Emprendedores

Nunca es muy pronto para empezar a emprender

Universitarios y hasta estudiantes de instituto también se atreven a poner en marcha negocios propios

Nunca es muy pronto para empezar a emprender

Hemos oído hasta la saciedad a políticos y expertos que uno de los elementos que más pueden ayudar a salir de la crisis es que crezca el número de emprendedores. En esa dirección se supone que va la nueva Ley de Emprendedores aprobada el viernes. También es conocido, sin embargo, que mientras en los países anglosajones existe una sólida tradición de lanzarse a la aventura de montar un negocio propio, el miedo al fracaso (y sobre todo su mala aceptación social) hace que en nuestro país la gente se lo piense dos veces.

Pero cuando se está motivado y se tiene una buena idea las barreras tienden a diluirse. El emprendimiento no tiene edad. Diversas instituciones organizan premios y concursos para tratar de que la creatividad de los más jóvenes no se desaproveche, sino que se transforme en negocios concretos.

Es el caso, por ejemplo, del Programa Educativo de Tecnología, Innovación y Trabajo (Petit), promovido por el equipo educativo de la Ciudad Tecnológica Valle del Nalón (Valnalón), en colaboración con la Fundación Cotec. Cerca de 1.100 alumnos de 32 centros escolares de Asturias y Madrid han participado en esta iniciativa, que vio la luz en 2007. El programa se basa en la asignatura de Tecnología de ESO. “Esta materia está enfocada al conocimiento aplicado y se sustenta en la metodología del aprendizaje basado en proyectos, por lo que facilita al alumnado una conexión real con el mundo exterior y le ayuda a desarrollarse individualmente en un equipo de trabajo”, opinan sus promotores. Se trata de aprovechar esta asignatura “para activar el espíritu innovador y emprendedor de los estudiantes”, haciendo que diseñen, construyan y preparen el lanzamiento de un producto.

Fruto de esta iniciativa han surgido ideas comercializables. Es el caso, por ejemplo, de Mopex, presentado en 2008 por tres menores de edad. Se trata de una fregona dotada de un dispensador de agua y jabón que conecta con el palo hueco de la fregona y que permite al usuario ir soltando gradualmente la mezcla de agua y detergente mientras friega, sin necesidad de utilizar un cubo. La multinacional de la limpieza Vileda lanzó al mercado a finales de 2012 un sistema de fregona muy similar.

Otras ideas que han surgido del programa son un paraguas con una capa impermeable transparente que se despliega rodeando completamente al usuario o un atril diseñado para músicos que permite pasar las hojas de las partituras con un sistema de pedal automático a modo de rotafolio sin tener que separar las manos continuamente del instrumento.

El talento está en la juventud

Los proyectos son lógicamente mucho más completos si subimos un poco el espectro de edad. Los estudiantes universitarios, recién estrenada su veintena, son capaces de desarrollar no solo una buena idea, sino de elaborar un plan de negocio e investigar su viabilidad.

Ello quedó patente esta semana durante la final de la quinta edición de Startup Programme, organizada por Junior Achievement y la Fundación Universidad-Empresa. Los representantes de las 15 universidades españolas finalistas tuvieron tres minutos para explicar su proyecto, su plan de negocio y necesidades de financiación al jurado. Presentamos a continuación algunos de las ideas más sólidas.

Javier gonzález-Quijano, itrading: Robótica aplicada al análisis de mercados

Existen máquinas capaces de realizar miles de operaciones de compra y venta de activos en una fracción de segundo. Este tipo de tecnología, llamada high frequency trading, manda ya en las transacciones realizadas en Wall Street. Basada en complicados algoritmos, los potentes ordenadores empleados por los traders están haciendo que matemáticos, físicos e ingenieros sustituyan poco a poco a economistas en la intermediación de activos.

Pero estos superordenadores son muy caros. Solo se los pueden permitir los grandes bancos de inversión o corporaciones con un altísimo poder adquisitivo. Ahí es donde entra iTrading, el proyecto liderado por Javier González-Quijano. Este investigador y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid está volcando los resultados de su tesis doctoral en el campo de la robótica y la inteligencia artificial, en la elaboración de un motor de análisis e inversión financiera. Su idea: “Que sea accesible a todos los públicos”. Participa en el proyecto su compañero Choukri Bensalah, de 34 años.

Además del precio, el elemento diferenciador del proyecto de González-Quijano es, en su opinión, la tecnología empleada, basada en la robótica. iTrading ha recibido el Premio Ascri a la Viabilidad, dotado con 1.000 euros, y el Premio Startup del Parque Científico de Madrid (PCM), consistente en tres meses de alojamiento gratuito con acceso a servicios de apoyo empresarial en una de las incubadoras del PCM.

Agnès Puig Prat, Permanenza: La democratización de las galerías de arte

El proyecto en el que lleva trabajando meses Agnès Puig Prat, de 23 años, tiene poco que ver con la titulación que estudia. Está en cuarto de Biotecnología (Universitat de Vic), pero la start-up que está montando junto a Juan Antonio Heredia, estudiante de Ingeniería Informática un año mayor que ella, está directamente vinculada al mundo del arte. “Mi abuelo era pintor y nos dejó una cantidad enorme de obras con las que no sabíamos qué hacer”, se explica.

Pensando en cómo hacer accesible al público el trabajo de su abuelo, se le ocurrió montar una web que funcionase como un espacio en el que los artistas difundieran y comentaran su obra. “Queremos ayudar a los artistas noveles a promocionarse. Para triunfar en el mundo del arte hace falta ser muy bueno, pero también tener una oportunidad. Nosotros queremos facilitarla”, cuenta Puig.

Los dos estudiantes han desarrollado una interfaz manejable y muy visual. Si un artista quiere colgar en ella su obra, deberá pagar entre cinco y nueve euros, dependiendo del tipo de espacio que precise. Permanenza (así se llama la empresa) se lleva entre un 7% y un 8% de comisión de las ventas que se generen.

A esa misma aplicación, disponible para móvil y tableta, acceden también galerías (pagando una cuota) y el público interesado en el arte. Los jóvenes han diseñado además un espacio de debate para que interactúe quien quiera. “Exponer en una galería pequeña cuesta más de 400 euros, además de un 20% sobre las ventas. Nuestra vía llega a más gente y es más barata”, resume.

Miguel Ángel Aarquero y Fausto Escrigas, Cramway: Un entorno social para estudiar mejor

“Suelen vendernos el e-learning como un sitio web con contenidos online. Eso por sí solo no sirve de casi nada”, comenta Fausto Escrigas, de 23 años y estudiante de Ingeniería Informática en la Universidad San Pablo CEU.

“Con el plan Bolonia hay que pasar muchas horas trabajando en grupo, pero a la gente no le gusta estar tanto tiempo en la biblioteca. Prefiere estudiar desde casa”, señala. Este fue el punto de partida de Cramway, un entorno online ideado para que los estudiantes trabajen juntos de forma remota.

La interfaz permite que los usuarios intercambien y se corrijan problemas en tiempo real. Los apuntes son vistos por todos y se pueden modificar sobre la marcha, mientras que a través de un chat se pueden comentar los cambios o cualquier otra cosa, explica Miguel Ángel Arquero, estudiante de Ingeniería Técnica Informática y cofundador del proyecto.

Cramway es el resultado de aplicar los entornos colaborativos al e-learning, pero además permite el almacenamiento de documentos en la nube. La aplicación cuenta con herramientas específicas para cada asignatura (por ejemplo, tiene un editor de funciones y ecuaciones). Pero la idea no termina ahí. Estos ingenieros han trabajado sobre el mismo concepto para desarrollar un producto específico para las empresas. “Es muy customizable e intuitivo”, apunta Escrigas.

El proyecto recibió esta semana el premio Hyundai Brilliant Young Entrepreneurs, que conlleva 15.000 euros de financiación.

Gonzalo Boada Giménez, Epark: Sensores para detectar disponibilidad de aparcamiento

La idea de Gonzalo Boada sedujo el miércoles al jurado de los premios del Startup Programme, organizados por Junior Achievement, la mayor organización educativa sin ánimo de lucro del mundo, y por la Fundación Universidad-Empresa. Se trata de un sistema para localizar plazas libres de aparcamiento en la vía pública. Requiere de la instalación de una serie de sensores en la acera, además de unos repetidores y amplificadores, que indican en tiempo real la disponibilidad de plazas en una determinada zona. Se podrá ver desde una aplicación para móvil o, como forma de comercialización alternativa, indicada en los mapas de los sistemas de GPS.

Boada, de 23 años y estudiante de sexto curso de Derecho y Administración y Dirección de Empresas (ADE) en la Universidad Pontificia Comillas (Icade), reconoce que el proyecto no es 100% original. “En San Francisco, durante un intercambio de estudios, vi que tenían instalado un sistema de este tipo. Al volver a Madrid investigué las posibilidades de ponerlo en marcha aquí y su viabilidad económica. Luego contacté con algunos posibles proveedores”, indica.

La idea, cuenta, es intentar presentarse a un concurso público para hacerse con la gestión del aparcamiento de un barrio madrileño. O vendérselo a un operador de aparcamientos para que optimice, con la información obtenida mediante el sistema ePark, la gestión de sus plazas. Incluso serviría para ser más precisos a la hora de multar a quienes aparcan mal. “Confiamos en que al ser un proyecto a pequeña escala no entren potenciales competidores como Telefónica o Indra”.

Jordi Llonch Esteve, Travelcards: Una baraja de símbolos para las vacaciones

“La idea se me ocurrió de vacaciones. Estando un verano por Japón, con un calor horrible, no fui capaz de conseguir que alguien me indicara cómo llegar a la playa. Me di cuenta de que cuando estás en algún país en el que no das con nadie que hable inglés u otro idioma que domines, al final te intentas comunicar con signos”, explica Jordi Llonch Esteve.

A sus 27 años, este catalán afincado en Viena es piloto de línea aérea y estudia a distancia multimedia en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Dado que sus compañeros de trabajo viajan, y mucho, a países exóticos, se dedicó durante un tiempo a encuestarlos para intentar sacar un listado de las palabras más necesarias para establecer una comunicación que facilite las vacaciones. Tras concretar la colección de conceptos, seleccionando los más repetidos, los trasladó a símbolos fácilmente identificables. Por ejemplo: una hamburguesa y un refresco para indicar restaurante.

La siguiente idea acabó de darle forma al proyecto: ¿por qué no incluir estos dibujos en una baraja de cartas? Se trata, al fin y al cabo, de un complemento que suele acompañar a los viajeros. “Yo, que viajo solo, suelo llevar siempre una para hacer amigos”, apunta Llonch. Dividió los conceptos en cuatro palos (actividades, lugares, ayuda y transporte) y los insertó en una baraja americana.

“También tengo una aplicación para Android, pero al fabricarlas en formato físico las pueden emplear quienes no quieren depender del móvil. Además, ¡siempre puedes echar una partida con ellas!”, explica. Llonch tiene un preacuerdo con una gran multinacional fabricante de cartas para producirlas y distribuirlas en España.

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