El Foco

España en el siglo asiático

El crecimiento económico que está experimentando el continente asiático supone una oportunidad para otros países. El autor explica el papel que puede desempeñar España en este nuevo escenario.

Asia está recuperando su lugar en el mundo. Y al mismo tiempo, lo está transformando profundamente.

En el siglo XVI, el peso económico de Asia representaba el 70% de la producción mundial. En 1950, su contribución al PIB global no llegaba al 20%. Desde hace más de 10 años aumenta a pasos agigantados y abarca hoy más de la tercera parte del total. Esta emergencia asiática empieza como un fenómeno esencialmente económico y tiene su origen inmediato en la crisis de 1997. En ella se dieron dos circunstancias únicas. Por una parte, los países asiáticos vivieron su crisis con un "nunca más otra vez" grabado a fuego en la conciencia colectiva. Los severos planes de ajuste aplicados por el FMI tuvieron un elevado coste social y político. Para hacer realidad ese "nunca más", pusieron en práctica políticas destinadas a fomentar las exportaciones y acumular reservas en moneda extranjera. Es evidente que estas políticas sólo funcionan si el resto de los países están dispuestos a seguir el juego, a ponerse en desventaja aumentando su déficit por cuenta corriente. Y es ahí donde entra el segundo factor: el impulso decisivo a la globalización económica dado desde entonces por los países occidentales y en particular por los Estados Unidos. Estos dos factores permitieron un crecimiento económico sin precedentes.

El crecimiento económico se traduce siempre en influencia política. æpermil;ste es sin embargo un proceso más lento y tortuoso. El progreso económico conlleva, con pocas excepciones, beneficios generales ampliamente distribuidos en un fenómeno de suma positiva. Pero si el refuerzo del poder y la influencia no se gestiona con una visión estratégica compartida, termina siendo un juego de suma cero. El gran desafío que tenemos ante nosotros es precisamente el de conseguir que el ascenso de Asia se traduzca en una comunidad internacional más globalizada que esté mejor preparada para afrontar los grandes retos globales a partir de la cooperación.

La emergencia asiática no es por tanto ni una mala noticia ni un factor negativo con el que hay que convivir. Se equivocan quienes la ponen en un lado de la balanza colocando en el otro "la decadencia de Occidente". Asia está retomando el papel que le corresponde. Este cambio geoestratégico fundamental nos da a todos enormes oportunidades de negocio y la posibilidad de construir por vez primera una auténtica comunidad internacional global. Y en eso está España.

No partimos de cero. En el año 2000 se aprobó el primer Plan Marco para Asia Pacífico y en 2001 se creó y se estableció en Barcelona la Casa Asia, uno de los mayores esfuerzos de diplomacia pública para traer Asia a España. Este esfuerzo persigue un objetivo esencial: la comprensión de la enorme complejidad y variedad del continente asiático es el primer paso para la expansión española en Asia.

Pero este enorme territorio es testigo de algunos de los conflictos, declarados o latentes, con mayor potencial de peligro para la estabilidad regional e internacional. Afganistán, los riesgos de proliferación nuclear o los conflictos territoriales y de delimitación de espacios marítimos son ejemplos que aconsejan el desarrollo de organizaciones regionales que velen por la seguridad. Asia necesita profundizar en sus procesos de integración regional, y lo está consiguiendo.

En el campo económico, el espectacular crecimiento está siendo acompañado de considerables problemas sociales, principalmente de desigualdad, de desequilibrios territoriales y de grandes retos medioambientales. Los dirigentes asiáticos son conscientes de este hecho y están aplicando políticas imaginativas y cuantiosas inversiones, para ir acomodando estos desequilibrios.

España debe y quiere aprovechar las oportunidades económicas y estratégicas presentes. Para ello está reorientando su política exterior hacia Asia. Como en tantos otros campos, España tiene una acción bilateral pero también un marco de enorme valor añadido: la política exterior de la Unión Europea. Estamos trabajando para asentar firmemente a la Unión como un actor global en Asia, un continente en el que a veces se percibe a la UE con más escepticismo que en otras regiones del mundo.

En el marco bilateral, trabajamos intensamente para aumentar nuestra presencia. El comercio entre España y Asia, que se ha triplicado en los últimos años, está todavía muy por debajo de nuestro potencial. En materia de inversiones mutuas, encontramos de nuevo crecimientos cuantitativos, pero que no corresponden con las capacidades de la economía española en su conjunto. Queda mucho por hacer en nuestra relación con China, Japón, India, Corea del Sur y las naciones del sudeste asiático. Quizá lo primero sea comprender que no sólo la salida de la crisis económica, sino también el futuro de una España que siga siendo relevante en la escena internacional pasan, decididamente, por Asia.

El reciente viaje de Su Majestad el Rey a la India acompañado por cuatros Ministros del Gobierno, varios Secretarios de Estado y de una numerosa delegación empresarial es un claro ejemplo de esta voluntad. Acabo de regresar, por mi parte, de un viaje a Filipinas y Malasia, en el que ha prevalecido el interés mutuo en impulsar la diplomacia económica, para generar así crecimiento y prosperidad en nuestros países. Un esfuerzo que constituye para el gobierno un objetivo fundamental de esta legislatura.

Pero no es este un proyecto nuevo para España. Al igual que Asia recupera su centralidad, también es para nosotros un retorno. El galeón de Manila unió Asia, América y España desde el siglo XVI y durante doscientos cincuenta años. La primera traducción de una obra china a una lengua europea lo fue al español. En 1703, el dominico Francisco Varo publicó la primera gramática de chino en una lengua europea. Estos destellos de excelencia no eran sino el precipitado cultural de una relación intensa entre España y Asia.

Hagámosla revivir, reeditando ahora aquella vigorosa proyección cultural y humana, y apoyando con eficacia -todos juntos, administración, actores económicos y sociedad civil- nuestras exportaciones y la actividad de nuestras empresas. Nos va mucho en ello.

Gonzalo de Benito. Secretario de Estado de Asuntos Exteriores