COLUMNA

Productividad y competitividad serán la clave

Las mejoras en la productividad y la competitividad serán, según el autor, esenciales para mantener el impulso de la economía española, que registra su periodo más largo y continuado de crecimiento. En su opinión, sin embargo, el actual modelo presenta una serie de riesgos

Si por fin se vence el persistente deterioro en que llevan tiempo sumidas, y mejoran lo suficiente para tomar el relevo e impulsar la economía española cuando agote, como es inevitable, el periodo de crecimiento más largo y continuado jamás conocido, la productividad y la competitividad serán la clave.

Cabe pensar que ese momento de relevo está todavía lejos cuando se ve la economía camino del 2007 en aparente buena forma. Es natural, por tanto, dejarse llevar por el optimismo que genera este dinamismo de la economía extrapolando esta tendencia y esperar una expansión superior al 3% en 2007. Pero no hace falta ser un Cassandra para no compartir ese optimismo cuando se examina atentamente la realidad. Se ve, en efecto, que ese fuerte crecimiento no surge de una economía moderna postindustrial, donde la capacidad de innovación tenga un papel protagonista base de un crecimiento sostenible. Lo que ha impulsado directa e indirectamente la economía en estos últimos 5-6 años has sido un sector, la construcción, gracias a su total inmunidad frente a la competencia exterior. La eliminación del vínculo exterior tras la entrada en la Unión Monetaria Europea ha hecho hasta ahora esto posible a pesar del enorme déficit corriente y endeudamiento exterior que se ha generado.

Además de las dudas que suscita en cuanto a su duración este peculiar modelo de crecimiento han aparecido en el horizonte sombras en la forma de unos fuertes y continuos aumentos del precio del petróleo que no se reflejaron totalmente en los precios al consumo por dos razones, por el efecto deflacionista de las exportaciones de los países asiáticos y porque la atonía de la demanda interna en la segunda y tercera economías mundiales, Japón y Europa, ha contenido las fuertes presiones inflacionistas creadas.

Pero esta situación está cambiando rápidamente. Japón está saliendo con fuerza de su prolongado estancamiento, mientras Europa despierta de su marasmo, y como siempre ha ocurrido en el pasado, los costes de la carestía del petróleo -y en esta ocasión, además la de las materias primas- acabarán saliendo a relucir en cuanto sea empujada por la expansión de la demanda como ahora a escala mundial está empezando a suceder.

Al menos esto es lo que el siempre comedido Banco de Pagos Internacionales vaticina en su reciente informe anual, aconsejando un endurecimiento de la política monetaria. Ante ese escenario de subida significativa de tipos y frente a un mercado inmobiliario hiperinflado y unas familias superendeudadas, el Banco de España ha recurrido reiteradamente, en la práctica de su competencia prudencial, a exhortar, sin resultados apreciables, las entidades de depósito a que moderen su exuberante concesión de créditos hipotecarios.

Por eso resulta chocante que para poner claramente de manifiesto el riesgo que para esas entidades conlleva el actual y desmedido aumento de este tipo de crédito, el Banco de España no haya hecho mención en su reciente Informe Anual de los excelentes y pertinentes análisis sobre esta cuestión aparecidos en sus Informes de Estabilidad Financiera de 12/2005 y 05/2006.

Según estos trabajos el crédito de las entidades de depósito en junio 2005 relacionados con la construcción representaban el 60% de su activo, del que sólo una pequeña parte estaba fuera de balance. Como en ellos también se dice que las tres cuartas partes del aumento de crédito de ese año fueron destinados a ese sector, es muy probable que dado su fuerte y progresivo crecimiento (el 25% en junio) ese porcentaje haya llegado sino superado el 65% a mediados de 2006. Aunque esta tendencia que dura ya seis años modere su crecimiento por el modesto aumento del tipo de interés (que de todas formas sigue siendo negativo en términos reales) es fácil vaticinar que la construcción llegue a representar más del 70% del activo de las entidades de crédito a mediados de 2007. De ser así esto supondría una elevada concentración de riesgo sectorial.

Pero a la Asociación Española de Banca (AEB), sin duda al corriente de cifras similares para las corporaciones bancarias que representa , esta situación no le parece preocupante, al señalar que 'los efectos de la previsible subida de tipo de interés será fácilmente asumible por las (híper) endeudadas familias españolas. Cabe sin embargo pensar que la AEB desconocía las previsiones del euribor a tres meses aparecidas en el Boletín del BCE de junio, que lo situaba en el 4% en promedio del 2007. Esto implica mecánicamente un tipo del 4,5% o superior a finales del año, lo que no dejaría de tener efectos negativos tanto sobre la renta y situación financiera de las familias como sobre la expansión de la economía.

También es muy posible que conocedora de esta información la AEB considere que estos efectos van a ser superados al aplicarse las reformas contenidas en el programa Convergencia y Empleo, aunque de su examen esto parezca un tanto improbable. Pero esta consideración es harina de otro costal que merece ser tratada con detalle en otra ocasión.