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Carnavales ancestrales

Toda sociedad adulta necesita burlarse de sí misma. Ocurre desde la noche de los tiempos. Incluso en sociedades tan laxas como la romana (con sus fiestas bacanales y saturnales). En nuestra sociedad occidental y cristiana, lo que empezó siendo una última licencia o válvula de escape, antes de los rigores de la Cuaresma y la prohibición religiosa de comer carne (carnestolendas, carnestoltes, carnelevamen, carnaval...) se ha ido secularizando, ha ido vaciándose de contenido sacro o moralizante para convertirse en espectáculo profano. Los carnavales de Río, Niza, Venecia o en nuestro país los de Cádiz o Santa Cruz de Tenerife son paradigma de ese carnaval-espectáculo, que tiende a imponerse. Pero es posible aún, en nuestra geografía, encontrar algún rastro de carnavales que no han perdido su raíz étnica y agraria; he aquí tres de los más llamativos.

Los peliqueiros de Laza.

Los peliqueiros son personajes que simbolizan el poder (que trasiega de manos, por unos días). Llevan careta de madera con un pellejo (de ahí su nombre), una atrabiliaria vestimenta y unos chocos o cencerros que forman estrépito al andar o moverse. Después del gran folión o desfile del viernes, y una cabritada o festín el sábado, el domingo esperan a la gente que sale de misa para hostigarla con un látigo o zamarra, aunque luego les invitan a una bica o bizcocho. El lunes y martes de carnaval tienen lugar los ritos más primitivos: bajada de la Morena (un tótem en forma de vaca), farrapada y reparto de cachuchas (cerdo cocido) el lunes; y el martes, testamento del burro: un repaso satírico a los sucesos acaecidos en el pueblo. Por la noche, queimada del arangaño y entierro del entroido (carnaval).

¦bull; Información: Concello de Laza, Orense. Tel.: 988 422 002. www.laza.es.

Burro ahorcado de Solsona

Solsona fue la primera en recuperar la fiesta de Carnaval, incluso en vida del dictador Franco (1971). Además de los bailes de gigantes, desfiles, comparsas, sermón satírico en verso y entierro del Carnestoltes (personificado en un ninot), el acto más pintoresco (y controvertido) es la penjada del ruc o ahorcamiento del burro: a los solsoneses les apodaban mata-rucs (mataburros) sus vecinos y comarcanos, así que convirtieron el mote en parodia. Un jumento de cartón, de inquietante realismo, es aupado con una soga al cuello hasta lo alto de la torre de San Juan. Según las malas lenguas, fue así como los paisanos querían que el pollino llegase a pastar los matojos que crecían en lo alto de la torre; pero claro, el pobre asno se atragantó por el camino, antes de probar bocado.

¦bull; Información: Oficina de Turisme de Solsona (Lérida). Tel.: 973 482 310. www.carnavalsolsona.com

El Peropalo de La Vera

Nadie sabe a ciencia cierta si el Peropalo (un gran muñeco de paja, con ropas y sombrero negros y careto de madera) representa a un malhechor legendario, a un judío, a un recaudador de impuestos o simplemente a la autoridad opresora, en general. El caso es que el muñeco es paseado por las calles de la localidad cacereña de Villanueva de la Vera (que conserva bien su antigua fisonomía) a toque de tambor y dulzaina, durante los días de carnaval, con especial alboroto el domingo, cuando se le hacen las judiás. El martes de carnaval el Peropalo es sentenciado a muerte, por la mañana, y por la tarde, tras la oferta y la jura de bandera, el reo es manteado y finalmente quemado en la plaza Mayor del pueblo, entre el jolgorio general del público.

¦bull; Información: Aturive (Asociación de Turismo de La Vera). Tel.: 927 172 071. www.aturive.com.