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Claves para jubilarse sin perder el nivel de vida

Planificar el ahorro a largo plazo, con un eficiente asesoramiento financiero y fiscal, es decisivo para mantener el nivel de vida después de los 65 años

Jubilarse sin que se resienta el bolsillo
Jubilarse sin que se resienta el bolsillo

Jubilarse para tener todo el tiempo del mundo… Es la resignada aspiración de tantos profesionales que ven en la vida que se presenta más allá de los 65 años el esperado momento para dedicarse a todo aquello a lo que las interminables jornadas laborales no dejan ocasión. Viajes, estancias en la playa o largas partidas de golf. Planes que resultan todavía más apetecibles en pleno síndrome posvacacional pero para los que, además de tiempo, hará falta dinero.

Salvo algunos privilegiados que saben de antemano que nadarán en la abundancia cuando se jubilen, el fin de la vida laboral suele ser sinónimo de una rebaja de los ingresos. Y para no perder comba en el nivel de vida es necesario planificar la jubilación con tiempo y ahorrar de forma constante, como en la fábula de la cigarra y la hormiga.

Las entidades financieras recomiendan iniciar el ahorro destinado a la jubilación entre los 35 y los 40 años y no arriesgarse a dejarlo para el final, lo que obligaría a realizar una inversión más elevada y arriesgada para conseguir el capital equivalente al conseguido tras una larga planificación. 'Lo primero que hay que hacer es una estimación, a valor de hoy, de los ingresos que tendrá una vez jubilado (pensiones, rentas inmobiliarias…) y de los gastos que cree tendrá cuando se jubile. El patrimonio presente y el que pueda ir ahorrando será el que deba cubrir tanto el posible desfase entre ingresos y gastos como el que sirva para legar a las siguientes generaciones', explican desde Banif.

Una vez detectada la necesidad de complementar la pensión de jubilación con ingresos adicionales que aseguren el nivel de vida deseado, se abren múltiples posibilidades de inversión. La edad y el perfil de riesgo son entonces las dos grandes variables con las que deberán jugar el cliente y la entidad financiera que gestiona su dinero. 'A priori, se puede adoptar una mayor exposición al riesgo en los tramos de menor edad, que pueden ir derivando en un perfil más conservador a medida que transcurre el tiempo y se acortan los plazos hasta la jubilación', añade desde la aseguradora Aviva. Así, para un cliente de entre 25 y 40 años de edad, Aviva sugiere un perfil de riesgo alto y la inversión en renta variable. Por el contrario, para el perfil del cliente de 60 años en adelante es recomendable una asunción de riesgo bajo. Es decir, la Bolsa preferiblemente para los jovenzuelos.

Los planes de pensiones son el producto estrella a la hora de pensar en el ahorro para la jubilación, a pesar de que España es todavía un país con escasa cultura para el ahorro a largo plazo. Según un reciente estudio elaborado por la aseguradora Axa, los españoles sólo ahorran una media de 162 euros mensuales para su jubilación, frente a los 547 euros de los estadounidenses o los 322 euros de los británicos. Y sólo uno de cada cuatro españoles planifica su retiro.

Sacrificar el bolsillo pensando en el día de mañana quizá tenga poco que ver con el carácter latino y el carpe diem, pero en las bajas tasas de ahorro en planes de pensiones de España respecto a sus vecinos europeos también tiene mucho que ver el fuerte nivel de endeudamiento de las familias españolas y el yugo que suponen las hipotecas en la economía doméstica. 'Hace falta más cultura financiera y más cultura del ahorro. En España hemos vivido el gran boom del mercado hipotecario y los recursos se han destinado, principalmente, a la adquisición de bienes inmuebles', recuerdan desde la aseguradora Aviva.

Ante las reticencias culturales y económicas para ahorrar de cara a la jubilación, el trato fiscal favorable que disfrutan los planes de pensiones es el gran reclamo para su contratación. Hasta el punto de que el momento álgido de la contratación de estos productos es la recta final del año, justo cuando hay que calcular con tino cuál será la factura que pagar a Hacienda. En cualquier caso, las entidades insisten en la conveniencia de ir realizando aportaciones periódicas y no dejarlo todo para final de año, aunque esta recomendación convive después con las intensas campañas de promoción que ponen en marcha bancos y cajas en los meses de noviembre y diciembre.

Desde Caja Madrid creen razonable dedicar entre 50 y 100 euros al mes a las aportaciones al plan de pensiones. El cliente puede deducirse al año un máximo de 10.000 euros -que pasa a los 12.500 euros a partir de los 52 años- en lo aportado a un plan de pensiones, de modo que si apurara este límite, la aportación mensual equivalente ascendería nada menos que a 833 euros al mes. Con una aportación mensual de 100 euros al mes desde los 30 años, el capital acumulado en el momento de la jubilación ascendería a 430.234 euros, según cálculos de Caja Madrid y teniendo en cuenta un generoso tipo de interés del 8%.

Los planes de pensiones cuentan con la ventaja de la deducción por las aportaciones en la declaración de la renta pero, en contrapartida, no pueden realizarse reembolsos hasta el momento de la jubilación. Cuando llega el momento de rescatarlo, las ganancias tributan como rendimiento del trabajo al tipo marginal del declarante y no al 18% del conjunto de productos de ahorro.

En este sentido, resulta fundamental una planificación no sólo de la rentabilidad financiera que se conseguirá con la inversión, sino de los efectos fiscales sobre las ganancias, que serán diferentes en función del producto que se haya contratado. 'Una combinación de planes de pensiones y de fondos de inversión, gestionados de forma activa por expertos que ajusten la cartera en cada momento, y según el perfil del inversor, presentan los mejores atractivos financieros y fiscales', en opinión de Banif.

Para la compañía de seguros Aviva, los planes de pensiones serían la fórmula más ventajosa, en especial para los partícipes de renta más alta, que tributan a un tipo marginal del 43%. La aseguradora destaca también el atractivo de los PIAS (planes individuales de ahorro sistemático), un nuevo producto surgido con la reforma fiscal que entró este año en vigor y que deja exentas de tributación las plusvalías siempre que el capital se rescate en forma de renta vitalicia y tras una inversión de al menos diez años.

Claves. Lo que hay que tener en cuenta

Las numerosas ventajas de ahorrar con tiempo

Resulta obvio que cuanto antes se comience a ahorrar pensando en la jubilación, se dispondrá de más capital del que disfrutar una vez llegados los 65 años. El rescate en forma de capital de todo lo invertido, es decir, el cobro íntegro de los ahorros en el momento de la jubilación puede dejar una cuantía respetable con la que poder hacer proyectos. Sin embargo, el rescate en forma de renta vitalicia debe estar respaldado por una considerable inversión previa que deje una mensualidad capaz de complementar la pensión tal y como el jubilado pretende.

Cuanto más tiempo de inversión, más capital acumulado, incluso aunque se interrumpan las aportaciones al cabo del tiempo y salvo sonoras excepciones como el fondo de pensiones de Enron.

Caja Madrid pone el ejemplo de un cliente que aporta 100 euros mensuales desde los 30 a los 45 años: 18.000 euros en total. Al jubilarse, y con un supuesto de rentabilidad del 8%, ha acumulado un capital de 159.603,4 euros. Por el contrario, otro cliente que ha realizado aportaciones mensuales también de 100 euros desde los 40 a los 65 años -durante diez años más-, acumula un capital de 91.603,3 euros, es decir, 67.000 euros inferior.

Perfil de riesgo ajustado al paso del mercado

La definición del perfil de riesgo del inversor es el primer paso a la hora de planificar el ahorro de cara a la futura jubilación. La entidad financiera debe conocer con detalle cuál es el límite hasta el que el cliente está dispuesto a arriesgar su dinero, lo que sin duda va a depender no sólo de la edad, sino de su nivel de ingresos.

En general, cuanto más joven sea y más lejos esté la fecha del retiro, más apetito de riesgo tendrá. Así, el inversor dispondrá de más años para compensar eventuales pérdidas.

En cualquier caso, la oferta de productos financieros permite ir modificando el perfil de riesgo según vaya soplando el viento del mercado. Así, los fondos de inversión facilitan el cambio de uno a otro sin tributar por las plusvalías, con lo que se puede virar de una cartera arriesgada a otra más conservadora si el panorama se complica.

También es común entre las entidades financieras la oferta de cestas compuestas de distintos planes de pensiones que van modificando su peso sobre el total de la inversión de acuerdo con el signo de los mercados. La vida de la inversión es larga, pero no es excusa para dejar de buscar en todo momento la máxima rentabilidad.

La importancia de la fiscalidad a largo plazo

Hacienda puede llegar a ser más o menos benévola con la inversión dirigida a complementar la pensión, aunque implacable en cualquier caso. Las aportaciones a planes de pensiones son deducibles en la declaración de la renta por un máximo de 10.000 euros al año, que se amplían a 12.500 euros a partir de los 52 años. Pero el Fisco aguarda en el momento de rescatar el plan de pensiones y las ganancias conseguidas tributan no al tipo único del 18%, común a todos los productos de ahorro (fondos de inversión, depósitos, bonos, etc.), sino al tipo marginal del cliente. Esto resulta especialmente gravoso si el plan de pensiones se rescata, en lugar de como renta vitalicia, en forma de capital, ya que el aumento de lo ingresado puede elevar el tipo marginal al que se tributa.

Para las rentas más elevadas, que mantienen igual tipo marginal antes y después de la jubilación, la rentabilidad financiera obtenida del plan no se resiente con la fiscalidad. Y en el caso de aquellos partícipes de renta alta o media alta que sí ven reducido el tipo marginal al jubilarse, el efecto fiscal incluso permite ampliar las ganancias netas, según explica Gregorio Izquierdo, profesor de Economía Aplicada de la UNED.

Rentabilidades pasadas para tantear el futuro

El seguimiento de las rentabilidades de los planes de pensiones con una perspectiva a largo plazo deja como conclusión que la ganancia máxima a que se puede aspirar año tras año ronda el 8%. Es la rentabilidad media anual de los planes individuales de renta variable mixta en los últimos diecisiete años, según los últimos datos de Inverco del mes de agosto.

Los fondos de inversión en cambio ofrecen ejemplos de mayor rentabilidad histórica, de modo que los fondos que apuestan por la renta variable nacional arrojan una ganancia media anual en los últimos dieciséis años del 10,84%.

Tratándose de inversiones, la consigna es, en cualquier caso, que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Y las turbulencias financieras pueden pillar desprevenido al cliente, ya se trate de planes de pensiones o de fondos de inversión.

La crisis bursátil desatada este verano ha pasado factura a las rentabilidades de ambos productos. Así, más de la mitad de los fondos de inversión sufrió pérdidas en agosto, si bien la rentabilidad media del último año se mantiene en el 5%. En planes de pensiones, la rentabilidad media del último año ha descendido del 8,6% de mayo al 4,68% del mes pasado.