TRIBUNA

Cuestión de productividad

Si estamos de acuerdo en que la productividad de un país y su competitividad son los únicos caminos que conducen a una mejor calidad de vida de su población, entonces España tiene un problema. La baja productividad de las empresas españolas es un tema que preocupa, y mucho, a economistas, empresarios y a Administraciones públicas. Muchas son las medidas que desde diversos ámbitos se han impulsado para combatirla. Desde la necesidad de un gran esfuerzo hacia la modernización tecnológica hasta incrementar la inversión en educación y formación. Pero, siendo estas medidas importantes, existen a nuestro juicio otros factores dignos de tenerse muy en cuenta. Uno de esos factores son los horarios.

Con los actuales horarios españoles se hace muy complicado conciliar la vida personal, familiar y laboral. En España se trabajan demasiadas horas, más que en el resto de los países de la UE y, sin embargo, nuestra productividad es baja. ¿Cómo explicarlo? Posiblemente porque hay demasiadas horas no productivas, demasiado tiempo en el lugar de trabajo, en una concepción equivocada de que la permanencia física en el puesto de trabajo es igual a estar trabajando. Y también unas jornadas partidas con unos descansos excesivos para la comida, que no reportan, en la mayoría de los casos, ningún beneficio para el trabajador, pues son horas desperdiciadas que lo único que hacen es prolongar la hora de fin de la jornada. Hay que potenciar la cultura de la eficiencia, más que la de la presencia.

Además, tanto las empresas como la Administración, si pretenden un aumento de productividad, no pueden ignorar que el desequilibrio emocional de sus trabajadores no puede extenderse en el tiempo, indefinidamente, sin consecuencias. Si el trabajo invade la escala personal de forma constante, la productividad del trabajador se reduce. Si la jornada de trabajo se prolonga repetidamente hasta la noche, las personas se vuelven normalmente irritables, menos comprensivas con los intereses corporativos de su empresa o comunidad, más propensas a los accidentes laborales, y con evidentes riesgos para la salud. En España, después de la gripe, es el principal motivo de absentismo laboral, causando el 22% del total de bajas por enfermedad.

'Con los actuales horarios se hace difícil conciliar la vida personal, familiar y laboral'

Si a lo anteriormente expuesto añadimos la situación de la mujer trabajadora que ejerce una actividad económica fuera del hogar, y sobre la que también recae el peso más elevado de la organización familiar, pensar en la conciliación de la vida personal, familiar y laboral resulta, cuando menos, utópico. Por ello, consideramos que hay una urgente necesidad de reexaminar los tiempos de trabajo, regularizarlos con ritmos más equilibrados de acuerdo a las necesidades personales -comida, sueño, ocio, formación...- y normalizarlos a partir de unas exigencias, prioritarias, para una conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

Igualmente es preciso adoptar medidas correctoras de determinadas prácticas, tanto en algunas parcelas del sector público como en el mundo empresarial, de prolongación de la estancia en el puesto de trabajo con escasos -o nulos- rendimientos en la cuenta de resultados, que perjudican al bienestar familiar de las personas que lo sufren. Léase, por ejemplo, la costumbre de determinados altos cargos de la Administración de permanecer en su despacho ministerial muchas más horas de las correspondientes a la jornada normal, lo que obliga a la permanencia de una gran cantidad de personas -secretarias, ujieres, chóferes, escoltas, etcétera- además de otros altos cargos de segundo nivel, a lo que hay que sumar el alto coste que esta práctica comporta y la imagen que se proyecta de poco respeto para los colaboradores y falta de capacidad organizativa y directiva. Igual puede decirse de determinados altos ejecutivos de empresas privadas.

Son necesarios proyectos piloto que permitan obtener criterios de beneficio empresarial y salud social, que comporten una estricta permanencia en el lugar de trabajo de un horario racional que finalice siete u ocho horas después del comienzo de la jornada laboral, horas distribuidas con la mayor flexibilidad en cada caso, y eliminando tiempos sobrados e inactivos que entorpecen la productividad y atentar contra la libertad y el desarrollo personal. Son cada día más las empresas, que con evidente satisfacción de su personal y excelentes resultados para sus accionistas, han adoptado horario flexible y jornada continua. En definitiva, abogamos por una coordinación de medidas, tanto en el ámbito de la empresa como en las políticas públicas, que ponga fin a las disfunciones de los tiempos de trabajo reales en España.

Ignacio Buqueras y Bach. Presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles