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La tribuna de fondos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La importancia de las expectativas en Bolsa

Al invertir, hay que comparar nuestras previsiones con las del consenso, y tener en cuenta el efecto de las emociones

Zuckerberg y Musk
Mark Zuckerberg, en una imagen de su Instagram, y Elon Musk, en una fiesta de Halloween.Instagram / getty

Hay ocasiones en las que los movimientos de la Bolsa pueden parecer incomprensibles. La creencia popular es que la marcha de la economía, en general, y de las empresas, en particular, marcan la evolución de la Bolsa. Pero esto no siempre es así. De hecho, no tiene por qué ser así.

En 1995 concedieron a Robert Lucas el Premio Nobel de Economía por su Teoría sobre las expectativas racionales. Básicamente, Lucas demostró que los agentes económicos utilizan la información existente y su experiencia para anticiparse a los movimientos de la política económica.

La teoría de Lucas reconocía, por tanto, un componente muy importante en el ámbito económico: la influencia de las expectativas. Al añadir las expectativas como una variable adicional en los modelos económicos, se reconocía el carácter subjetivo del análisis económico. Es decir, los modelos económicos funcionarán siempre y cuando las expectativas se cumplan. Por eso los economistas suelen errar todo el tiempo, ya que es imposible medir las expectativas de todos los agentes económicos.

Aunque la Teoría de las expectativas racionales de Lucas trata la economía con una óptica más realista (reconoce que las expectativas influyen a la hora de establecer medidas económicas), no deja de reflejar una profunda incongruencia, y no es otra que, al incorporar la opinión (expectativas) de múltiples agentes económicos, no deberíamos, en mi opinión, utilizar el concepto de las expectativas junto al concepto de racionalidad. En el momento que las expectativas influyen, los modelos económicos y los pronósticos ligados a ellos dejan de ser racionales.

En el ámbito de la Bolsa, la influencia de las expectativas es incluso más importante (y compleja). Esto es lo que explica que, por ejemplo, durante el año 2020 el PIB de Estados Unidos se contrajera un 3.8% como consecuencia del Covid-19, mientras que la Bolsa americana (S&P 500) subió más de un 16% en el mismo periodo.

También son las expectativas las que están detrás de los movimientos, en apariencia incomprensibles, de las cotizaciones bursátiles. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2024, Meta Platforms logró incrementar su beneficio neto un 116%, mientras que su cotización el día de la publicación de resultados cayó más de un 10%. Por el contrario, Tesla publicó un beneficio neto que se contraía más de un 55%, pero la cotización del día de la publicación de resultados aumentó más de un 10%. Si observamos los datos empresariales, la reac­ción a los resultados de Meta Platforms y Tesla debería haber sido inversa.

No obstante, cuando tenemos en cuenta las expectativas, la reacción adquiere otro significado. En el caso de Meta, por ejemplo, los inversores esperaban unos ingresos para el segundo trimestre de 2024 superiores a las guías que dio la compañía. En la jerga financiera, es lo que denominamos estar por debajo de las expectativas. Dado que los precios de cotización tratan de anticipar los resultados futuros, unas previsiones inferiores a lo que estima el consenso de los inversores tiene un impacto negativo a corto plazo.

En cuanto a Tesla, es el caso contrario: a pesar de publicar resultados negativos (esperados), tuvo una reacción positiva, debido, entre otras cosas, a unas previsiones de producción mejores de lo esperado, por lo que los inversores tuvieron que revisar al alza sus estimaciones.

La Bolsa no puede entenderse sin el componente de las expectativas. Como inversores, debemos tener en cuenta las expectativas en todo momento. De esta manera, el proceso se complica, ya que no solo tenemos que establecer nuestras expectativas, sino analizar las expectativas del consenso y compararlas. De forma que, a la hora de invertir en una compañía, debemos tener en cuenta la calidad de la compañía (análisis fundamental), valorar la compañía para obtener un valor objetivo y, por último, comparar nuestro valor objetivo con el precio de cotización, el cual incluye las expectativas sobre los resultados futuros que espera el consenso. Solo en caso de que consideremos que las expectativas del consenso son erróneas, deberíamos actuar (comprar o vender).

En este punto conviene resaltar, de nuevo, un aspecto crucial: ¿son las expectativas racionales? Antes de responder, debemos incorporar otro componente fundamental en el proceso, que no es otro que las emociones. Y son las emociones las que distorsionan las expectativas en Bolsa. Por ello, es habitual que, cuando una compañía atraviesa un periodo negativo, la cotización se derrumbe, lo que penaliza las emociones de los inversores, a veces en exceso. Dado que los inversores se vuelven muy pesimistas, acaban trasladando su sentimiento negativo a las expectativas, que también se hunden.

Por tanto, dado que las expectativas están condicionadas por las emociones, no pueden ser racionales. Y en los periodos en los que las emociones distorsionan en exceso las expectativas, es cuando surgen las buenas oportunidades de inversión.

John Maynard Keynes expresó esta idea de forma excelente con su famosa paradoja del “concurso de belleza”. Keynes argumentaba que, al igual que con los estándares de belleza, los estándares de valor son subjetivos, aunque se trata de una subjetividad condicionada. Es decir, lo que piensan los demás influye en tu opinión. En este sentido, Keynes sostenía que “invertir con éxito es anticiparse a las anticipaciones de los demás”. Y por ello hay quienes sostienen, acertadamente, que invertir es un arte.

Álvaro Jiménez es gestor de renta variable en Gesconsult

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