Fondos

La maldición de los gestores estrellas

Ira Unschuld, gestor de Schroder Investment Management, dejó la compañía a finales de 2002 para crear su propio fondo de alto riesgo o hedge fund. En Schroders, Unschuld gestionaba desde 1992 el fondo Schroder Ultra, que convirtió en uno de los mejores fondos de la historia. Cuando dejó Schroders, muchos de los clientes del fondo partieron con él, con lo que el producto sufrió una merma patrimonial desde los 240 millones de dólares en su mejor momento, hasta menos de 10 millones. Ira Unschuld es lo que se denomina un gestor estrella, es decir, un gestor que ha sido capaz de batir sistemáticamente al índice de referencia de su fondo, gracias a lo cual ha logrado un nombre dentro del sector.

Durante los años noventa los gestores estrella proliferaron sobre todo en los países anglosajones, Estados Unidos y Reino Unido, cuyos mercados de inversión colectiva están muy desarrollados. Los gestores estrella eran objeto de entrevistas en los medios de comunicación, y muchos partícipes invertían en algunos fondos debido a quién los gestionaba. 'Hoy en día están teniendo lugar muchos abandonos de gestores que optan por crear sus propios fondos de alto riesgo', explica Fernando Luque, analista de Morningstar.

Disponer de un gestor estrella en plantilla es una ventaja, pero también puede convertirse en un inconveniente. Casos como el de Ira Unschuld son comunes y pueden perjudicar mucho a la gestora de la que parten. 'Lo peor que te puede pasar es que se te vaya un gestor estrella a la competencia', cuenta David Burns, director general de Schroders para España. 'Puede no llevarse a los clientes inmediatamente, pero hasta que el nuevo gestor se adapta se van perdiendo inversores'. Para Burns, el que un gestor se convierta en estrella se debe en gran parte al papel de los medios de comunicación y a las agencias de calificación de fondos, que resaltan su protagonismo. En Estados Unidos, donde la cultura financiera es distinta, las compañías de calificación dan premios no tanto a los mejores fondos de inversión como a los mejores gestores del año. 'Yo sí creo que el factor humano es importante en la gestión', afirma Fernando Luque.

Existen varias vías para evitar un impacto negativo en un fondo por la marcha de un gestor. Una de ellas es mimarle para que no se plantee su marcha. Aunque se pueden dar casos de chantaje cuando el gestor estrella exige una remuneración más alta para quedarse. Otra vía es ligar la remuneración del gestor a la marcha del fondo. Es decir, que cobrará más cuanto mayor rentabilidad extraiga de la cartera. Quizás, lo más adecuado es tener a alguien detrás, que trabaje con el gestor, y que le pueda sustituir en caso de que se vaya. E incluso tener un buen equipo de análisis detrás que será el que proporcione las compañías susceptibles de inversión.

'Todo depende del momento', afirma Juan Ignacio Crespo, director de análisis de Lipper. 'Si tienes un gestor estrella te aprovechas y explotas esa ventaja. Si se te va, tienes que decir que tienes un buen equipo'.

Es muy común que las gestoras perjudicadas contraataquen y traten de atraer al equipo de otra gestora. 'Algo así como lo que ha hecho el Madrid con Beckham', sostiene Burns.

Equipos

De todas formas, el que un gestor estrella abandone el barco no tiene por qué afectar sistemáticamente a la evolución del fondo. Hay que comprobar qué parte de las ganancias del producto corresponden al gestor y qué parte al mercado en que invierte e incluso a la estrategia de inversión global de la gestora. Muchas gestoras apuestan por equipos de personas que se dedican a elegir las compañías susceptibles de inversión, aunque luego sea el gestor el que toma la decisión final.

El fenómeno de los gestores estrella no es común entre las entidades españolas. Sí que existen en numerosos fondos extranjeros a la venta en España, a través de las Sicav radicadas en Luxemburgo. 'Me extraña que en España no se dé esta figura, siendo como es un mercado muy sofisticado', sostiene David Burns. Juan Ignacio Crespo lo achaca a la extrema bancarización existente en el país. En EE UU y en el Reino Unido existe la figura del asesor independiente y las gestoras tratan de que sus fondos estén muy bien situados en los rankings, de manera que los asesores los incluyan entre los productos que recomiendan a sus clientes. 'Con las redes bancarias, la decisión se basa en una relación de confianza con el director de la oficina, que hace las veces de asesor', explica Crespo. 'En las redes, además, suelen tener objetivos de venta de un producto en campañas determinadas'. Luque, de Morningstar, coincide con Crespo en este diagnóstico, aunque recuerda que se han dado casos en España de gestores estrella. 'El del Argentaria Telecomunicaciones llegó a gestionar el fondo más grande de España'.

El debate está servido. ¿Un gestor realmente bueno o un equipo consistente? La respuesta probablemente no sea ni lo uno ni lo otro, sino una combinación que permita aprovechar el buen hacer del gestor estrella con el apoyo de un gran equipo.

Cierres y fusiones a la orden del día

La crisis de los últimos tres años no ha pasado factura tan sólo a la rentabilidad de los fondos de inversión, sino también a la industria de las instituciones de inversión colectiva. El sesgo negativo entre los inversores ha hecho mella en el negocio, reduciendo los ingresos por comisiones y obligando a muchas gestoras de todo el mundo a reorganizar su negocio. Incluye esto último la fusión y el cierre de aquellos fondos de inversión menos rentables para las gestoras.

En Estados Unidos, según datos recogidos por Bloomberg, a lo largo del año pasado echaron el cierre 700 fondos de inversión. En el segundo trimestre de este año desaparecieron 160 fondos, un 48% más que en el mismo periodo de 2002. Las gestoras han optado por racionalizar la gama para reducir costes. En EE UU se estima que un fondo de inversión no es rentable si no tiene un patrimonio de al menos 50 millones de dólares (unos 48 millones de euros). Aunque esta cifra parece abultada, apenas genera a las gestoras unos 500.000 dólares de ingresos anuales, y asumiendo que carga a los partícipes una comisión de gestión sobre el patrimonio del fondo del 1%. De esos 500.000 dólares hace falta pagar los salarios de los gestores y los gastos de promoción, entre otros costes.

Según los datos del Investment Company Institute, la patronal del sector en Estados Unidos, el número de instituciones de inversión colectiva descendió en 2002 por primera vez desde 1976. En diciembre del año pasado había 51 fondos menos que en la misma fecha de 2001.

Al margen del cierre de fondos, se han producido numerosas fusiones de fondos de categoría similar, con el objetivo de racionalizar las gamas y aunar patrimonios. Cuando se produce el cierre de un fondo de inversión, se venden las acciones y se distribuye el patrimonio entre los inversores. Cuando de produce una fusión, un fondo suele adquirir a otro y se produce un canje de acciones. El partícipe del fondo adquirido recibirá títulos del primero o bien si lo prefiere podrá salirse del fondo durante un periodo de tiempo predeterminado.

Las gestoras estadounidenses temen que los cierres afecten especialmente a los fondos del mercado monetario, porque tras las sucesivas bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal, el rendimiento de estos activos es muy bajo. Las gestoras se debaten entre reducir las comisiones al mínimo o echar el cierre.

En España también ha descendido el número de fondos, aunque la proliferación de productos garantizados ha evitado una caída mayor. Según los datos de Inverco, la patronal española, a 30 de junio los fondos españoles eran 2.494, frente a los 2.512 del mes anterior. No obstante, la cifra es superior a la del cierre de 2002, cuando ascendían a 2.487, aunque está por debajo de la de 2001, en plena efervescencia bursátil, cuando los fondos españoles llegaron a ser 2.539. El mayor descenso en lo que va de año se ha registrado en los fondos de tipo mixto, tanto de renta variable como de renta fija, en los garantizados de renta fija, que se han ido transformando en otro tipo de productos a medida que vencían, y en los de renta variable internacional. Por el contrario, los fondos garantizados de renta variable han pasado de ser 393 a finales de 2002 a 410 a finales del primer semestre. Donde se ha notado más la crisis ha sido en los fondos extranjeros a la venta en España, cuyo número ha descendido de 884 a finales de 2002 a 864 a 30 de junio de 2003.