COLUMNA

Baile de disfraces y estadísticas de paro

Contaba un amigo periodista en su declaración en el juzgado que acudió a un domicilio invitado a una fiesta de disfraces pero que cuando llegó los demás participantes ya se habían marchado y que él hubo de conformarse con las piezas del vestido que de antemano le había asignado la anfitriona. Estas precariedades en absoluto le ocurren al Gobierno aznarí, que tiene demostradas sus capacidades para disfrazar los índices que se le resisten. Recordemos lo sucedido con el IPC, que cuando todos percibían el pasado enero que estaba subiendo, sin embargo descendía según el cómputo del Instituto Nacional de Estadística (INE) que había introducido las modificaciones oportunas siempre bajo el manto de la necesaria armonización conforme a las directrices de la UE. Se verificaba así lo anunciado en aquella viñeta genial de Chumy Chúmez donde un personaje comparecía delante de una gráfica creciente de la renta per cápita y exclamaba: '¡Anda, si resulta que tengo un nivel de vida que para mí lo quisiera yo!'.

En esta misma columna se ha escrito con reiteración que al Gobierno Aznar es imposible que se le resistan los índices del paro. Ya la primera ministra británica Margarita Thatcher había abierto de modo precursor esa senda optando por modificar la forma de medir el índice de paro hasta que le saliera la cifra conveniente que andaba buscando. De ahí el interés del trabajo que me ha remitido el ex ministro de Trabajo y diputado socialista José Antonio Griñán con el sugestivo título de La extraña reconstrucción de las series históricas de la EPA o el aprovechamiento político de las estadísticas. Empieza Griñán por recoger la definición de paro como la situación en que se encuentra quien, teniendo capacidad y voluntad de trabajar, no encuentra la oportunidad de hacerlo.

En seguida señala la dificultad histórica para ponerse de acuerdo sobre qué ha de entenderse por capacidad para trabajar. En cuanto al segundo elemento, el de la voluntariedad, las distintas legislaciones nacionales sobre protección del desempleo han venido delimitando qué actitud ha de exigirse a una persona sin empleo para acceder a los beneficios ofrecidos por el Estado. Por ello la OIT se ha visto impulsada a catalogar los comportamientos que excluyen a una persona sin empleo de ser incluida en la categoría de parado con los derechos económicos que comporta en los sistemas vigentes de protección social.

El sistema estadístico de la UE, el Eurostat, ha seguido la tendencia cada vez más estricta para considerar como activa a una persona sin empleo y ya se sabe que sólo los calificados como activos son susceptibles de figurar en la categoría de parados. Señala nuestro autor que según el Reglamento 1897/2000 de la UE para incluir estadísticamente a una persona como parte de la población activa se exige que en el caso de carecer de ocupación desarrolle una búsqueda activa de empleo.

Por ese camino se ha habilitado una tercera categoría diferenciada que se añade a la de los empleados y la de los parados: la de los quietos, un fenómeno al que se ha prestado atención en esta misma columna. Ese nuevo lugar de la quietud permite situar en el limbo laboral a los eliminados del paro y ofrecer así unos índices muy mejorados para satisfacción del Gobierno que blasona permanentemente de ellos. Pero sería gravemente calumnioso atribuir los progresos del caso español a la mera aplicación de las normas de la UE porque nuestro INE ha sacado provecho de la adaptación de la EPA aplicando otros criterios particulares, como han sido las nuevas proyecciones de población y la reponderación de los factores de elevación merced a los cuales ha podido ofrecer a sus superiores una mejoría espectacular de las variables que configuran el mercado de trabajo. Otra cosa es que esta prestidigitación se quede en un efecto contable que no ha modificado la realidad socioeconómica, pero ¿a quién importa cuando el Gobierno ha demostrado ser capaz de adueñarse de las nuevas cifras y puede utilizarlas en su discurso sin que nadie se lo reproche?

Otra cosa hubiera sido si el INE hubiera aplicado los cambios de criterio introducidos para modificar los datos de años anteriores en una extrapolación hacia atrás. Se ha preferido mezclar en las series anuales los resultados de ocupación y paro obtenidos con diferente metodología, sin señalar aclaración alguna, lo cual induce a efectuar comparaciones entre datos heterogéneos que distorsionan el análisis de la realidad. Remito a los lectores a la lectura del informe del ex ministro Liñán y les adelanto que, según sus cálculos, de los 4 millones de nuevos empleos que el gobierno aznarí se apunta en su haber 1,5 millones proceden de distintos 'ajustes' estadísticos jamás impugnados por la orquesta mediática de los afines. O sea, que el pueblo, contento de ver tanta maravilla, como concluía el romance del inolvidable Felipe Mellizo. Vale.