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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las subvenciones de Biden a los chips funcionan... demasiado bien

La inflación ha aumentado los costes de las fábricas un 40% en cuatro años, y la demanda de ayudas dobla a la oferta

Biden
Joe Biden, presidente de EE UU, y Gina Raimondo, secretaria de Comercio, en una reunión virtual con el sector de los chips, en la Casa Blanca, en Washington DC, el 9 de marzo.Jonathan Ernst (REUTERS)

La maquinaria estadounidense de las subvenciones se pone en marcha. Es probable que en los próximos días se anuncien grandes ayudas a los fabricantes de chips para que aumenten la producción nacional. Y las empresas ya se están beneficiando de ventajas fiscales destinadas a infraestructuras y energías sostenibles. Estos actos de generosidad de la administración del presidente Joe Biden están funcionando, pero con efectos secundarios.

Biden y la secretaria de Comercio, Gina Raimondo, prevén desvelar una adjudicación multimillonaria a Intel para aumentar la producción de chips en Estados Unidos. Se espera que en las próximas semanas se concedan ayudas a Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC) y a la surcoreana Samsung Electronics para la fabricación de semiconductores en el país.

Estos desembolsos de ayuda se enmarcan en la Ley Chips, aprobada en 2022, en virtud de la cual el Departamento de Comercio desembolsará una ayuda financiera de hasta 39.000 millones de dólares (36.000 millones de euros al cambio actual) para contribuir a la producción de semiconductores y reforzar sus cadenas de suministro en Estados Unidos.

Las ayudas se concederán en forma de subvenciones, préstamos y garantías de préstamos. Cerca del 70% son subvenciones para la producción de chips lógicos y de memoria avanzados. Los productores también pueden recibir créditos fiscales equivalentes al 25% del coste cualificado de sus instalaciones. La Ley de Reducción de la Inflación (IRA), hermana de la Ley Chips, ofrece incentivos para la producción y compra de energía limpia, el almacenamiento y la eficiencia.

Los beneficiarios, sin embargo, compiten por unos recursos escasos a la hora de hacer realidad sus planes. Los costes de construcción de fábricas y edificios industriales han aumentado un 40% en cuatro años, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. La planta de chips de Samsung Electronics en la localidad tejana de Taylor superaba en 8.000 millones de dólares (7.000 millones de euros) las estimaciones iniciales el año pasado. Encontrar suficientes trabajadores cualificados también es un problema, y es una de las razones por las que se ha retrasado la segunda fábrica de chips de TSMC en Arizona.

Aunque el valor de las subvenciones disminuye, medido en poder adquisitivo, su demanda está al rojo vivo. El Departamento de Comercio declaró en febrero que los fabricantes de chips avanzados solicitan 70.000 millones de dólares de ayuda, es decir, aproximadamente el doble de lo disponible. El hecho de que haya más invitados que pastel es preocupante, sobre todo en una industria, la de los semiconductores, conocida por sus históricos auges y caídas. Japón, Europa y China están llevando a cabo sus propias campañas nacionales de fabricación de chips.

Los problemas a los que apuntan estas subvenciones son reales. Es innegable que las infraestructuras estadounidenses están infrainvertidas y sobrecargadas. En chips, Estados Unidos produce alrededor del 10% de los semiconductores del mundo y ninguno de los más avanzados, y las nuevas inversiones lo sitúan en la senda de producir el 20% de todos los chips lógicos avanzados para 2030. Pero la realidad de la inversión subvencionada, con sobrecostes y pensamiento gregario, es complicada. El riesgo es que algunas de las ayudas se queden cortas y otras funcionen demasiado bien.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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