TRIBUNA

Los mercados electrónicos, mito o realidad

La poderosa aceleración que todos experimentamos se debe a que aparecen más tecnologías al mismo tiempo.

Es cierto que es difícil predecir con precisión los resultados del cambio tecnológico que nos toca vivir, pero también es cierto que podemos empezar a discernir las formas más probables del futuro que nos aguarda, así como a reconocer los patrones y tendencias del mismo.

Aunque los expertos exponen ideas distintas y a menudo contradictorias acerca del futuro como consecuencia del impacto de la tecnología, existe, afortunadamente, en estos momentos un gran consenso en torno a la transformación de la sociedad, la economía y la empresa como consecuencia del impacto de la convergencia de las tecnologías de la información y comunicación.

En última instancia estas estrategias están teniendo mucho que ver con la llamada velocidad del cambio.

Es significativa, en este contexto, la teoría formulada por Saffo, que sostiene que la cantidad de tiempo requerida para que se introduzcan nuevas ideas en una cultura ha sido de un promedio de tres décadas a lo largo de al menos los últimos cinco siglos. Es la llamada regla de los 30 años. Nuestras cortas memorias humanas demasiado a menudo confunden la sorpresa con la velocidad.

Asociada a esta regla de los 30 años, existen tres etapas diferenciadas.

Primera década. Mucho entusiasmo, mucha confusión, no mucha penetración.

Segunda década. Mucho movimiento, comienza la penetración del producto en la sociedad.

Tercera década. "¿Y qué? Es simplemente una tecnología estándar y todos la tienen".

La regla de los 30 años tiene sus limitaciones, y puede que no sea perfecta, pero posibilita vislumbrar el desarrollo de las nuevas tecnologías en una perspectiva más realista. Hay que subrayar igualmente que esta regla no busca fijar un marco temporal preciso para la adopción generalizada de una tecnología. El punto central, por el contrario, se justifica en que las impresiones de avances tecnológicos espontáneos, por lo general, son equivocadas y han estado en desarrollo mucho más tiempo de lo que nadie admite.

La historia nos muestra que una vez que los consumidores advierten que una tecnología es útil y está a su alcance, se puede dar la adopción generalizada rápidamente. Sin embargo, el patrón de las empresas que explotan una nueva tecnología no se asocia en modo alguno a una curva ascendente uniforme. Por el contrario, la línea que representa la tendencia real se parece más bien a una montaña rusa, donde subidas y bajadas preceden al gran ascenso final.

Es habitual, por tanto, una gran publicidad en torno al anuncio de un nuevo lanzamiento o innovación, pero cuando la primera ola de entusiasmo cede a la desilusión y los contratiempos, generalmente se perciben con escepticismo las fases futuras de desarrollo.

La teoría subyacente, por la que el ritmo de cambio nos parece mucho más rápido en la actualidad, no es que las tecnologías se aceleren a un ritmo mucho mayor o que las cosas sucedan más rápido de lo que lo hacían en el pasado. Lo que sucede en realidad es que "aparecen más tecnologías al mismo tiempo y es este impacto cruzado e inesperado de tecnologías que están llegando simultáneamente a su madurez lo que crea esta poderosa aceleración que todos experimentamos". Los impactos cruzados son precisamente las variables que hacen tan difícil pronosticar los nuevos cambios que se avecinan.

La ampliación espacial para el establecimiento de relaciones comerciales como consecuencia de la nueva infraestructura proporcionada por la tecnología, la supresión de las barreras temporales, la redefinición de los ciclos vitales de empresas y consumidores, así como la reformulación del concepto de creación de valor, donde el hecho de que exista una transacción o no, en última instancia, no constituye el objetivo último de la intermediación comercial, suponen indicios elocuentes de la transformación del mercado tradicional, al menos en la visión y concepción que de él teníamos hasta ahora.

El alcance de estos cambios puede minimizarse e incluso justificarse por la situación de alguna variable, tal como los mercados de valores, o, por el contrario, incorporarse como una variable crítica a tener en cuenta en la evolución y, por tanto, gestión de una empresa. De la respuesta a todas estas preguntas dependerá el futuro inmediato de nuestra economía.