La resaca electoral

Rajoy, mismos problemas, distintas soluciones

Rebajar paro y déficit también fueron los principales retos de Aznar; sin embargo, en 1996 la economía crecía.

El día antes de las elecciones, en el Twitter triunfó un mensaje que rezaba: "Mañana hay que retrasar los relojes, a las doce de la noche será 1996". Más allá del trasfondo ideológico e irónico, la frase tiene algo de verdad. La España que se encontrará Mariano Rajoy guarda notables parecidos con la de 1996, cuando el PP de José María Aznar ganó las elecciones celebradas en marzo. La tasa de paro, en el primer trimestre de 1996 ascendía al 22,8% del la población activa, una cifra similar a la registrada en el tercer trimestre de 2011.

La deuda pública, por su parte, representaba el 67% del PIB, un nivel ligeramente inferior al que, previsiblemente, se registrará a finales de este año. Y el déficit público, que en 1996 alcanzaba el 5,5% del PIB, este ejercicio se mantendrá en torno al 6% según el Gobierno saliente o en el 6,4% que prevé Bruselas.

Así, los datos de paro, deuda y déficit con los que deberá bregar Rajoy no distan de los que tuvo que afrontar Aznar. Sin embargo, las perspectivas económicas -que condicionan y determinan el resto de variables- son muy distintas. Aznar cogió un país que iniciaba una etapa expansiva tras la recesión de 1993 y Rajoy llega a La Moncloa en mitad de una profunda crisis internacional, con los mercados nerviosos y con unas previsiones que no descartan que en 2012 el PIB regrese a tasas negativas.

En este sentido, el equipo económico de Mariano Rajoy tiene ante sí un reto mucho más complicado. Si ello no fuera suficiente, la mayoría de recursos que utilizó el entonces ministro de Economía, Rodrigo Rato, para asentar la economía hoy podrían resultar inanes o, incluso, contraproducentes. Ello es especialmente evidente en el área fiscal. Durante la primera legislatura de José María Aznar se aprobaron importantes y múltiples rebajas fiscales. Por ejemplo, se estableció un tipo menor, del 30%, para las pequeñas y medianas empresas, frente al 35% que por aquel entonces pagaban las grandes compañías. Se incorporaron multitud de deducciones. En el IRPF, se rebajó la fiscalidad sobre el ahorro, y se redujeron los tramos y tipos aplicables sobre los rendimientos del trabajo. Además, se elevó la deducción por inversión en vivienda. Todas esas medidas, sin embargo, no provocaron una caída de los ingresos ya que la economía avanzaba a buen ritmo. De hecho, el PIB creció por encima del 4,5% entre 1998 y 2000.

Ahora, Mariano Rajoy también propone rebajas tributarias, sin embargo, de menor calado. Además, cada vez más voces alertan que si la economía se estanca, el Gobierno deberá incrementar impuestos para cumplir la reducción del déficit, requisito imprescindible para evitar un golpe, quizás el definitivo, de los mercados.

Por otro lado, la presión que sufre ahora España nada tiene que ver con la situación de 1996, cuando el Gobierno emitía la deuda en pesetas y tenía el control sobre la política monetaria. Curiosamente, ayer el Tesoro colocó letras a 6 meses en el 5,33%, el nivel más alto desde 1997. Sin embargo, en esa época, el tipo oficial del Banco de España era del 7,25% y mantenía una tendencia a la baja. Actualmente, el tipo rector se encuentra en el 1% y hay más incertidumbre acerca de las decisiones que adoptará el BCE -hasta ahora obsesionado con la inflación- en el medio plazo.

Aznar, como ahora promete Rajoy, también aprobó una importante reforma laboral que, por primera vez en democracia, abarataba la contratación indefinida al extender el llamado contrato de 33 días. Ahora el PP planea reducir el exceso de modelos de contratación y dar más poder a los pactos dentro de las empresas frente a los convenios sectoriales. Sin embargo, Aznar hizo pivotar el crecimiento de la economía y del empleo sobre la construcción, un recurso vedado para el equipo de Rajoy.

Seguridad Social

Cuando José María Aznar llegó al Gobierno en 1996 acusó al Ejecutivo socialista saliente de dejar un déficit en la Seguridad Social de 517 millones de euros (86.000 millones de pesetas). Hoy, los populares se encuentran con una Seguridad Social que pasa por graves dificultades e intenta no caer en los números rojos este año. Si bien cuentan con un Fondo de Reserva para las pensiones de más de 60.000 millones.

La deuda, en el 67% del PIB...

España es uno de los países que ha sabido controlar mejor su nivel de endeudamiento público en los últimos 20 años. En 1996, la deuda ascendía 319.600 millones de euros, un 67,4% del PIB, una cifra ligeramente superior al 60% que exigía la UE. A diferencia de hoy, la presión de los mercados era sobre los bonos soberanos era muy inferior. Para cumplir los requisitos de Bruselas, el Gobierno aplicó medidas de austeridad presupuestaria y el endeudamiento público inició un descenso que se mantuvo de forma ininterrumpida hasta 2007, cuando se situó sobre el 36,2% del PIB, su nivel más bajo de la historia.

...y regresa al mismo nivel

El porcentaje de deuda publica sobre el PIB (66%) representa uno de los pocos indicadores en el que España presenta mejores datos que la media de la Unión Europea y de países como Alemania o Francia. La parte negativa es que su endeudamiento crece por encima de la mayoría de Estados miembro. España cerró 2010 con una deuda de 641.802 millones y en el segundo trimestre se incrementó un 10% hasta los 703.000 millones. Se trata de uno de los mayores aumentos de la UE. Además, el mayor hándicap es que la desconfianza de los mercados eleva hasta límites peligrosos el coste de colocación de la deuda soberana.

La economía subía

Cuando el Gobierno de Aznar llegó a la Moncloa en 1996, España acababa de salir de la recesión de 1993 y empezaba a recuperarse. En 1994 y 1995, el PIB avanzó a un ritmo del 2,4% y 2,7%, respectivamente. Y, a partir de 1997, España registró una de sus etapas de crecimiento más largas y estables que se interrumpió abruptamente en 2009, cuando la actividad se contrajo un 3,7%. En cualquier caso, visto en perspectiva, los años de bonanza estuvieron demasiado ligados al ladrillo. A diferencia de otras economías, la crisis ha demostrado que España no supo aprovechar su mejor década para cambiar el modelo productivo.

Previsiones a la baja

La primera tarea que deberá acometer el futuro ministro de Economía será realizar una nuevo cuadro macroeconómico que revise a la baja las previsiones de crecimiento -a todas luces optimistas- que mantiene el Gobierno saliente. Economía, de momento, solo ha reconocido que España no crecerá este año al 1,3% estimado y se quedará en el 0,8%, un nivel que algunos analistas reducen al 0,4%. Por otra parte, el estancamiento de la actividad en España y el deterioro el conjunto de la zona euro en esta última parte del año presagia un difícil 2012, ejercicio en el que la economía podría entrar en recesión.

Un 22,8% de desempleo

El drama del paro azotaba igual que ahora a las familias en 1996 y también monopolizó -junto con los casos de corrupción del PSOE de aquella época- la campaña electoral del PP de Aznar. En marzo de 1996, cuando los populares ganaron las elecciones, la tasa de desempleo ascendía al 22,83% de la población activa. Desde ese nivel mantuvo una tendencia a la baja, alentada sobre todo por el sector del ladrillo. En el segundo trimestre de 2007 -ya con el Gobierno socialista en el Gobierno- el paro registró su mínimo de la serie histórica en el 7,95%

El paro, principal problema

Paro, paro y paro. Mariano Rajoy ha prometido que todas las medidas económicas del futuro Gobierno tendrán como principal objetivo reducir el elevado nivel de desempleo, que en 2011 alcanzó el 21,52%. Para ello, el PP promoverá una nueva reforma laboral que todavía no ha concretado. En cualquier caso, la opinión de Génova es cercana a los postulados de CEOE, que reclama un contrato único, priorizar los pacto de empresa por encima de los sectoriales e incrementar la flexibilidad de uno de los "sistemas laborales más rígidos del mundo".

Lejos del Pacto de Estabilidad

En 1996, el reto de España era entrar a formar parte de los países que adoptarían el euro. Para ello, debía cumplir los requisitos de Maastricht que exigían -y todavía exigen aunque nadie lo cumpla- que los Estados miembros tuvieran un déficit fiscal por debajo del 3% del PIB y una deuda inferior al 60%. Cuando el entonces ministro de Economía, Rodrigo Rato, se instaló en la calle Alcalá 9, inició un plan de recortes para rebajar los números rojos que ascendían al 7,2% del PIB. En 1998, fue la primera vez que España cumplió el límite de déficit del 3%, umbral que no volvió a sobrepasar hasta 2008.

Alarmantes números rojos

Si hoy España sufre la ira de los mercados y debe colocar su deuda a un tipo de interés que algunos ya tildan de insostenible, se debe a su elevado déficit fiscal, que cerró 2010 en el 9,3%. Que España logre sacudirse el anatema del mercado dependerá en buena parte del cumplimiento de la senda de reducción del déficit, que contempla rebajar los números rojos al 3% del PIB en 2013. Rajoy ya ha manifestado su voluntad de amoldarse a las exigencias de Bruselas. Para ello, en el próximo año, el conjunto del sector público deberá aplicar un ajuste superior a los 20.000 millones de euros.