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Editorial
Opinión

Más verso que sustancia en el debut de Kevin Warsh

El elegido de Trump apuesta por cambiar la forma en que el banco central se dirige a los mercados

El nuevo presidente de la Reserva Federal de EE UU, Kevin Warsh, el 17 de junio.Eric Lee (REUTERS)

Tiene algo de ironía que el candidato de Donald Trump para la Fed tenga muchas papeletas para subir los tipos cuando a su predecesor solo los tribunales le han librado del despido por no bajarlos. Más allá de la ironía, es secundario. Kevin Warsh es un banquero central de prestigio, y el nivel de exigencia del mercado va a estar a la altura tanto de su historial como del puesto que ocupa. Al igual que con Scott Bessent en el Tesoro, Trump ha jugado sobre seguro. De entrada, el mercado interpretó posibles alzas de tipos, lo que sin duda ayuda a Warsh a defender su independencia de Trump.

Más allá de los tipos, Warsh escenificó este miércoles un punto de inflexión: los cambios en el discurso y sus respuestas a los periodistas implican otra forma de comunicar la política monetaria que, probablemente, vaya a más. Para ello ha creado uno de los grupos de trabajo que prevén analizar modificaciones en las cinco áreas de trabajo del banco. Todos ellos tienen una sólida justificación: desde el balance a la IA o el uso de datos y el marco de inflación.

No obstante, el empuje del banquero central corre el riesgo de quedarse en las formas. Warsh insistió varias veces en que la Fed cumplirá lo prometido, pero no dijo cómo. Defendió que la política monetaria es la primera causa de la inflación, pero, estando a cargo de esta, y con los precios al 4,2%, no explicó por qué no subió los tipos. Tampoco dejó claro si tolera una inflación temporal o si cree que la IA es una fuerza desinflacionaria, ni hizo mención al balance de la Fed.

Ello es parte de su planteamiento de política monetaria: quiere cambiar la forma en la que se dirige al mercado, una aspiración que, guste más o menos, es legítima, y tiene algunos puntos a favor. Pero Warsh la sostuvo con una argumentación pueril. Los mercados son la mejor fuente de información, indicó, y si la Fed da indicaciones sobre la política monetaria, los inversores no reaccionarán a los datos, sino a su percepción sobre la interpretación que de estos haga la Fed, lo que a su vez distorsionará las señales que envían. Una tesis impropia de un hombre que ha trabajado en Wall Street y que sabe que el precio del dinero es lo más importante en las finanzas, independientemente de lo que él diga o deje de decir.

Sin estar obligado a diseccionar en público todo su pensamiento, la propuesta de cambio de régimen en la Fed parecería más sólida con más y mejores mimbres. Está por ver en qué cristaliza; el mercado, mientras, debe acostumbrarse a navegar con unas nuevas cartas de navegación.

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