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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El ‘Dexit’ perjudicaría más a Alemania que el Brexit a Gran Bretaña

La industria argumenta que una de cada diez patentes procede de especialistas con raíces extranjeras y que la salida de la UE o la vuelta al marco alemán hundirían a un país sumido en un ‘burnout’ colectivo

Manifestaciones Alemania
LIESA JOHANNSSEN (REUTERS)

¿Adiós, Deutschland? El Dexit, vía referéndum, y la vuelta al marco alemán son algunos de los proyectos de la ultraderecha en auge en Alemania (en Sajonia es ya la primera fuerza en intención de voto). Aunque la economía desconfía profundamente del giro político a la extrema derecha registrado en los sondeos, Alemania está cuantificando sus propuestas programáticas como la salida de la UE y las consecuencias para su economía. La reunión en Potsdam de miembros del partido Alternativa para Alemania (AfD) con neonazis para urdir un plan para “deportar a millones de migrantes y ciudadanos no asimilados”, ha hecho reaccionar a la economía germana. El Instituto IW, think tank financiado por empresarios y asociaciones de la industria, habla del riesgo de ruina económica. Y el independiente DIW, el mayor instituto de investigación económica alemán, del desmantelamiento del modelo de bienestar alemán. También los directivos de empresas del índice bursátil Dax, las asociaciones de la industria e investigadores económicos expresan estos días su temor por el viraje que supondría un Gobierno manejado por el partido AfD, eurófobo, racista y xenófobo. El Dexit perjudicaría más a Alemania que el Brexit a Gran Bretaña, según cálculos del IW. El Brexit ha supuesto una caída del 6%; es decir, de 163.000 millones de euros anuales. El independiente Office for Budget Responsability (OBR) pronostica una caída a largo plazo del 4% del PIB británico por su salida de la UE. El Dexit y la vuelta al marco alemán provocarían un daño todavía mayor en un país que vive del extranjero y de extranjeros (casi el 25% de la población no procede de Alemania, según datos de la oficina federal de estadística).

AfD, dominado por su ala extrema, carece de competencia económica, advierte Michael Hüther, jefe del IW. El partido defiende un programa proteccionista “contra la desindustrialización de Alemania provocada por el canciller Olaf Scholz”, y propone el Dexit y la vuelta a la moneda nacional. La jefa de AfD, Alice Weidel, plantea una unión de Estados soberanos y la salida de la UE por referéndum, siguiendo el modelo británico.

El espectacular salto del partido (del 10,3% en las últimas elecciones parlamentarias al 20,3% actual (encuesta dawum 29.1.24)) se explica, en parte, por el burnout colectivo o la crisis emocional que sufre el país. Va de la preocupación por el futuro; pero también de cómo encajan en esta crisis los casi tres millones y medio de refugiados que viven en Alemania (1,1 son de Ucrania). El último trimestre de 2023 su economía se contrajo un 0,3% y en los primeros tres meses de 2024 caerá probablemente en recesión. AfD es popular en las regiones más afectadas por la transformación económica. “Factores como la inseguridad ante el futuro y el estancamiento económico llevan a la gente al populismo”, deduce el Instituto IW, que ha calculado que los planes de AfD costarían 2,2 millones de empleos. Solo la salida de la UE implicaría una caída del crecimiento económico del 6% en pocos años. “Representaría una pérdida en torno a los 500.000 millones de euros; es decir, de varios miles de euros por persona.” Ningún otro país se ha beneficiado tanto de las exportaciones al mercado interior europeo como Alemania. En el mismo sentido se expresa, Marcel Fratzscher, jefe del DIW, quien opina que el Dexit y la vuelta al marco desmontarían su modelo económico y llevarían al paro a millones de personas, sobre todo en la industria.

Pero no todo lo que propone AfD es rechazado automáticamente por Berlín. La ultraderecha quiere reducir el Estado social y tachar la ayuda social a quienes se nieguen a trabajar. Ahora el tripartito rojiverde y liberal del canciller Scholz baraja medidas para imponer mayores sanciones a quienes eluden responsabilidades frente a las oficinas de empleo. AfD quiere también limitar más la protección al inquilino o congelar el sueldo mínimo, y eliminar los impuestos de sucesiones, la contribución y el de la solidaridad. Eso costaría al Estado 37.000 millones de euros. Un dinero que dejaría de pagar sobre todo el 10% más rico.

También el BDI, la asociación de la industria, denuncia que el auge de AfD no es solo una cuestión ética, sino económica. Más advertencias llegan de la primera figura de la investigación económica alemana, Clemens Fuest, jefe del Ifo, un think tank independiente. Fuest ve el Dexit como “muy problemático” y califica los argumentos nacionalistas y proteccionistas de absurdos, porque impactan en el corazón del modelo de negocio alemán. También critica la postura de AfD a favor de Putin, porque contradice los intereses fundamentales de Alemania. Y respecto a la actitud de los inversores globales, comenta: “Solo de pensar que un partido de este tipo tenga influencia en nuestra política exterior pone los pelos de punta a los inversores extranjeros.”

Hasta ahora la economía apenas había intervenido en el debate político generado por el auge de AfD. El encuentro en Potsdam, en el que se habló de remigración forzada (remigration) y deportación, ha disparado las alarmas. El instituto de investigación del trabajo, IAB, de carácter público, teme que aumente la xenofobia contra los extranjeros que ya viven y trabajan aquí. Una de cada diez patentes en Alemania la firma un especialista de origen extranjero.

“Los planes de AfD no solo son inmorales, sino que arriesgan nuestro bienestar”, dice Christian Bruch, jefe de Siemens Energy. A Jochen Hanebeck, responsable de Infineon, le preocupa el futuro del Silicon Valley alemán en la ciudad de Dresde. La coreana TSMC y la americana Intel van a construir en Dresde y en Magdeburgo fábricas de chips en las que trabajará gente de todo el mundo. Qué pasaría si la ultraderecha se convirtiera en la primera fuerza política en Dresde (Sajonia) o en Magdeburgo (Sajonia-Anhalt). En Sajonia alcanza ya el 34% en intención de voto. En Sajonia-Anhalt es con el 27,5% el segundo partido tras los democristianos (28,5%).

Berlín no tiene una estrategia clara frente a la ola proteccionista y antiglobalización. Hüther concluye que la solución pasa por ofrecer perspectivas de inversión y crecimiento y una política industrial orientada al futuro. “De AfD no se puede esperar soluciones convincentes. Podría ser que una vez en el Gobierno, AfD tirara por la borda todo su programa económico, porque es un partido poco o nada programático, pero tampoco eso supondría un alivio, ya que lo que aúna al partido es la xenofobia.” Tampoco a Boris Johnson le importó nunca la economía británica en sus planes de salida de la UE. Cuando se le reprochó, su respuesta fue clara: “fuck business”.

Lidia Conde es periodista y analista de economía alemana

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