Inversión

La escasez de inversión en tecnología lastra la productividad de la economía

El gasto en tecnologías de la información en España en el año 2002 fue del 1,9% del producto interior bruto, según los últimos datos publicados por el Banco de España; el gasto en telecomunicaciones llega al 3,9% del PIB, y, por tanto, el gasto conjunto en ambos conceptos supone el 5,8% del producto. La UE gasta el 3,2% del PIB en tecnologías de la información y EE UU, un 4,9%

Esta cantidad, además de suponer un descenso notable sobre el gasto destinado en 2000 y en 2001, es muy limitada comparada con la inversión en tecnologías de la información y en telecomunicaciones tanto en la Unión Europea como en los Estados Unidos, siempre según los datos del Banco de España.

Pero estos diferenciales existentes en el gasto en tecnologías de la información y de telecomunicaciones son extensivas también al gasto en investigación y desarrollo, que no alcanzó el 1% del PIB hasta el año 2001, pese a que ya en el año 1990 llegaba al 0,8% del producto, según los datos oficiales sobre convergencia real de España con la Unión Europea. Con estas aportaciones, el stock de capital tecnológico sobre PIB se ha estancado en España en el 6,2%, mientras que en el ejercicio de 1995 había llegado hasta el 6,4%, y los niveles de convergencia en esta materia con la Unión Europea se han deteriorado los últimos años.

Así, los niveles de convergencia con la UE en gasto en investigación y desarrollo supera escasamente el 54% en 2001, y el de stock de capital tecnológico se queda sólo en el 40,8%, si bien el último dato comparable es el de 1999. Los niveles de convergencia en gasto en I+D son más limitados en el sector privado (53,2%), mientras que en el público llegan hasta el 60,5%.

Esta escasa acumulación de capital tecnológico, que incluso en muchos casos supone un retroceso en España en los últimos años, y relativa en el conjunto de la Unión Europea, es la principal causa de la pérdida de productividad general de la economía española. Esta variable está ligerísimamente por encima de los niveles que ya tenía en 1995, pero pierde terreno de forma abultada en el contexto europeo.

Así, mientras en el año 1985, año de ingreso en la Unión Europea, España tenía una productividad total de los factores productivos de 106,3 por 100 de la Unión, ahora sólo tiene 96,9. Y esta ratio baja sistemáticamente desde el año del ingreso y de forma acelerada desde 1995. Desde aquel ejercicio ha crecido a tasas medio punto inferiores a la media de la UE, lo que ha generado pérdida de convergencia. Ha experimentado también un descenso en los últimos años la productividad del trabajo, debido al avance del empleo.

El comportamiento del resto de la inversión ha sido creciente en los últimos años. La formación bruta de capital fijo agregada en el ejercicio de 2002 llegó al 24,7% del PIB (una décima menos que en 2001), con un pequeño ajuste en la inversión productiva privada, pero crecimientos en la pública (desde el 3,3% del PIB hasta el 3,4%), y con una concentración creciente en la construcción residencial (6,8% del PIB) y no residencial (9,5% del PIB).

El umbral intocable del 5%

La inversión pública medida como porcentaje del PIB ha experimentado un recorte importantes desde el año 1995 para atender a las exigencias presupuestarias de la entrada en la moneda única y la consecución posterior del déficit público cero. Sin embargo, aunque en muchas ocasiones los Gobiernos establecieron el objetivo de inversión pública en el 5% del PIB, en ningún momento de la historia reciente se ha alcanzado. El momento en el que más cercano estuvo fue en 1990, con un 4,7% del producto.

En todo caso, la convergencia de la inversión con la Unión Europea es muy positiva, superando el 100% en todos los casos en los últimos años, lo que genera paulatinos recortes de los diferenciales de convergencia en otras variables, especialmente en PIB per cápita, que se ha incrementado progresivamente desde el año 1985 (desde entonces ha avanzado en 10 puntos, hasta el 82,7% de la media de la Unión).

Mejora la convergencia en sanidad y se estanca en pensiones

El nivel de convergencia real en gasto social total de España con la Unión Europea prácticamente se ha mantenido estancado en los últimos 10 años: en 1990 estaba en el 62,2% del nivel medio europeo, y en el año 2000, último publicado por el Banco de España en base a datos del sistema europeo de estadísticas integradas de protección social, sólo había avanzado un punto, hasta el 63,2% de la media de la Unión Europea. Y este estancamiento es debido a que la mayor partida de gasto social, cual es la de prestaciones económicas (pensiones), no ha ganado terreno en relación con la Unión. Si en el año 2000 estaba a un 62,2% de la media, 10 años antes estaba en 62,8%.

Sin embargo, el resto de las variables del gasto social han tenido mejor comportamiento relativo y han mejorado notablemente sus niveles de convergencia real. Es el caso del gasto en sanidad, que ha pasado del 63,9% de la media comunitaria al 68,2% de la media; por lo que se refiere al gasto público en vivienda, ha pasado del 26,5% de la media de la Unión en 1990 a un todavía modesto 31,5%. El gasto público en educación ha pasado de un nivel relativo de 69,1 a 73.

En el último año todos los componentes del gasto social han experimentado un crecimiento superior al de la Unión Europea, lo que supone que todos ellos han recortado el diferencial, aunque sea de forma muy escasa. El gasto social total creció un 0,1% más en España que en la UE al año entre 1990 y 1995, y un 0,2% anual en el siguiente quinquenio. Sin embargo, en el comprendido entre 1985 y 1990 el diferencial de crecimiento a favor de España fue de un 3,1%.

Los otros dos grandes indicadores de convergencia social, la tasa de empleo y la de paro, han mejorado notablemente en los últimos años. En 2002 el nivel de convergencia en empleo era del 87,6% de la Unión, y en paro del 154,5 (llegó a 187,5 en 1985). La tasa de paro está en el 11,5% y la de empleo en el 58,9% de la población de 16 a 64 años.