofensiva podría extenderse a otros países. En España, los vales de comida tampoco cotizan a la Seguridad Social (hasta 9 euros) y están exentos del IRPF. La empresa de Ticket Restaurant cifra el ahorro en contribuciones e impuestos en unos 500 euros al año por trabajador. Su página web permite calcular el ahorro exacto en función de las condiciones salariales de cada persona. Una calculadora que puede llamar la atención de un ministro de Hacienda como Cristóbal Montoro, ávido por encontrar ingresos.

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