Por qué tendría sentido que EE UU invirtiera en Boeing
La valoración es atractiva, y las presiones geopolíticas son más agudas

El Gobierno de EE UU es el inversor estratégico definitivo. Donald Trump se ha apoyado en su enorme poder regulador y financiero para negociar acuerdos de gobernanza o adquirir participaciones directas en las industrias del acero, los semiconductores, las tierras raras, el litio y la energía nuclear. El frenesí de las negociaciones se intensificó después de que China comenzara a bloquear las exportaciones de minerales clave.
Una participación del 9,9% en Intel expone la importancia de lo más parecido que tiene el país a un fabricante de chips de vanguardia. Su prolongada situación de declive, al quedarse atrás respecto TSMC, lo sitúa directamente en el punto de mira de la Casa Blanca. La misma lógica se aplica fácilmente a Boeing. Es la mitad de un duopolio mundial de aviones comerciales, un importante proveedor del ejército y el mayor exportador del país. También se está recuperando de una larga serie de reveses relacionados con fallos mortales en sus aviones.
Esas desgracias darían mucho poder al dúo de exbanqueros formado por el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y su lugarteniente, Michael Grimes. La Administración Federal de Aviación impone un límite al número de aviones 737 MAX que Boeing puede fabricar y determina su autonomía al hacer inspecciones. Un tercio de sus ingresos proviene de su segmento de defensa, espacio y seguridad, que depende de los contratos públicos.
Si la Casa Blanca quiere obtener un retorno que justifique la inversión, es un momento atractivo para actuar. Los objetivos de precio de los analistas para los próximos 12 meses apuntan a una subida del 38% en sus maltrechas acciones. Su valor crecería en más de 50.000 millones de dólares. Y, lo que es mejor, está previsto que vuelva a generar flujo de caja –y, potencialmente, a pagar dividendos– tras una fuerte ronda de inversiones.
Aparte de los astutos acuerdos comerciales, las presiones geopolíticas parecen más agudas. Alemania, Francia y España poseen juntos un cuarto de la resurgida Airbus. También se perfila un nuevo rival: Commercial Aircraft Corporation of China, o Comac. Aunque ha fabricado menos de dos docenas de aviones C919 hasta la fecha, los Gobiernos occidentales pueden estar desesperados por evitar el destino de tantas otras industrias. Boeing es el mejor candidato para suavizar aún más las turbulencias comerciales.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías