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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Es hora de que la UE ayude a su industria de paneles solares

El bloque podría contribuir convirtiendo las subvenciones a los combustibles fósiles en apoyo a la tecnología verde

paneles solares
Agencia Getty (LightRocket via Getty Images)

La industria europea de paneles solares está bajo una nube negra. La advertencia de la suiza Meyer Burger el martes de que podría cerrar la mayor planta fotovoltaica del continente es un grito de socorro. La UE podría ayudar convirtiendo las subvenciones a los combustibles fósiles en ayudas verdes.

La industria europea de paneles, ya de por sí pequeña, corre el riesgo de desaparecer. La cotizada Meyer Burger amenaza con trasladar toda su producción al mercado de EE UU, más rentable. Los aranceles introducidos por Washington y Nueva Delhi para proteger sus industrias de paneles han impulsado a los operadores chinos a deshacerse de su exceso de capacidad en Europa. Si Alemania no aprueba un paquete de apoyo al sector en febrero, Meyer Burger levantará el campamento.

Puede ser una táctica de negociación, pero sus problemas son una consecuencia concreta de la inacción de los Gobiernos. Aunque la tecnología se inventó en Occidente, las firmas chinas dominan toda la cadena de suministro. Sintiendo la amenaza, EE UU está ofreciendo miles de millones en incentivos a las empresas dispuestas a fabricar tecnologías verdes allí.

La respuesta de Europa ha sido inadecuada. La Ley de Industria Cero Neto, aún por aprobar, exigirá que el 40% del contenido de las tecnologías verdes estratégicas se fabrique en Europa para 2030. Para entonces, las pocas firmas solares europeas que queden pueden haber quebrado. Alemania, por su parte, ha suspendido algunos planes de subvenciones verdes tras incumplir un freno a la deuda autoimpuesto al gasto público.

La UE podría simplemente renunciar a la tecnología, argumentando que subvencionar industrias en dificultades no contribuye a crear una economía competitiva. Pero hay una solución mejor. Europa dedica gran parte de sus ayudas energéticas a los combustibles fósiles. Como ha demostrado la guerra de Ucrania, eso no garantiza la independencia energética. Entre 2015 y 2021, los incentivos, incluidas las medidas de apoyo a los precios, las exenciones fiscales y las transferencias directas para gas y petróleo, se situaron en 55.000-60.000 millones de euros anuales, un cuarto de las subvenciones energéticas de la UE, según un informe de la Comisión Europea. En la reciente crisis energética, las ayudas a los combustibles fósiles se dispararon hasta los 123.000 millones, el 32% del total, frente a los 25.000 millones destinados a la solar.

Un plan alemán que pudiera llevar a Meyer Burger a dar marcha atrás costaría menos de 500 millones al año, según la asociación local de la industria solar. Retirar fondos de los dañinos combustibles fósiles para apoyar tanto un mundo limpio como un camino hacia la independencia energética parece una solución sensata a largo plazo.

Biocombustibles

El impulso mundial para sustituir los motores de combustión por eléctricos amenaza con socavar a los biocombustibles. Este año, aviones y barcos abrirán una nueva vía para los propulsores fabricados a partir de alimentos y residuos animales y vegetales: podría ser un balón de oxígeno para grandes petroleras como BP, Total y Eni, y beneficiar a Occidente.

Según EE UU, el biodiésel puede reducir las emisiones de CO2 en un 75% respecto a su equivalente fósil. Petroleras como la pionera finesa Neste han apostado por los biocombustibles como una forma de usar su capacidad de refinado de forma menos contaminante. Pero los biocombustibles recibieron un duro golpe en marzo, cuando los Estados de la UE decidieron no excluirlos de la prohibición prevista para 2035 de los vehículos de combustión, dada la preocupación por la cadena mundial de suministro de alimentos. Los autobuses y los vehículos comerciales también están adoptando la vía eléctrica, sobre todo en China, donde más del 95% de los camiones pesados fabricados en 2021 estaban equipados con baterías de litio.

Pero propulsar barcos y aviones requiere tanta energía que las baterías eléctricas son poco prácticas. Eso da una nueva vida a los biocombustibles. El uso de combustible de aviación sostenible (SAF) hecho a partir de residuos y capaz de soportar temperaturas extremadamente bajas parece la única opción de energía limpia para los aviones: el hidrógeno y el amoníaco son potencialmente explosivos o venenosos. El uso de materias primas no comestibles, como las semillas de ricino, en vez de maíz o caña de azúcar, debería de contribuir a aliviar los problemas de seguridad alimentaria.

Con unos 200 millones de euros, el mercado de SAF es casi inexistente. Pero la regulación forzará una adopción radical. La iniciativa ReFuelEU Aviation de la UE, aprobada en octubre, exige que el combustible sostenible constituya el 70% de los propulsores de las aerolíneas para 2050, mientras EE UU prevé el 100%. Según SFS Ireland, el mercado mundial podría alcanzar 50.000 millones en 2030 y 500.000 millones en 2050.

Esto allana el camino para una aceleración de la demanda, que beneficiará a los actores con experiencia. India, que acaba de presidir el G20 y que aspira a convertirse en un centro de refinado de combustibles sostenibles, ha puesto en marcha una Alianza Mundial de Biocombustibles de 19 países. Pero Europa parece un ganador más obvio: aportó el 60% de la producción en 2022. Eni, tercer productor mundial, prevé que la demanda aumente hasta 45 millones de toneladas métricas anuales en 2030, frente a los cerca de 10 millones de 2022.

Acaparar suficiente materia prima para mantener el ritmo de la creciente demanda, sin comprometer el suministro de alimentos, seguirá siendo un reto. Los analistas estiman que la producción será probablemente un tercio inferior a la prevista por Eni. Aun así, esto podría mantener altos los márgenes y mejorar la perspectiva de que las empresas del sector puedan disgregarse y cotizar a valoraciones decentes.

Un país relativamente rezagado, en contraste con su vertiginoso crecimiento en movilidad eléctrica, es China. Aunque Pekín anunció algunos proyectos piloto de biocombustibles en noviembre, el consumo es relativamente escaso. Este año, los grupos occidentales tienen la oportunidad de lanzarse a una tecnología verde que la República Popular aún no domina.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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