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Tribuna
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Mujeres en las TIC: en busca del tesoro perdido

La formación profesional lleva años presentándose como la pieza para resolver algunos de los rompecabezas de nuestro sistema educativo y laboral, como el abandono educativo temprano o la tasa de desempleo juvenil

teletrabajo. ley de conciliación de la vida personal, familiar y laboral
Una mujer trabajando frente a la pantalla de su ordenadorFG Trade (Getty Images)
Lucía Cobreros

Durante la infancia todos y todas fantaseamos con nuestra profesión anhelada. A los cinco años las niñas aspiran más a carreras que implican el cuidado de otras personas (profesoras o médicas) y los niños tienden hacia profesiones tradicionalmente dominadas por hombres (policía o bombero). Pero donde no existen expectativas diferenciales es en carreras científico-tecnológicas. Sin embargo, en la adolescencia, a las puertas de elegir el grado de Formación Profesional (FP) o la rama de Bachillerato, tan solo el 1,3% de las chicas de 15 años se proyecta en una ocupación en Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) a los treinta, frente al 10,3% de los chicos.

La evidencia demuestra que estas aspiraciones, condicionadas por los estereotipos de género transmitidos en el hogar, la escuela y más allá, se vuelven elecciones ante los itinerarios formativos, guardando una fuerte relación con las carreras perseguidas en el futuro. Por ello, no debería sorprendernos que solo el 15% de las personas matriculadas en el grado universitario de Informática en 2022 fueran mujeres. Aún más increíble (y desconocida) es la proporción de mujeres matriculadas en FP en los ámbitos de electrónica o TIC: en el Grado Medio de Sistemas microinformáticos y redes, solo el 7% de las personas matriculadas son mujeres; en los grados superiores de Sistemas de telecomunicaciones e informáticos o Desarrollo de aplicaciones, estos porcentajes ascienden al 9% y 10%.

“Cada cual elige su camino”, dirán algunos. Sin entrar siquiera a profundizar en los factores sociales que condicionan estas decisiones, o el valor intrínseco que tiene la igualdad y la diversidad en cualquier ámbito, lo cierto es que resulta cuanto menos llamativo que las profesiones TIC se presenten como una gran fuente de oportunidades, con una elevada proyección de empleo y mejores condiciones laborales, pero las mujeres no estemos ahí.

Las ocupaciones TIC son el futuro: han aumentado un 56% durante la última década, lo que representa casi cuatro veces más que la subida del empleo total, siendo esto solo el preludio: el mayor crecimiento relativo del empleo para 2035 en la UE se espera en el sector de servicios TIC. Aun con este incremento, y a pesar de que los graduados universitarios en carreras de informática tienen la segunda tasa de desempleo más baja cinco años tras su graduación (poco más del 2%), España destaca por la carencia de especialistas TIC, que representan las ocupaciones con mayor escasez. Mientras el 12% de los empleos demandados online son de especialistas TIC, el 32,8% de las empresas declara que tiene dificultades para contratar estos perfiles.

Estos puestos de trabajo tienen, además, mejores condiciones, y son una herramienta para reducir la brecha salarial: la remuneración media es más alta que en empleos que requieren cualificaciones igualmente avanzadas, y la diferencia entre hombres y mujeres es menor. Cojamos los grados del área de informática: en España, cinco años después de haberse graduado, solo un 3,5% de los egresados están entre el 20% de asalariados que menos cobra, y 36% en el que más. En el conjunto de la UE, según el último dato disponible, el 38% de las mujeres y el 46% de los hombres en empleos TIC estaban en el top 20% de ingresos; en el resto de los empleos, estas cifras descendían al 12% y 27%.

Sin embargo, al menos en parte como consecuencia de la brecha que se abre desde la infancia, las mujeres no estamos ahí. Si bien tanto el número de mujeres como de hombres en empleos TIC ha aumentado sustancialmente en la última década (54,1 mil y 261 mil ocupadas y ocupados más), la proporción en España hoy es la misma que hace 10 años: de cada 100 empleos TIC, solo 18 están ocupados por mujeres. Si combinamos empleo y formación, solo el 17% de las personas ocupadas que han recibido educación TIC son mujeres, habiendo disminuido este porcentaje ligeramente en la última década.

En suma: la presencia de mujeres en el que se presenta como uno de los ámbitos más prometedores del mercado laboral está estancada. Pero donde hay brechas por cerrar, también se abren caminos. El de los estereotipos de género desde la infancia y en la adolescencia parece nítido, e interpela a las instituciones y a todos los agentes educativos. Es el primero, pero no el único. España es el país de la UE-27 donde más personas empleadas en TIC tienen educación terciaria: 83% frente al 40% de países como Italia o al 64% de Portugal. A colación, Cedefop destaca una particularidad de nuestro país: las perspectivas de empleo son mucho mayores para técnicos TIC que para profesionales, es decir, para personas graduadas en esos ciclos de FP en los que las mujeres están enormemente infrarrepresentadas.

La FP lleva años presentándose como la pieza para resolver algunos de los rompecabezas de nuestro sistema educativo y laboral, como el abandono educativo temprano o la tasa de desempleo juvenil, y parece ser capaz de llenar el hueco que falta en las ocupaciones TIC. Pero, para que sea parte de la solución y no ahonde en las brechas, resulta primordial que estos ciclos sean percibidos como una opción atractiva y viable también para las mujeres. El sector público y las empresas deben establecer una colaboración más estrecha en este campo mediante programas de orientación, mentorías o role models que incluyan perfiles femeninos y, por supuesto, prácticas laborales que aseguren entornos inclusivos. Y no sólo en FP. Sector privado y público —mediante sus hasta ahora ineficaces políticas activas— deben apostar por una formación intensiva en contenidos TIC más alineada con las demandas empresariales y centrada en abrir puertas para todas y todos, orientada a su vez tanto a personas que deseen reciclarse y acceder a mejores condiciones como a captar nuevo talento. Evitando, en resumen, que esta posibilidad de progreso se convierta en otra oportunidad perdida para la igualdad de género en el mercado laboral.

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