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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La factura creciente de la fuga (y el desperdicio) de cerebros

España resulta uno de los países menos afectados, a pesar del repunte desde 2008, pero es líder en la infrautilización de trabajadores de alta capacidad

Farmacia
David Zorrakino / Europa Press (Europa Press)

Por las implicaciones económicas, sociales, políticas y territoriales que encierra, la fuga de cerebros presenta, para cualquier país o territorio, una singular relevancia. El tema no es nuevo: fuga de cerebros o fuga de talento ha existido siempre a lo largo de la historia y, normalmente, siempre ha presentado la misma trayectoria: ir de los territorios menos prósperos y con menos perspectivas de futuro hacia los más prósperos y con más expectativas. Este hecho ha acabado favoreciendo los desequilibrios territoriales y alimentando el círculo vicioso del declive económico y demográfico en los primeros espacios y el ciclo virtuoso del desarrollo y del crecimiento en los segundos.

La primera vez que se habló de fuga de talento fue para lamentar, tras la Segunda Guerra Mundial, y ya en la década de 1960, la fuga de cerebros (brain drain) desde Inglaterra a Estados Unidos. Le siguió la preocupación en los actuales países del sur global por la emigración de su personal más formado hacia sus antiguas metrópolis.

Ejemplos conocidos de fuga de cerebros masivas son las de los chinos y los indios en Silicon Valley, muy ligadas al mundo de las TIC, la de los indios en la City financiera de Londres o la de titulados universitarios altamente cualificados en París procedentes de las antiguas colonias, singularmente africanas.

Como apunta algún estudioso del tema, está apareciendo y consolidándose en el mundo una nueva clase de capitalista transnacional de profesionales cualificados altamente móviles que se sitúa por encima de las regiones, de los países e incluso, añadimos, de los continentes.

A fin de entender la fuga de talento en toda su dimensión, es preciso analizar el tema a diferentes escalas: desde la rural a la urbana, desde las provincias y regiones menos desarrolladas a las más desarrolladas, desde los países más pobres a los más ricos.

En España la fuga de cerebros aparece socialmente percibido como un problema muy relevante, pero según datos del DIOC (Database on Immigrants in OECD and non-OECD Countries) de la OCDE, recientemente analizados y elaborados por el investigador social José Blanco, de la Universidad de Santiago de Compostela, España aparece como uno de los países menos afectados por la fuga de cerebros, a pesar del preocupante repunte experimentado en los últimos años.

Respecto a España, qué es el tema que nos ocupa, se constan varios hechos:

Primero: a escala internacional, la fuga de talento en nuestro país nunca ha sido muy importante, aunque hay que señalar que se disparó después de la crisis de 2008, tras la cual se ha demostrado que, mientras, de una parte, se ralentizan nuestras entradas de inmigrantes cualificados; de otra, se disparan nuestras salidas de este grupo de migrantes.

Segundo: casi nueve de cada diez emigrantes españoles cualificados tiene como destino algún país de la OCDE; sin embargo, hace dos décadas eran siete de cada diez.

Tercero: en el último año para el que se dispone de información estadística relevante fueron 323.000 personas el stock de emigrantes internacionales cualificados procedentes de nuestro país.

Cuarto: a pesar de estos valores, según la investigación universitaria citada, la comparativa internacional nos permite comprobar que España en realidad es uno de los países menos afectado por la fuga de cerebros en el contexto de los países de la OCDE: nuestro valor es 3 de cada 100 y está lejos del 20% de países como Irlanda, Polonia o Islandia

Quinto: en relación con los países que más incrementan la tasa de fuga de cerebros, figura España, junto con Grecia, Italia y Portugal, y la mencionada Polonia, que es la que presenta el valor más alto. En el caso español, el incremento fue para ser exactos de casi el 40 %. Este dato convierte a nuestro país en el campeón en cuanto a la infrautilización global de las capacidades de los trabajadores formados altamente cualificados. Con más de 30%, España encabeza la tasa de sobrecualificación de la población empleada con estudios superiores en el período 2000/ 2015. Así pues, es preciso señalar junto al brain drain el llamado brain wast (obvia traducción del término).

Pero lo realmente relevante respecto al tema que nos ocupa de la fuga de talento a escala interprovincial o interregional es el escalofriante dato del último censo de población disponible de que existen 2,2 millones de españoles cualificados residiendo fuera de su provincia de origen, lo que significa uno de cada cuatro emigrados. Actualmente, la cifra puede acercarse a uno de cada tres.

Finalmente, los datos del censo citado permiten concluir que las diferencias interprovinciales de estas personas con titulación universitaria son altísimas: los menores porcentajes de emigración de intranacional de fuga de cerebros se da en Santa Cruz de Tenerife (factor insularidad), con el 8%, y la máxima en Soria (factor continentalidad), con el 60%. De otra parte, el valor de la fuga de cerebros interna o intranacional es muy superior a la externa o internacional, sin duda por razones geográficas, de lengua y de cultura.

Asimismo, se constata que las provincias interiores presentan los valores más altos de fuga de cerebros. Madrid (en realidad su área metropolitana) sigue jugando respecto a la Meseta el papel de papel secante (permítasenos la metáfora y el inocente juego de palabras). A la vez que las provincias costeras del ámbito mediterráneo presentan los valores más altos como espacios de recepción de “inmigrantes altamente cualificados”. Por el contario, las provincias de los ámbitos cantábrico y atlántico presentan los valores más bajos, llegando a ser en algunos casos negativos.

Este hecho tiene una gran repercusión en la distribución de la renta y, a la vez, condiciona altamente el futuro de unos y otros territorios. Por más que sea preocupante -por mediática- nuestra creciente fuga de cerebros a escala internacional, lo es más -por silenciosa, crónica y, pareciera, que estructural- la fuga o emigración de titulados universitarios a escala intranacional, destacando de entre todas las regiones Castilla y León, perfilada, a juzgar por los datos de que disponemos, como una verdadera fábrica de talento para el resto de España.

Pedro Reques es Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria

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