COLUMNA

Economía real y estabilidad financiera

La decisión del Banco Central Europeo de dejar inalterados los tipos de interés se ha interpretado como un alto en un camino que se sigue pensando alcista. Según explicó el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, la razón se encuentra en que las condiciones económicas europeas presentan un riesgo inflacionista. No obstante, sus mismas explicaciones señalan que la actitud de las autoridades monetarias europeas es muy cautelosa. El índice de precios armonizado se encuentra en un 1,8% en abril y se prevé que descienda los próximos meses para acercarse a final de año al 2%. Este nivel es compatible con el objetivo del BCE, pero se desea asegurar que no vaya más allá.

Los temores se centran en el efecto que puede tener la creciente utilización de la capacidad productiva, por una parte, así como las posibles alzas en precios administrados o impuestos, por otra. Lo que se pretende es que no se materialicen presiones inflacionistas y por tanto el BCE vigila las negociaciones y acuerdos salariales. También constituye un factor de riesgo la holgura de liquidez existente, que se pone de manifiesto en el crecimiento de las magnitudes monetarias y del crédito al sector privado.

No obstante, estas cautelas deben ponerse en contraste con la situación de la economía real. En el área europea los últimos indicadores señalan que la expansión de la actividad económica continúa en la primera mitad del año y que permanece sólida y con una buena base. Es decir, existen condiciones para pensar que el PIB va a continuar creciendo a ritmos sostenibles.

En primer lugar, el mayor equilibrio regional en el crecimiento mundial contribuye a afianzar la demanda externa. Por otra parte, la demanda interna se piensa que puede mantener su ritmo actual por la contribución tanto de la inversión como del consumo. Por la parte de la inversión, las condiciones financieras, los beneficios empresariales y, en general, la buena posición financiera son factores que contribuirán a su continuidad. Por el lado del consumo se cuenta con el efecto positivo del crecimiento económico y del empleo, principalmente. También hay que consignar como influencia favorable los recientes compromisos de los ministros de Finanzas, en la reunión del Eurogrupo el 20 de abril, de aprovechar el momento del ciclo económico para avanzar en la reducción de los déficits públicos. Aunque esta decisión resta dinamismo en el momento actual, constituye una garantía para el sostenimiento del crecimiento a medio plazo.

Con este panorama en la economía real hay que encontrar la explicación a los momentos de desasosiego en los mercados en cuestiones principalmente financieras. Precisamente las condiciones económicas benignas siguen estimulando que se tomen posiciones de riesgo y continúe la búsqueda de rentabilidad elevada en productos complejos, mercados exóticos y con apalancamiento, cuando lo avanzado del ciclo quizá aconsejaría una selección cuidadosa. Los productos complejos y la diversidad de mercados facilitan la dispersión del riesgo, pero el temor se centra en que quizá el riesgo no es conocido y que se pueda producir una reacción de aversión al riesgo en un determinado momento de incertidumbre.

La principal vulnerabilidad se encuentra en el sector inmobiliario, especialmente el estadounidense por la madurez de su ciclo económico. Aunque se ha señalado que los precios se encuentran sobrevalorados y que las familias norteamericanas muestran un endeudamiento elevado, el riesgo se concentra en tramos concretos de población, de zonas y en los préstamos hipotecarios de menor calidad crediticia (subprime). No obstante, la publicación de algún dato peor que lo esperado en EE UU suele provocar repuntes en la volatilidad de los mercados. Desde la segunda mitad del año pasado hemos asistido a ciertos momentos de inestabilidad. Han sido periodos breves, de días, en los que los que los mercados caen en una cierta cuantía, pero que pasan a corregirse posteriormente.

El riesgo principal parece ser de contagio de los movimientos en los mercados o de ajustes en los precios de los activos, dado que se intuye que su correlación aumenta en los momentos malos, de aumento en la volatilidad o de caída en los precios. Por esto resulta imprescindible vigilar, no sólo la calidad crediticia de los productos, sino además las características de liquidez de los mercados. No parece que se justifique una corrección generalizada de los precios de los activos ni por el ciclo económico europeo ni por la situación de solvencia de las entidades, pero sí parece ser necesaria la cautela en la calidad crediticia y asumir que puede incrementarse la volatilidad de los mercados.

Nieves García-Santos. Economista