COLUMNA

Pro memoria

Algunos lectores me han hecho llegar sus dudas a propósito de lo que consideran una visión demasiado pesimista de la actual coyuntura económica española y en especial de mis opiniones respecto a la fragilidad financiera en que están instaladas las familias españolas. Desde el pasado 29 de septiembre esta cuestión parece estar de actualidad pues prácticamente todos los días la prensa ha recogido opiniones y cifras referentes a la misma y creo, sin caer en vanidad alguna, que la mayoría parecen confirmar mis temores.

Cierto es que el bando de los que pudiéramos calificar de optimistas goza del respaldo del vicepresidente económico del Gobierno, quien en unas declaraciones afirmó que no ve 'mayores dificultares' para las familias endeudadas ante las subidas de tipos de interés y que dichos aumentos han de contemplarse en la perspectiva de unos precios del dinero que en los últimos años se han situado en su nivel más bajo. Tiene razón el ministro puesto que en el periodo de 2001 a julio de 2006 el tipo real medio de los préstamos hipotecarios a más de tres años no ha llegado al 0,9%. En cuanto a las dificultades, cada uno sabrá, pero los expertos cifran en 960 euros el incremento anual por intereses de un préstamo hipotecario de 140.000 euros a 25 años y además el BCE amenaza con otra vuelta de tuerca a final de año.

Pero decía que la mayor parte de la opiniones parecen inclinarse por una visión preocupada al hablar de la situación financiera de las familias. Ese es el caso de la Comisión Europea, que en su último informe trimestral sobre la economía de la zona euro califica de 'insostenible' la evolución del endeudamiento de las familias en algunos países, entre los que se encuentra España, señalando la compra de vivienda como causa esencial de esa posición.

También el Banco de España ha recalcado los peligros de ese desequilibrio al subrayar que el endeudamiento de las familias españolas alcanza ya el 115% de su renta bruta disponible -a finales de 2000 apenas alcanzaba el 70%-. Se pueden citar otras cifras igualmente reveladoras. Por ejemplo, los préstamos a largo plazo -fundamentalmente hipotecarios- recibidos por las familias españolas suponían en 1999 el 61% de sus tenencias en depósitos en efectivo y depósitos en las entidades financieras, pero al concluir 2005 habían subido al 104%, y si la relación se establece con sus tenencias de acciones y otras participaciones empresariales la evolución en ese periodo va del 48,5% al 96,9%.

Ahora bien, si el lector tiene un poco de paciencia me gustaría citarle un estudio del Banco de España que con el título de Encuesta financiera de las familias españolas publicó a finales de 2004 con cifras referentes a 2002 -puede consultarse un interesante resumen en el Boletín del banco correspondiente a noviembre de 2004-. Esa completísima encuesta permite analizar los efectos de la evolución de los activos de las familias sobre los factores determinantes del consumo y de la inversión que, a su vez, explican casi tres cuartas partes de la actividad económica.

Pues bien, en ese año la renta y la riqueza medias de nuestras familias era de 28.400 euros y 153.400 euros respectivamente, llegando a casi el 82% el porcentaje de hogares que tenía una vivienda en propiedad. Además, la vivienda principal constituía el 66,5% del valor de todos los activos reales de los hogares, pero ese porcentaje se elevaba hasta el 80% en el percentil de familias con la renta más baja. De acuerdo con la encuesta, la cantidad pendiente de pago por adquisición de la vivienda principal suponía en 2002 casi el 57% de la deuda de los hogares, pero ascendía al 70,4% en las familias situadas en los dos percentiles más bajos de renta. Casi el 44% de los hogares tenía algún tipo de deuda, por un importe medio pendiente de 22.000 euros, al tiempo que casi en su totalidad la deuda por compra de vivienda era con garantía hipotecaria. Y si tomamos la relación entre pagos por deuda y renta del hogar como indicador de la carga de la deuda, ésta suponía algo más del 15%, pero llegaba casi al 32% en el percentil de renta más bajo, siendo significativo que casi un 15% de los hogares con carga de la deuda superior al 40% no tenía ningún miembro de la familia trabajando.

Me temo que por mucho que se recurra a la Ley Concursal el futuro no augura nada bueno para muchas familias españolas en particular y para nuestra economía en general... salvo que ocurra un milagro.

Raimundo Ortega. Economista