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Escrito en el agua
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La incertidumbre política proyecta su sombra sobre la marcha de la economía

Los empresarios la consideran el obstáculo más importante, reforzado por la falta de Presupuestos y sus efectos sobre déficit e inversión

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Alberto Ortega (Europa Press)

El Gobierno quita importancia a la falta de Presupuestos para este año con una frivolidad preocupante, pero la tiene y mucha. Amén de que las Administraciones públicas estén maniatadas sobre unos ingresos que se acercan al 40% del PIB y unos gastos que lo superan con creces, la renuncia a elaborar las cuentas de este año revela la escasa capacidad del Ejecutivo de coalición para ejecutar una política económica, sea mejor o peor, y lo cambiante que puede ser cuando su futuro depende de tres convocatorias electorales encadenadas en primavera y de estar en manos del humor de media docena larga de partidos con intereses políticos, ideológicos y prácticos diferentes, divergentes y excluyentes.

Gobernar con la precariedad con que lo hace el Partido Socialista mina cada día la credibilidad de sus arriesgadas y atrevidas políticas, y a la postre ha secado la de aquellas que sostienen la política económica, que gira alrededor de los Presupuestos Generales del Estado. Ya era arriesgado pretender vivir una legislatura entera con la aprobación de una única ley de Presupuestos, la del ejercicio de 2024, para prorrogarla un par de veces si el humor de los socios de Pedro Sánchez se volvía corrosivo. Pero es también mala idea echar todos los dados a que las cuentas de 2025 saldrán adelante, porque lo que hoy es blanco para todos sus socios, puede ser negro a la vuelta de unos meses para algunos de ellos.

En términos prácticos, gobernar sin Presupuestos es como hacerlo sin hoja de ruta definida, con una mano atada a la espalda, como si se estuviese en funciones, sin poder atender las grandes decisiones que demanda la marcha de la economía en el momento en que, apenas recompuesta la situación tras la pandemia, los socios europeos ahora, y los mercados financieros en no mucho tiempo más, exigirán un comportamiento riguroso de las finanzas públicas, que han vivido la vida loca durante cuatro años. En todo caso, ocasión pintiparada para echar mano del instrumento normativo más abusado en la última legislatura, como es el real decreto-ley.

Con esta situación, en condiciones normales no se podrán mover los impuestos, aunque sí lo harán los gastos echando mano de decretos de urgencia a los que se apuntará toda la Cámara de Diputados. Pero España tiene que llevar este año el déficit fiscal desde el 4% del PIB actual al 3%, y hacer un ajuste en sus cuentas de 35.000 millones en cuatro años, sea vía ingresos o vía gastos. Podría hacerlo en siete, pero precisaría de un compromiso firme de reformas ante la UE, que con este panorama político no puede prometer.

Pero ya antes de conocerse que el país tendrá que arreglárselas este año sin Presupuestos, la presión de la incertidumbre política sobre la economía era muy elevada. A nivel público, el único que entienden los políticos, puede tratarse de una percepción muy difícil de atrapar e interpretar; pero a nivel empresarial, las más de 6.500 compañías que respondieron a la última Encuesta a las empresas españolas sobre la evolución de su actividad, que realiza el Banco de España cada trimestre, siguen identificando la citada incertidumbre sobre la política económica como el obstáculo más determinante a la hora de tomar decisiones de inversión. Una percepción que corrobora también el informe Perspectivas España 2024, elaborado por KPMG y la patronal.

Una variable que puede parecer más líquida que otras, pero hay más empresas que señalan este asunto como precautorio para la inversión ahora en España que la propia carestía de la financiación, la falta de mano de obra cualificada o los problemas de los precios energéticos y laborales. Nada menos que seis de cada diez empresarios (el 58%) consideran la incertidumbre sobre la política económica como el primer factor condicionante de la actividad, una proporción del empresariado que se ha incrementado en los últimos trimestres.

El informe de Perspectivas España 2024, publicado ayer mismo en este periódico, se parece a la encuesta del Banco de España en sus resultados como dos gotas de agua. Revela que casi la mitad de los empresarios (44%) señala la incertidumbre política como una de las amenazas fundamentales para la economía, y dos consecuencias ahijadas suyas (la inseguridad jurídica y los cambios regulatorios) también como potenciales amenazas. De resultas de ello, casi la mitad de los empresarios admite que no acometerá incrementos de la inversión este año.

Como lo escrito en el agua tiene una presencia efímera, volveremos sobre ello más adelante. Pero conviene anticipar que la inversión es la variable más enferma de la demanda nacional en este ciclo, y no ha recuperado aún los valores previos al bajonazo de la pandemia. El ciclo se mueve al ritmo del consumo, más del público que del privado, pero su longevidad languidecerá si no hay un relevo temprano de la inversión.

Las dificultades propias de la coyuntura impactan en porcentajes más limitados, y lo hacen de forma diferente en cada sector de actividad, puesto que son más cíclicos, mientras que la incertidumbre sobre las decisiones que emanan de la política se ha convertido en un desestabilizador estructural.

El Gabinete Sánchez está respaldado por siete partidos políticos de corte muy heterogéneo, más el apoyo de tres grupos con un solo representante (incluido Ábalos), y sus intereses son las más de las veces contrapuestos, especialmente en materia económica, y abiertamente irreconciliables y paralizantes cuando llega la disputa electoral, que se ha convertido en algo cuasi permanente por el fraccionamiento de los procesos en las diferentes escalas de la Administración. Cada elección, como es lógico, afecta mucho al territorio al que se circunscribe, y no poco al resto del país.

En lapsos temporales del pasado, con Gobiernos en funciones y limitación en sus decisiones, algo que se ha convertido en habitual en España, los efectos sobre el crecimiento han sido limitados; pero el encadenamiento de episodios de incertidumbre ha elevado la cautela de los empresarios que ahora reflejan las encuestas. El efecto negativo de tal incertidumbre puede ser limitado, pero, admitiendo que la fragmentación política es hija de la crisis, de las libres decisiones de la ciudadanía y de la ley electoral, conviene hacer un ejercicio proyectivo de cuán vitamínica para la inversión sería la ausencia de incertidumbre. Los grandes saltos en el crecimiento en el pasado han surgido siempre a resultas de periodos prolongados de mayorías políticas, de uno y de otro signo.

José Antonio Vega es periodista

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