COLUMNA

La agonía de las inmobiliarias

Los bancos españoles pueden haber evitado la inversión en activos tóxicos subprime. Pero los préstamos a promotores inmobiliarios tienen sus propios elementos tóxicos. Tomemos Metrovacesa. El principal accionista de la compañía, con unos 3.400 millones de euros, la familia Sanahuja, está crujiendo bajo más de 4.000 millones en deuda, principalmente para financiar su participación del 80% en la compañía. Sus prestamistas están en conversaciones acerca del intercambio de parte de las deudas por un 54% de participación en la empresa.

El intercambio parece doloroso. Los bancos recibirán títulos valorados en 57 euros por acción, por encima de los 50 euros del cierre del 1 de diciembre, según fuentes cercanas a la operación. Esto significa que cambiarán unos 2.100 millones por acciones valoradas en unos 1.900 millones de euros. El resto de la deuda será intercambiado por activos en la compañía holding de la familia Sanahuja, Sacresa -otro promotor inmobiliario- o por deuda convertible.

El precio por acción esta todavía muy por debajo del valor neto de la compañía de 67,1 euros. Pero al menos los bancos se han convertido en accionistas en lo que podría ser una compañía inmobiliaria viable. Metrovacesa debe unos 7.000 millones de euros a sus bancos y el préstamo medio para valorar su cartera inmobiliaria es un razonable 55% a 60%. Está en gran parte en inmuebles de oficinas que no han sufrido tanto como las promociones residenciales, que han caído en picado.

En cualquier caso, los bancos tienen que asegurarse de que la compañía siga adelante. Al convertirse en accionistas con más del 5% de la compañía, sus préstamos se convertirán en subordinados a la otra deuda de Metrovacesa.

Pero los bancos españoles van a sufrir más. Las perspectivas inmobiliarias están lejos de ser optimistas, incluso para los principales alquileres de oficinas en Madrid y Barcelona. Habitat, otro promotor, quebró la semana pasada, con deudas de 2.300 millones de euros. Los bancos españoles han prestado unos 300.000 millones de euros para promotores y la tasa de morosidad se está incrementando rápido -sin contar con los 5.000 millones del valor de los inmuebles que los bancos españoles se han comprado este año, según Credit Suisse-. El grueso colchón de provisiones que los bancos ahorraron en los buenos tiempos no será bastante para absorber toda la agonía.

Por Fiona Maharg-Bravo

Alianzas en el aire

British Airways está regresando al futuro. Tras haber vendido su participación del 18% en Qantas hace cuatro años, la aerolínea británica está ahora en conversaciones con la australiana para una fusión entre iguales. BA está todavía en conversaciones con Iberia para un acuerdo aparte, y flirteando con American Airlines con la vista puesta en una potencial joint venture. A este ritmo, BA habrá flirteado con la mitad de las aerolíneas de la alianza Oneworld.

Es bueno tener opciones, tan amplias como sean de realistas. Y asociarse con Qantas no es tan inverosímil. BA ha cerrado ya una relación con la australiana. Ambas tienen un acuerdo de reparto de ingresos en la llamada ruta del canguro entre Reino Unido y Australia. Podrían tener sinergias de costes operando juntos, particularmente en Asia.

Un acuerdo con Qantas podría también ser más fácil de alcanzar. Después de todo, los australianos se han acercado a BA. Los dos viejos amigos han negociado ya los detalles de cómo podría funcionar la fusión. Por el contrario, la conclusión de conversaciones con Iberia parece perpetuamente pospuesta para mañana. BA e Iberia no han acordado aún una ratio de intercambio de acciones. El abultado déficit de pensiones de BA tiene en particular nerviosa a la española. Qantas, por otro lado, puede estar más cómoda llegando a controlar la responsabilidad.

Un acuerdo con Qantas puede presentar sus propios desafíos. Sería la fusión intercontinental inaugural de la industria. La propuesta de estructura dual es compleja. Pero una complicada estructura podría ser necesaria para mantener los derechos de tráfico internacional, mientras también sortearía las normas australianas que limitan al 35% la propiedad extranjera de aerolíneas.

Para Iberia, el acercamiento de Qantas es un toque de diana. La aerolínea española se enfrenta ahora a una seria competencia para ser el socio de BA. Pero BA debe mantenerse atento. Las conversaciones de fusión hacen valioso el tiempo para los gestores, particularmente si se están produciendo con varias partes a la vez. Esto puede suponer un riesgo en medio de una crisis sectorial. Y una opción es valiosa sólo si es para ejercerse.

Por Fiona Maharg-Bravo