COLUMNA

Historia del país que se creía rico

Atravesamos tiempos difíciles. La economía del país no marcha bien, el paro fustiga nuestros hogares y existe una gran incertidumbre en el mañana. Estamos desconcertados. Nos habíamos olvidado del dolor, el sufrimiento y el esfuerzo, y nos arrastramos perplejos, sin terminar de comprender cómo es posible que se haya esfumado, como por arte de magia, una situación económica que hasta hace dos días era envidiada por el resto del mundo. Sobre esta reflexión, arranca el libro Crónicas de un país que se creía rico (Almuzara), del ingeniero y empresario José Luis Manzanares, una divertida y clarificadora alegoría sobre nuestra situación, que arroja luz sobre lo que nos ha acontecido. Con clarividente lucidez nos muestra tal y como en verdad somos, una sociedad que se creyó rica y que se ha empobrecido, sin querer reconocerlo y sin tomar las medidas, dolorosas pero necesarias, que precisamos para cimentar un nuevo resurgir.

A través de la sonrisa inteligente, las crónicas de Manzanares nos desnudan. Al igual que el rey no se daba cuenta de su desnudez ante el agasajo de su corte, nuestro regocijo durante la época de vacas gordas nos alejó de la visión de nuestra propia realidad, que aún hoy no reconocemos. Ya no somos ricos, pero queremos seguir manteniendo el nivel de vida de los poderosos, los mismos sueldos, idénticas prestaciones sociales, seguir avanzando en los convenios, priorizar el ocio sobre el trabajo, mientras otros pueblos trabajan más y mejor que nosotros. Mientras ellos venden sus productos, nosotros cerramos empresas; ésa es la dolorosa realidad.

El país que se creía rico, sujeto protagonista del libro, decide acudir a varios doctores a que le diagnostiquen su mal. A pesar de que algunos médicos son realmente duros con el estado de su salud, el paciente se niega a aceptar el tratamiento que le proponen por considerarlo demasiado riguroso. El país que se creía rico sigue creyendo que simplemente con el tiempo volverá a ser cómo era, por lo que relega cualquier tratamiento. Y claro, así no hay manera. El país empeora, mientras que sus otros vecinos afectados de la epidemia ya comienzan a recuperarse de sus dolencias.

Al país que se creía rico se le ha acabado el dinero del crédito fácil. Primero para sus empresas y familias, probablemente también para su sector público en pocos meses. La construcción residencial no volverá a ser lo que fue, y cuando mira a su alrededor buscando salidas se encuentra con un mundo muy competitivo, donde unos países venden bienes de alta tecnología y otros ofrecen mano de obra muy barata. Pero el país que se creía rico no puede hacer ni lo uno ni lo otro: tiene inoculado el virus de la decadencia. José Luis Manzanares le somete a las preguntas que determinarán su futuro: ¿está dispuesto acaso a volver a gastar menos de lo que ingresa, a cambiar sus hábitos, a anteponer el trabajo al ocio, a adelgazar el Estado de bienestar, a estudiar e innovar? Sin todo ello, el país que se creía rico seguirá languideciendo, mientras que más y más países le adelantarán sin compasión.

Mientras leía el libro, recordaba los principios expuestos por Ibn Jaldún en su impresionante Introducción a la Historia, considerado como el primer tratado de sociología. Existe una dinámica inmutable en el origen de los imperios y las civilizaciones. Nacen desde el esfuerzo, el sacrificio y la lucha. Se hacen fuertes y logran desbancar a los pueblos decadentes que brillaron en el pasado. Pero, en su victoria llevan la semilla del fracaso. Se acomodan, se acostumbran a la buena vida, relajan sus costumbres, huyen del sacrificio. Comienza entonces su decadencia.

Mientras esto ocurre, otro pueblo pobre y esforzado, comienza a afilar sus armas para la conquista que más tarde o temprano llegará. ¿Estamos en decadencia, mientras que chinos o indios, por ejemplo, trabajan con ahínco para relevarnos como potencias mundiales? ¿Está en nuestras manos quebrar el principio de la decadencia que acuñó nuestro paisano Ibn Jaldún, o nuestro destino ya está escrito por un extraño determinismo sociológico? Para José Luis Manzanares sí es posible resurgir, pero conllevaría un enorme esfuerzo que todos deberíamos estar dispuestos a asumir. ¿Será posible? Sólo el tiempo nos lo dirá.