El Foco

Chipre: territorio inexplorado

El autor cree que la decisión de gravar los depósitos bancarios en Chipre crea un precedente inoportuno dentro de la eurozona y envía una señal de falta de solidaridad e incapacidad en el entorno europeo.

Las crisis financieras son la referencia fundamental para entender la importancia de los seguros de depósitos. Estos fondos de garantía son, junto con los requerimientos de solvencia, un pilar esencial de la estabilidad financiera. Y lo son porque apuntalan algo fundamental para que no se desate el pánico ni las retiradas masivas de depósitos. Por lo tanto, deben infundir confianza a los depositantes. La teoría bancaria moderna, con todos sus defectos, tiene en estos seguros una referencia esencial que no parece admitir excepciones en términos prácticos. Se mire por donde se mire, se le llame impuesto u otra cosa, la solución para Chipre puede ser algo más que una excepción. Crea un precedente incómodo, inoportuno y, seguramente, innecesario. En un terreno inexplorado, además. Y no importa que ayer se tratara de matizar el impacto reduciendo el impuesto aplicado a los depósitos inferiores a 100.000 euros y aumentándolo para los que superan ese importe. Como impuesto, en sí, es distorsionador y genera inseguridad en los ahorradores dentro y fuera de Chipre.

Aplicar una quita a los depósitos asegurados por el fondo de garantía resulta difícil de entender

Diferentes esquemas de resolución han contemplado históricamente las quitas en otras crisis bancarias, aplicadas tanto a la deuda pública como a la privada. Sin embargo, aplicar una quita a los depósitos garantizados por el fondo de garantía -sea el haircut implícito o explícito, directo o indirecto, a cambio o no de acciones cuyo valor es cuestionable- resulta difícil de entender. Se habla de que la alternativa de la quita a la deuda chipriota no era posible pero esto no está del todo claro, más aún con los precedentes de otros rescates recientes en la Eurozona.

"Las soluciones parecen vulnerar en ocasiones los principios básicos del mercado"

Una vez más -y ya hemos perdido la cuenta- se aplican unas reglas distintas dependiendo del caso en cuestión. Desde el comienzo de la crisis, se está evidenciando la falta de una infraestructura financiera adecuada en la Eurozona para tratar crisis financieras de los países. Es cierto que se han producido avances, como el horizonte de la Unión Bancaria o el mayor papel del Banco Central Europeo para mitigar los riesgos de cola del euro, pero estamos aún lejos de un verdadera integración financiera en Europa y la inconsistencia de algunas actuaciones es evidente. Recientemente hemos tenido ejemplos de esta inconsistencia e improvisación que domina las decisiones de rescate soberano y financiero entre los socios de la moneda única. Casos como el del Anglo Irish Bank o del SNS Reaal en Holanda han tenido tratamientos muy distintos. Pero en Chipre la solución ha ido algo más allá en las formas. La cuestión es que se ha buscado directamente dónde podían obtenerse los fondos. Ante la falta de suficiente volumen en acciones, bonos y otra deuda -títulos que se ven afectados en primer lugar en las quitas-, muestra clara de un sector financiero poco moderno, se ha puesto el ojo en los depósitos bancarios en Chipre. Los depositantes se supone que son la base más sólida (asegurada) del esquema. Estos, en realidad, no tendrían por qué asumir pérdida alguna (al menos aquellos por debajo de 100,000 euros), porque todo lleva de nuevo a la misma razón, son ahorro asegurado no una inversión con riesgo.

Es muy importante que la macroeconomía se recupere para evitar el deterioro de los activos bancarios

Las soluciones que se están dando en esta crisis parecen vulnerar en ocasiones los principios básicos de un mercado, sin los cuales no hay confianza. Desde hace tres años se ha asumido con naturalidad que pocos bonos soberanos son ya una referencia “libre de riesgo” -como tradicionalmente se venía asumiendo, otro territorio inexplorado cuando comenzaron los problemas. Esto ha sido consecuencia lógica de la crisis de la deuda soberana. Pero, ¿debemos asumir esa lógica para los depósitos? No parece razonable. Se insiste mucho en que se trata de una acción asilada (one-off), que no se repetirá pero la credibilidad de ese supuesto está en entredicho porque esta crisis ya ha superado muchas veces la barrera de lo esperado. Lo que suceda en Chipre cuando los depositantes puedan acceder finalmente a sus cuentas (una vez aplicado el impuesto) será el resultado de este experimento. Y no pinta bien.

La preocupación que pueda generar la decisión adoptada respecto a Chipre, en cualquier caso, no resulta extrapolable a otro países de forma directa. El impacto, más bien, será más sobre toda la Eurozona y sobre la credibilidad de los mecanismos de resolución con que ésta cuenta. El problema sigue siendo el mismo: no se cuenta con una Unión Bancaria y decisiones como el impuesto a los depósitos chipriotas sugieren que las voluntades no siempre reman en la dirección de llegar a esa integración cuanto antes.

En este punto, la situación de España es muy distinta a la de Chipre y, se diga lo que se diga, también a la de Irlanda. En primer lugar porque en España los activos bancarios no multiplican muchas veces el PIB del país, como sí es el caso de Chipre e Irlanda. En segundo lugar, porque en España se ha hecho un esfuerzo de saneamiento, reestructuración y recapitalización importante. Se puede catalogar de inacabado, pero tiene una hoja de ruta marcada. Por ello, es vital una eficaz gestión de lo que falta por culminar de esa hoja de ruta, para que no vuelvan a existir dudas sobre nuestro sector bancario.

También es muy importante que la macroeconomía se recupere para que no aumente el deterioro de los activos bancarios. Son retos de una gran magnitud, pero muy alejados afortunadamente del caos chipriota. A pocos les puede gustar una solución adoptada para Chipre. Supone una señalización de cierta incapacidad y falta de solidaridad para resolver un problema bancario aislado que despierta dudas sobre la voluntad europea para establecer mecanismos comunes de acción respecto al sector bancario. El problema bancario sigue ahí en algunos países y tan solo la fortaleza relativa de algunas economías europeas -incluidas las del llamado “núcleo duro”- oculta la debilidad y necesidad de reestructuración de sus sistemas bancarios.

En definitiva, la reacción que ha causado el caso chipriota no sólo debería hacer reflexionar a los parlamentarios y ciudadanos de aquel país. Toda Europa debe retomar aquel debate perdido ya hace tiempo sobre una arquitectura financiera común y, a ser posible, avanzar hacia una unión bancaria europea cuanto antes, sin más retrasos. Algo a lo que, desgraciadamente, no parece que sea el terreno hacia el que nos encaminamos con la suficiente firmeza.

Santiago Carbó Valverde es catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School (Reino Unido) e investigador de Funcas.

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