Pax Silica: la diplomacia del chip en la era Trump
La alianza es una señal para los socios de que EE UU seguirá fijando las normas de las reglas comerciales con China

Desde sus inicios, la segunda Administración Trump ha puesto de manifiesto la visión de los chips y la microelectrónica como elementos cruciales para alcanzar una posición de liderazgo en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). El vicepresidente J. D. Vance lo expresó con claridad en su intervención en la Cumbre sobre Inteligencia Artificial celebrada en febrero de 2025 en París. El Ejecutivo del Partido Republicano persigue el objetivo de que los chips diseñados y fabricados en Estados Unidos se erijan en el estándar global, que constituyan la base de los sistemas de IA más avanzados, y que se neutralicen las vías para que los adversarios desarrollen dichas capacidades. A pesar de su actitud en las relaciones internacionales, la Casa Blanca es consciente de que requiere de aliados y diplomacia para alcanzar estos fines.
Con la constitución de la alianza Pax Silica el 11 de diciembre, la Administración estadounidense ha articulado la coalición internacional que proporcionará el respaldo necesario para la consecución de su tríada de objetivos. Además de Estados Unidos, forman parte de la alianza Japón, la República de Corea, Singapur, Países Bajos, el Reino Unido, Israel, Emiratos Árabes Unidos y Australia. Adicionalmente, gozan del estatus de invitados en la coalición Taiwán, la Unión Europea, Canadá y la OCDE. Como cabría esperar, la declaración fundacional de la coalición se adhiere a los principios enunciados por EE UU en París. Nada es casual en la coalición formada, que pone de manifiesto la visión de la diplomacia del chip de la Administración Trump.
La alianza incluye a los países clave en la fabricación de los chips de IA diseñados en EE UU, entre los cuales quiere atajar preventivamente cualquier disidencia en las relaciones comerciales con China que permita al país asiático producir aceleradoras igual de potentes que las suyas. El momento elegido por la Casa Blanca para el establecimiento de Pax Silica coincide temporalmente con el anuncio de la autorización a Nvidia para la venta de la aceleradora de IA H200 a clientes ubicados en China. No se ha subrayado suficientemente la contradicción que esta licencia representa respecto al mantenimiento de los controles sobre la exportación a China de los insumos esenciales para la producción de estos componentes: los chips avanzados fabricados en Taiwán y Corea, y la maquinaria de fabricación procedente de Países Bajos y Japón. Antes de que surjan manifestaciones de desacuerdo desde estos países, Pax Silica constituye una señal para todos ellos de que EE UU continuará estableciendo las reglas comerciales con China.
Pax Silica constituye, además, una advertencia de que las restricciones de exportación a China no solo se mantendrán –tal como establece su declaración fundacional–, sino que EE UU busca ejercer un control especial para asegurar que no sean eludidas a través del mercado negro. Para tal fin, ha incluido, en el selecto grupo que conforma la coalición, a Singapur, país que ha estado en el centro de diversas presuntas tramas de contrabando de aceleradoras de IA y donde Nvidia factura hasta un 20% de sus productos, a pesar de que es el destino final de apenas un 1%. Asimismo, la coalición se ha extendido a Israel, probablemente el estado más avanzado en tecnologías de seguimiento de productos y donde Nvidia ha ubicado los superordenadores en los que perfecciona sus soluciones de telemetría.
La Casa Blanca incluye entre los miembros de Pax Silica a actores no considerados tradicionalmente como esenciales en el ecosistema, pero que contribuyen a resolver los cuellos de botella a los que se enfrenta en la búsqueda de la hegemonía en la IA. En primer lugar, Canadá y Australia, en su calidad de productores de materias primas esenciales y tierras raras, lo que contribuirá a limitar la dependencia de EE UU respecto de China en esta área, que ha servido al país asiático como palanca en las relaciones comerciales. En segundo lugar, Emiratos Árabes Unidos, que disponen de recursos financieros para las cuantiosas inversiones que requiere el desarrollo de la IA, así como conocimientos especializados en el ámbito de la eficiencia energética. Además, la inclusión de Emiratos en la coalición roba a Huawei un espacio clave para la expansión de sus productos IA en el Sur Global.
Finalmente, la inclusión de la OCDE entre los invitados de Pax Silica por parte de EE UU constituye un indicio de la voluntad de institucionalizar la coalición. Dicha organización internacional, con sede en París, es el instrumento habitual para encomendar funciones de seguimiento de los trabajos a los foros internacionales permanentes que carecen de un secretariado estable, como es el caso del G7 o el G20. Tampoco se ha obviado el vínculo transatlántico al incorporar a la alianza a la Unión Europea y al Reino Unido, actores cruciales en la investigación dentro del ecosistema y lugares de elevado consumo de chips.
Tras su encuentro con el presidente Xi y las gestiones de Huang, Trump ha flexibilizado el modelo de restricciones comerciales sobre la difusión de las aceleradoras IA, incluso hacia China, a pesar de la postura de los halcones de la política estadounidense. Ahora, establece un foro único para debatir el marco global de semiconductores con todas las áreas económicas afines que considera relevantes en el ecosistema. Próximo a conmemorarse el aniversario de su retorno a la Casa Blanca, el presidente Trump ha culminado la sustitución de la diplomacia del chip heredada de la Administración Biden por una propia.