COLUMNA

Brasil se aleja de los BRIC

Brasil se está quedando atrás en sus estatus de economía BRIC. El crecimiento del 2,7% del PIB en 2011 sugiere que ya no es un mercado emergente real. El Gobierno tiene gran parte de culpa. Los mandatos populistas han hinchado el gasto estatal mientras que las restricciones y las intromisiones han aumentado los riesgos.

"Brasil es el país del futuro y siempre lo será", solían bromear los inversores. Después, Jim O'Neill de Goldman Sachs, incluyó al país suramericano en su colección de grandes y emergentes economías en 2001, cuando acuñó el acrónimo de BRIC para Brasil, Rusia, India y China. Bajo el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, desde 2003, el crecimiento del país se aceleró, impulsado por el alza de los precios de las materias primas.

Sin embargo, permaneció un sector del Gobierno tradicionalmente pretencioso, y la tendencia histórica de Brasil hacia la indisciplina presupuestaria parece haber sido solo temporalmente suprimida. Fitch examinó recientemente el sistema estatal y municipal de pensiones de Brasil, que los trabajadores pueden retirar en cualquier momento después de acumular 30 años de trabajo. Fitch encontró que los costes de las pensiones se doblaron en proporción con el gasto total de estos estados y municipios.

El dato general de crecimiento económico para el año pasado se traduce en solo un 1,6% per cápita, que apenas mejora las condiciones de vida. Además, incluso después de varios años de rápido crecimiento, el sector público todavía arrastra un déficit del 2,6% del PIB, según datos de The Economist. Mientras tanto, los precios al consumidor subieron un 6,2% en el año hasta enero. Eso hace que el severo recorte del 0,75% del banco central en los tipos de interés hasta el 9,75% sea potencialmente inflacionario.

El crecimiento del PIB en 2011 fue suficiente para impulsar el tamaño de su economía por encima de la británica. Sin embargo, parece poco probable que vuelva a los porcentajes de crecimiento de mercados emergentes sin una reforma sustancial de su sector público.

Por Martin Hutchinson