COLUMNA

El paro y los impuestos

El paro ha aumentado en agosto como viene siendo habitual en esta época del año. Ello sucede hasta en los periodos de bonanza económica. El dato ha sido mejor que el mismo mes del año anterior, que fue el peor dato de la serie.

Así, en los registros del conjunto de las oficinas de los servicios públicos de empleo correspondientes a agosto el desempleo aumenta (84.895) y sitúa la cifra total en 3,6 millones de desempleados, con un incremento en los últimos 12 meses del 43,4%.

Según la Seguridad Social, en agosto, el número de afiliados ocupados disminuyó en más de 142.000 (-0,78%). Con un registro para el conjunto del sistema de más de 18 millones de afiliados ocupados.

Por sectores de actividad, los aumentos se han producido en actividades sanitarias y servicios sociales (27.189), le sigue en importancia hostelería (9.007). Entre las principales pérdidas destacan construcción (-40.177), educación (-36.266) e industria (-27.032). A destacar el hecho que del millón de empleos perdidos en los últimos 12 meses, un 70% corresponden a industria y construcción.

Para hacer frente al elevado volumen de desempleo existen dos enfoques, bien diferenciados, para solucionar el mismo problema. El primero, desde una perspectiva clásica o monetarista, entiende que el desempleo elevado se debe a una política de salarios inadecuada. Bastaría con disminuir el salario para reducir el paro. Es decir, el comportamiento del mercado de trabajo no es diferente al de cualquier bien o servicio. En épocas de desempleo prolongado se solucionaría por sí mismo vía salarial, pero ya la Gran Depresión (1929) se encargó de demostrar la insuficiencia de sus argumentos.

Por otra parte, según un segundo enfoque, el desempleo se debe fundamentalmente al nivel insuficiente de la demanda agregada de bienes y servicios. El empleo sólo aumenta si se incrementa el gasto total de la economía, y para ello se debe estimular el consumo de las economías domésticas, los gastos de inversión de las empresas, el gasto público y/o las exportaciones. La variable determinante del empleo es el nivel de actividad de la economía.

Es evidente que estabilizar la economía a través de la demanda aumenta el déficit fiscal por los incrementos en el gasto. Ello es precisamente lo que ha hecho nuestro país, al igual que la mayoría de países, para hacer frente al deterioro del mercado laboral. En nuestro caso tenemos los ejemplos del Plan de Inversión Local (8.000 millones de euros) y las ayudas al sector del automóvil (en agosto ha roto su tendencia a la baja).

Sin embargo, la crisis económica y la consiguiente menor recaudación tienen como consecuencia el deterioro de las finanzas públicas. El aumento del déficit público viene generado por los estabilizadores económicos que siguen creciendo: disminución de la actividad que provoca menores ingresos tributarios y el aumento del gasto público, mayoritariamente en protección social (entre ellos el gasto por desempleo).

Como consecuencia, y como opinan algunos expertos, se hace imprescindible subir los impuestos si el margen para reducir gasto es reducido. Al menos serían interesantes determinados incrementos selectivos de la presión fiscal por espacios temporales limitados. Es necesario recordar que Keynes nunca manifestó que los déficits se incrementaran indefinidamente.

Sin embargo, el principal partido de la oposición opina que una disminución de los impuestos sería lo más aconsejable debido a que mejoraría la recaudación. Es verdad que cuando, en 1997, el PP puso en práctica la bajada de los impuestos la recaudación aumentó, pero hay que recordar que fue debida a la entrada del euro y al descenso de los tipos de interés.

En conclusión, si queremos mejorar el déficit público del Estado que entre enero y julio se eleva al 4,69% del PIB, las únicas opciones de que disponemos son reducir el gasto público o elevar algunos tipos impositivos. No podemos tener impuestos bajos y servicios casi gratuitos para todos.

Estas medidas deben entenderse como una de las medidas anticrisis para luchar contra el desempleo cíclico que padecemos, y que tienen una base solidaria. Un incremento de la progresividad fiscal es necesario para sostener el gasto social y la inversión pública, así como las inversiones necesarias para avanzar hacia un nuevo modelo productivo que redunde en cantidad y calidad del empleo. No debemos olvidar que el desempleo es un problema de todos.

Vicente Castelló Roselló. Profesor de la Universidad Jaume I de castellón