Industria del cine

Películas de un mundo en crisis

La industria del cine ha reflejado los grandes baches económicos y se ha visto afectada por ellos, en sus contenidos y su organización.

El cine es un arte, pero también -sobre todo en Estados Unidos- una gran industria, sometida a los vaivenes de los ciclos económicos. Por ello, los grandes baches del siglo XX afectaron a los grandes estudios y provocaron cambios tanto en el sistema de producción de películas como en los propios contenidos. Nacieron así muchas películas que son hijas directas de la crisis económica, reflejando la dura realidad que se estaba viviendo o, al contrario, proporcionando al espectador una vía de escape.

'En EE UU, las crisis de los años 30 y 70 ocasionaron cambios muy importantes en el cine, en su producción, su distribución y su estética', comenta Roberto Cueto, profesor de comunicación audiovisual de la Universidad Carlos III. Durante la Gran Depresión, el séptimo arte se transformó radicalmente con la llegada del sonido a las pantallas. Aunque la experimentación con el cine sonoro precede a la crisis, su implantación obedeció a una lógica económica. 'La causa no fue tanto la crisis financiera del 29, como una búsqueda de la rentabilidad para ciertas pequeñas productoras como la Warner (precursora del sonoro), con vista a igualarse con los grandes estudios', explica José Luis Cano de Gardoqui, director de la Cátedra de Cine de Valladolid. Según este experto, sólo gracias al sonido pudo el cine hacer frente a la competencia de la radio.

El nuevo cine de los años 30 cuenta con grandes películas que hablan directamente de la miseria económica de la Depresión, como El pan nuestro de cada día (1934), Tiempos modernos (1936) o Las uvas de la ira (1940). Pero los filmes nacidos en respuesta directa a la crisis no fueron los de temática social, que constituyeron casos aislados. 'La respuesta más directa a la Gran Depresión es el musical y la comedia, porque euforiza, tranquiliza y ayuda a combatir el pesimismo reinante', sostiene el historiador de cine Roman Gubern. 'En líneas generales, el cine de Hollywood aguantó bastante bien la crisis porque vendía entretenimiento y consolación', añade. Los años 30 son los del reinado del cine musical, alegre y alejado de la vida que esperaba fuera de las salas. Son películas como La calle 42 (1933), Sombrero de copa (1935), con Fred Astaire y Ginger Rogers, o El Mago de Oz (1939), en la que Dorothy es transportada de una aburrida realidad en blanco y negro a un mundo mágico y colorido.

Desde 2006, el número de espectadores en España se encuentra a la baja

El otro género representativo de la época es la comedia. Las películas de Frank Capra como Caballero sin espada (1939) o Juan Nadie (1941), de temática social y humanista, guardan una filiación evidente con la crisis y el New Deal de Roosevelt. Pero la llamada screwball comedy o comedia loca, representada por La fiera de mi niña (1938) o Bola de fuego (1941) y aparentemente desconectada de la realidad política y social, también es un producto de la Gran Depresión. 'Con la comedia y con el musical, Hollywood milita en el optimismo: un optimismo americano del hombre hecho a sí mismo que, con ayuda de una mujer alocada, afrontará la vida y la pareja como un juego divertido. La crisis ayudó a una reamericanización del producto', afirma Amaya Muruzábal, profesora de historia de los medios audiovisuales en el IE School of Communication. La crisis del 29 también dio origen al llamado cine de serie B. La necesidad de llenar las salas provocó la invención del programa doble, que ofrecía un gran estreno acompañado por una película de menor presupuesto. A menudo, eran de géneros de evasión, como el fantástico o el de terror. Sin embargo, normalmente los ciclos del cine estadounidense se han movido en sentido contrario a los macroeconómicos. El periodo de bonanza de los años 50 y 60 coincide con una de las peores crisis de espectadores. La aparición de la televisión, la aplicación de la ley Sherman antitrust en 1948 y las persecuciones políticas de la Caza de Brujas terminaron con la edad de oro de Hollywood. Hasta entonces, los grandes estudios controlaban tanto la producción como la exhibición de películas, y el fin obligado de esta estructura vertical redujo drásticamente sus ingresos. Para combatir su grave situación, las grandes productoras inventaron multitud de sistemas nuevos con pantallas cada vez más grandes para películas épicas: nacen así el cine 3D, el cinemascope, el vistavisión, el cinerama, el superscope, el superpanavisión... Ben-Hur (1959) o Cleopatra (1963, la película más cara de la historia, según Forbes)- son dos de los filmes más conocidos de esta época.

Pese a estos intentos, Hollywood había perdido el contacto con el público, sobre todo con el juvenil, inmerso en la revolución social y cultural de los 60. El cambio llegó en los años 70, de la mano de una nueva generación de directores que conectaron con la sensibilidad de la juventud con una temática más atrevida y radical. El gran éxito de El graduado (1967) o Easy Rider (1969) convenció a los productores de que era necesario renovarse, y así fue como un grupo de jóvenes llamados Spielberg, Coppola o Scorsese obtuvo financiación para sus filmes. 'A la sombra de la ruina de los grandes estudios, nació el cine moderno americano', comenta Cueto.

La crisis de principios de los 70 coincidió, pues, con el resurgir del cine de Hollywood. 'Pero los hijos de esta crisis no fueron los filmes de arte, sino los blockbuster (grandes superproducciones con una fuerte campaña comercial) que se generalizaron en la época de Reagan', comenta Muruzábal. Estas películas nacieron a partir de un nuevo concepto de la distribución. El punto de partida lo marcó Tiburón (1975). Estrenado en miles de salas al mismo tiempo y con una gran campaña de promoción, fue el primer filme en superar los 100 millones de dólares en recaudación. George Lucas y la Guerra de las Galaxias (1977) terminaron de imponer un modelo de producción y distribución que propició el nacimiento de las películas de acción de los 80, como las protagonizadas por Stallone y Schwarzenegger, y que perdura hoy con las películas de alto presupuesto que se estrenan en verano. Así, la profunda crisis que vivió el cine hasta los años setenta modificó totalmente la industria en esa década.

En estos años también surgen películas que, a raíz de la crisis del petróleo, reflejan una nueva sensibilidad: el ecologismo y la preocupación por el agotamiento de los recursos naturales. Soylent Green (1974), Mad Max 2 -donde sus protagonistas luchan por conseguir gasolina en un mundo apocalíptico-, o La fórmula (ambas de 1981) representan esta temática.

¿Y en la actualidad? 'Desde 2006, la media de espectadores en España ha ido bajando por la gran tendencia de consumir películas y series de televisión a través de internet', señala José Vicente García Santamaría, de la Asociación Española de Historiadores de Cine. 'Ahora el cine está viviendo la crisis más grave de su historia, pero siempre ha sabido plegarse a los nuevos tiempos y sortear los malos momentos', opina Cueto. Aunque es pronto para que la situación económica actual haya dado origen a nuevos temas o géneros, la crisis financiera ya tiene su primera película: Crisis in the credit system (2008), un filme dividido en cuatro partes, escrito y dirigido por la artista británica Melanie Gilligan, y que puede verse -signo de los nuevos tiempos- a través de internet.

Otros datos

1929, el año del crac bursátil, protagonizó algunas innovaciones cinematográficas importantes. Se estrenó On with the show!, la primera película sonora producida enteramente en color. Hoy sólo se conservan copias completas en blanco y negro.

Titanic (1997), de James Cameron, es la película que más dinero ha recaudado de la historia del cine. Ganó cerca de 2 billones de dólares.

La película que terminó con la libertad creativa de los directores en los años 70 fue La puerta del cielo (1980), de Michael Cimino. Su elevado coste y su fracaso en taquilla llevaron a la quiebra a la productora United Artists.

l En la actualidad, Hollywood no está notando la crisis. En 2007 batió su récord de ganancias en verano; y en 2008, según la empresa de seguimiento Media By Numbers, recaudó 9.700 millones de dólares, sólo un 5% menos que el año anterior.

Las respuestas del cine europeo

El cine europeo, con una industria más débil que la estadounidense y muy dependiente de las subvenciones gubernamentales, se ha visto más perjudicado por las crisis. La calidad, sin embargo, a menudo se ha visto estimulada por la mala situación del país.

El expresionismo alemán, por ejemplo, nace en 1919 con El gabinete del doctor Caligari, un año después de la derrota en la Primera Guerra Mundial, y se desarrolla en el turbulento periodo de entreguerras. El neorrealismo italiano comienza en 1945, con el país destrozado por la guerra. La falta de una industria y la imposibilidad de rodar en estudios obligó a los directores a grabar en las calles, lo que originó este movimiento artístico.

En Francia, la descomposición del sistema colonial y la reacción contra el Gobierno de De Gaulle origina a principios de los 60 el movimiento juvenil de la Nouvelle Vague; cuya protesta contra el orden establecido es similar al Free Cinema que se desarrolla paralelamente en Gran Bretaña. En este país, la reacción contra la política de Margaret Thatcher creará un fructífero cine de crítica social abanderado por el cineasta Ken Loach (Lloviendo piedras, 1993).

No obstante, según José Vicente García Santamaría, 'el cine nunca ha ido muy al día con respecto a lo que pasaba en el presente'. En España, por ejemplo, la primera película que abordó el paro causado por la reconversión industrial fue Los lunes al sol, que data del año 2002.