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Columna
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La PAC y los Presupuestos

La reconstrucción de la UE: Tras el desencuentro producido en la cumbre de la semana pasada, Toni Blair, que presidirá la Unión el próximo semestre, lanzó ayer ante el Parlamento europeo un mensaje de renovación. Los autores analizan el principal escollo para los acuerdos, la Política Agraria Común (PAC), y recuerdan que la construcción europea siempre ha avanzado a golpe de crisis

Desde hace ya casi medio siglo compiten en el solar continental dos visiones estratégicas de cómo avanzar en la construcción europea. Un área de libre comercio (EFTA, por sus siglas en inglés) o una zona de integración económica, ¿y también política? Pero son cosas muy distintas. La PAC (Política Agraria Común) se convirtió desde el Tratado de Roma en el estandarte de las políticas comunes, que se fueron potenciando con los procesos de armonización de legislaciones, las políticas estructurales y de cohesión, las políticas y acciones comunes en medio ambiente, transporte… del Tratado de Maastricht, hasta culminar en el euro. Todo ello fue delimitando varios niveles de integración y Reino Unido siempre permaneció en el más distante del epicentro europeo. El euro y el cheque británico son seguramente los emblemas de su estrategia.

El proceso de construcción europea empezó a enrarecerse según se iban planteando proyectos ambiciosos y, al tiempo, se recortaban los Presupuestos comunitarios. También se introdujo el concepto de 'contribuyente neto', sin un balance paralelo de los beneficios netos del libre comercio intracomunitario.

Los Presupuestos de la UE-25/27, poco más de un 1% del PIB, permitirán en el futuro pocas acciones comunes. La Política Agraria, como única política de gasto público europea, siempre ponderó de modo escandaloso en el total. Sólo tras la aparición de las políticas estructurales y de cohesión, en 1988, empezó a compartir dicho dudoso privilegio. Para 2007-2013 se planteaba aún sostener un 40% del gasto total dedicado a la agricultura, la pesca, el desarrollo rural y la protección de la naturaleza.

La ocasión es favorable para aclarar de una vez la legitimidad del denomi-nado 'gasto agrícola'

Pero el fracaso de los referendos en Francia y en Holanda ha inspirado al primer ministro británico, Tony Blair, en su afán de acabar con el 'gasto agrícola' y, simultáneamente, con el gasto en políticas 'estructurales en la UE-15', es decir, en regiones como Andalucía y Extremadura.

La intención es evidente, una Europa sin políticas y acciones comunes, seguir recortando gasto público y volver a la EFTA. Es una opción coherente de expansión de la Commonwealth al continente europeo.

Sin embargo la ocasión también es favorable para aclarar de una vez la legitimidad del denominado 'gasto agrícola'. Desde la reforma de 1992 y especialmente desde la reciente de 2003/2004, la PAC es más un sistema de prejubilación anticipada que una Política Agraria. Es una amalgama de medidas que están desorientando y desprofesionalizando una parte de la agricultura europea, la más beneficiada por las subvenciones.

En el proceso de desmantelamiento de la PAC, la UE ha aprobado una política de transición para el periodo 2005-2013 que en España empezará a aplicarse el próximo 1 de enero. Los agricultores aún estarán rellenando papeles hasta el próximo 15 de julio. Incitar a un nuevo cambio en este escenario es comprometer definitivamente el prestigio de la UE entre la población. Ese gasto llamado agrícola puede reorientarse en el futuro para lograr objetivos comprensibles socialmente, en los ámbitos territoriales, medioambientales, de desarrollo rural…, sin necesidad de vaciar el presupuesto común.

En realidad, el mayor problema para la agricultura europea es que se la siga sometiendo a normativas crecientemente exigentes de todo tipo, al tiempo que se liberaliza el comercio internacional, sin garantizar que las importaciones cumplan normas equivalentes.

¿Cuáles son las causas que permiten producir tan barato en otros países? Algunos ejemplos: Brasil deforestó en 2004 una superficie de Amazonía equivalente a Galicia para producir soja y carne de vacuno; en Nicaragua se utilizan pesticidas mortales para producir plátanos; en India 42 millones de niños menores de 14 años trabajan a tiempo completo en la agricultura; los europeos nos comemos la soja y el maíz transgénico procedente de EE UU y Brasil, pero apenas se pueden utilizar estas semillas en Europa; en China las trabajadoras no pueden levantar la vista y duermen en barracones colectivos… Todo ello son noticias de prensa recientes. Pues bien, la agricultura desea que la 'estrategia europea de futuro' no siga la senda impuesta al textil o al calzado. La estrategia de la deslocalización empresarial y productiva no es nueva. Surgió en la época colonial y es la preferida en Reino Unido, al ser el único Imperio europeo que mantiene aún sus estructuras operativas. Tal vez fue contra todo esto por lo que se votó no en Francia y Holanda.

El corolario de todo lo anterior es una recomendación de prudencia, tanto en los cambios que tengan que introducirse en la UE, como en los acuerdos ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). La sensibilidad social está muy a flor de piel.

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