Nuevos mercados

Los §sukuk§, o cómo invertir sin ofender los mandamientos del profeta

Los poderosos inversores musulmanes que quieren obtener rentabilidad por sus enormes sumas de dinero, amasadas normalmente con el negocio del petróleo en Oriente Próximo, han estado acumulándolas en los bancos de los principales paraísos financieros durante décadas, o invirtiéndolas las mayores plazas bursátiles del planeta, conforme a las reglas clásicas del libre mercado. Sin embargo, el poderío económico de algunos mercados financieros de esa zona del planeta ha hecho surgir un nuevo mercado financiero: el de los productos que permiten obtener rentabilidad y cumplen al mismo tiempo la sharía o ley islámica.

¿Por qué? Básicamente, porque la religión islámica entiende que el dinero es sólo un medio de intercambio de bienes, y no un bien en sí mismo. Por tanto, no debe servir para multiplicarse, si no es mediante el comercio de esos bienes. Bordear la limitación religiosa que impone la sharía es todo un reto, ya que una de sus principales prohibiciones en lo económico es la de obtener interés a cambio del dinero invertido.

Productos financieros, respetuosos con la sharia

También se prohíbe la rentabilidad mediante la especulación en general, mediante apuestas excesivamente arriesgadas, o a través de la inversión en bienes o servicios prohibidos (como la producción de alcohol, por ejemplo). Como la mayoría de los productos ¢tradicionales¢ utilizan alguno de los mecanismos de rentabilización, la demanda de los incipientes mercados financieros islámicos ha hecho surgir toda una gama de instrumentos englobados bajo la categoría genérica de sukuk, tantos como maneras de sortear las prohibiciones.

Los sukuk se pueden englobar en dos grandes categorías, la de instrumentos intercambiables, que básicamente consisten en participaciones en compañías o negocios (certificados ¢Mudarabah¢ y ¢Musharakah¢), y la de instrumentos no intercambiables o bonos cero-cupones.

Lo que caracteriza a los primeros es que, a diferencia de las clásicas acciones en sociedades anónimas occidentales, representan la propiedad de una parte proporcional pero indivisa (sin dividir) del activo o compañía, que les da derecho a unos retornos fijos y periódicos aportados por esa empresa o actividad (en el caso de los sukuk Al Ijara, los más frecuentes). Los segundos son prácticamente lo contrario que un bono normal. En términos muy simples, en vez de comprar una deuda y obtener un interés por ella, el cliente compra un bono que se emite a descuento, y al vencimiento obtiene una suma de capital acumulado, fijada de antemano.

El principal problema de estos instrumentos, su falta de liquidez, se soluciona mediante el establecimiento de mercados secundarios, que en ningún caso pueden incluir productos clásicos como opciones, derivados, etc. En cambio, poseen varias ventajas, como el hecho de que permiten obtener rentabilidades periódicas, y la posibilidad de que se revaloricen, como cualquier otro activo financiero.

Europa, a la cola de los mercados sukuk

La buena prensa de este tipo de inversiones en países con elevadas sumas de capital, como los productores petrolíferos del Golfo Pérsico, está haciendo que los mercados de Sukuk no dejen de crecer, pese a la falta de estandarización, y en 2004 la capitalización de instrumentos emitidos en ese ejercicio rozaba los 5.000 millones de euros. Una cantidad ínfima comparada con otros mercados de deuda, pero suficiente como para que las agencias de calificación comiencen a tenerlos en cuenta (como es el caso de S&P), y que está siendo respaldada por entidades públicas en busca de diversificación, como el länder alemán (región) de Sajonia-Anhalt, que emitió bonos de este tipo por valor de 100 millones de euros, o el gobierno pakistaní, que hace un año tuvo que aumentar en 80 millones la emisión inicialmente prevista de 415, ante la enorme demanda.

El pequeño nicho que ocupan estos mercados a nivel mundial no esconde, sin embargo, una situación de desequilibrio en cuanto a su reparto. Sólo las principales plazas del este asiático, especialmente Singapur, han sabido aprovechar el tirón de los Sukuks, mientras que en Europa son pocas, y muy tímidas, las emisiones de este tipo. Productos que, aunque inspirados en una determinada visión religiosa, siguen hablando un lenguaje universal, el de la rentabilidad.