COLUMNA

Emergentes hacia una regulación de primera

Habrá que esperar a la vuelta del verano para ver si es sostenible el optimismo incipiente de los mercados. En parte se puede pensar que los mercados interpretan que se han despejado los factores negativos. Estos pueden haber sido de naturaleza coyuntural, reflejar debilidades estructurales o una combinación de ambos.

Poco se ha hablado de los problemas estructurales que podían haber ahondado en el comportamiento reciente de los mercados norteamericanos o europeos. Por el contrario, sí ha sido este el caso de los mercados emergentes.

Aunque esta calificación engloba a países en situaciones muy diferentes, puede ser interesante analizar cuáles han sido o son las medidas que se están tomando para reducir los factores de inestabilidad que provocaron situaciones de crisis en el pasado. Las crisis pasadas (países asiáticos, Rusia, Argentina, Brasil) sirvieron, por ejemplo, para señalar la importancia de que los países emergentes tuvieran sistemas financieros sólidos.

La cuestión es que las iniciativas han tratado, y tratan, de que la infraestructura financiera de los países emergentes se parezca a la de los países desarrollados. Parece paradójica esta petición a la vista de las debilidades en la información corporativa en los países desarrollados, pero se justifica como requisito para considerar integrados a los países emergentes en estructuras financieras reconocidas y ser destino de los flujos de capitales.

Aunque estos mercados suelen ser pequeños en comparación con patrones internacionales, juegan un papel importante en la financiación de sus economías nacionales. En este punto, muchos de los programas de desarrollo financiados por organismos multilaterales enfatizan la necesidad de que la infraestructura de estos mercados alcance estándares internacionales, ya que en otro caso la negociación financiera puede irse fuera. Este riesgo es mayor en la actualidad cuando los llamados 'sistemas alternativos de negociación' hacen posible la negociación transfronteriza y están ampliando su cuota de mercado.

Hay autores (como Ed Kane en Brookings-Wharton Papers on Financial Services, 2001) que sostienen que precisamente razones de competencia regulatoria hacen que los países desarrollados puedan no tener interés en que los emergentes mejoren sus instituciones. Es más, las medidas regulatorias normalmente abarcan dos tipos de actuaciones: preventivas y paliativas. Si los emergentes no avanzan en estándares regulatorios que contribuyan a prevenir los riesgos y a reforzar sus sistemas financieros, serán más probables las medidas paliativas para resolver crisis. Los rescates financieros apoyados muchas veces llevan aparejados negocios positivos para los países ricos.

La adopción de estándares internacionales es imprescindible para los países emergentes y la competencia de la regulación procedente de los países ricos puede ser un factor de estímulo.

Los países con sistemas más débiles son más proclives a sufrir crisis financieras, y éstas pueden provocar un desplazamiento de las entidades domésticas por entidades extranjeras. Este proceso de destrucción creativa es el que llevaría en última instancia a mejorar la regulación en los países emergentes.

Hay un aspecto importante en este punto: cualquier adopción de estándares financieros internacionales debe pretender resultados positivos, y para ello se necesita que se produzca un avance coordinado en los diferentes ámbitos económico-financiero-societarios.

Esto explica el interés que se está produciendo en que los países emergentes avancen a la vez en diversos frentes, como tratar de aumentar la independencia de los reguladores, adoptar desde el principio las normas internacionales de contabilidad, mejorar sus leyes societarias, introducir los requisitos de capital en las entidades financieras, etcétera. En este sentido son reseñables los esfuerzos recientes de la Organización Internacional de Reguladores de Valores (Iosco) para que los países emergentes adopten sus principios de una buena regulación y supervisión. También el Fondo Monetario Internacional está trabajando en este sentido (en junio publicó un documento sobre Detección y prevención de las crisis financieras) y reconoce ahora los buenos resultados (IMF Survey nº 13, 14 de junio 2003).

Estos esfuerzos no parecen estar cayendo en saco roto a la vista de los buenos comportamientos en lo que va del año 2003 en muchos países emergentes. Las principales economías del sudeste asiático muestran ganancias del orden del 30% en lo que va del año (en términos de dólar americano) y las suramericanas se acercan al 50%. Muchas casas de análisis están volviendo a llamar la atención sobre las posibilidades de estos mercados nuevamente.