_
_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

El dólar, protagonista

El desequilibrado crecimiento mundial en 2004 es el origen de la debilidad del dólar y del incremento del precio de las materias primas, según el autor. Una situación que no desaparecerá hasta que EE UU corrija su desequilibrio fiscal y monetario

José Carlos Díez

Si durante los primeros nueve meses de 2004 toda la atención de la información económica se centraba en la subida de los precios del crudo y del resto de materias primas, en el último trimestre el dólar les ha robado el protagonismo. La causa de ambos hechos es el crecimiento desequilibrado que ha registrado la economía mundial en 2004. Este año el crecimiento del PIB mundial estará próximo al 5%, el nivel más alto desde 1974. Pero para conseguir este crecimiento la economía mundial ha tenido que incurrir en numerosos desequilibrios.

Los tipos de interés oficiales se encuentran en mínimos históricos en EE UU, la UEM y Japón y los déficit públicos de estos países se encuentran en máximos. Esta combinación de políticas fiscales y monetarias altamente expansivas explican el comportamiento de la demanda mundial.

Este fuerte crecimiento de la demanda ha presionado al alza los precios de las materias primas, pero también está detrás de la debilidad del dólar. EE UU es, junto a China, el país que mayores desequilibrios ha alcanzado. Si bien es cierto que las políticas económicas expansivas estuvieron justificadas en los últimos tres años y han permitido a la economía estadounidense evitar la que hubiera sido la peor recesión de las últimas décadas, este año el consumo y la inversión privada estadounidense se han recuperado, por lo que ya no hay justificación para mantener unas políticas monetarias tan expansivas.

De nuevo, como sucediera en los ochenta, el déficit público coincide con un alto nivel de déficit exterior. Esto ha despertado el fantasma de los déficit gemelos

La Fed ha subido sus tipos de interés haciendo su política monetaria menos expansiva y todo apunta que en 2005 seguirá actuando hasta llevar los tipos a niveles neutrales, en torno al 3,5%. Sin embargo, el Gobierno mantiene su política fiscal. Si bien es cierto que este año el déficit se situará por debajo de lo previsto, esto es debido al fuerte aumento de los ingresos derivados del mayor crecimiento económico, ya que los gastos han seguido aumentando por encima del PIB nominal.

De nuevo, como sucediera en los años ochenta, el déficit público coincide con un alto nivel de déficit exterior, que en breve se situará en el 6% del PIB. Esto ha despertado el fantasma de los déficit gemelos y ha creado un amplio debate sobre la sostenibilidad del déficit por cuenta corriente y sobre si el movimiento del dólar en los últimos meses es debido a una crisis de confianza de los inversores internacionales en el billete verde.

A pesar de la acumulación de déficit por cuenta corriente desde la década de los noventa, EE UU tiene una baja tasa de endeudamiento externo. Así, no hay tanto un problema de excesivo endeudamiento sino un problema de cómo está financiando este déficit exterior. Desde el año 2000, EE UU ha dejado de recibir inversión extranjera directa y la mayor parte del déficit exterior se ha financiado por la compra de bonos por parte de extranjeros. En los dos últimos años destaca la compra de los bancos centrales asiáticos que intervienen en el mercado de divisas para evitar la apreciación de sus monedas contra el dólar y las reservas que acumulan las invierten en bonos del Tesoro estadounidense, creando un círculo vicioso.

Desde el verano las compras de bonos por parte de extranjeros se han reducido notablemente y esto ha provocado una fuerte depreciación del dólar. Sin embargo esta depreciación no ha sido homogénea, ya que mientras los países asiáticos mantienen sus tipos de cambio fijos, todo el ajuste lo han sufrido las divisas con tipos de cambio flexible, especialmente el euro. No obstante, nada indica que esta depreciación sea debida a una crisis de confianza, ya que en este periodo la Bolsa estadounidense ha subido de manera continua y los precios de los bonos en EE UU se han mantenido prácticamente inalterados. Más bien parece que los bancos centrales han comenzado a diversificar sus reservas de divisas gradualmente y muchos inversores privados también han decidido reducir su exposición en activos estadounidenses.

La probabilidad de que se produzca una crisis de confianza en el dólar sigue siendo reducida, pero se ha incrementado notablemente en los últimos meses. La dinámica creciente del déficit por cuenta corriente no hará más que seguir incrementando esta probabilidad. Una crisis de este tipo llevaría una brusca reacción al alza de los tipos de interés en EE UU, provocando que la economía entrase en recesión, y con EE UU el resto de la economía mundial. Por lo tanto, la clave no está en especular cuándo van a intervenir el Banco de Japón o el BCE en el mercado de divisas, o cuándo decidirá el Banco de China la revaluación del yuan. La clave está en saber cuándo corregirá EE UU su desequilibrio fiscal y monetario. Mientras esto no se produzca, la economía mundial mantendrá su principal desequilibrio y el dólar seguirá débil.

Newsletters

Inscríbete para recibir la información económica exclusiva y las noticias financieras más relevantes para ti
¡Apúntate!

Archivado En

_
_