Nueva era para los emergentes: estabilidad, potencia tecnológica y respaldo de la minería
Mercados como Corea del Sur, Taiwán o Brasil se consolidan en las carteras y resisten la incertidumbre del mandato de Trump y las recientes dudas sobre la monetización de la IA


Las crecientes dudas sobre el futuro económico y político de Estados Unidos y del resto de países desarrollados están redirigiendo la atención de los inversores hacia las economías emergentes. Tras años de estar relegadas a un papel complementario en las carteras globales, el mercado ahora parece apostar por naciones en desarrollo que han demostrado disciplina fiscal y un crecimiento respaldado por el sector tecnológico o los minerales. Así lo retrata el índice MSCI Emerging Markets, que en lo que va de año acumula un alza del 21%, superando tanto al S&P 500 como al MSCI World, con ganancias del 13%. Si bien las altas valoraciones y las dudas sobre la monetización de la inteligencia artificial hicieron tambalear los principales índices asiáticos a finales de julio, los expertos consideran que la industria de los semiconductores seguirá creando oportunidades en renta variable en países como Corea del Sur y Taiwán. Mientras tanto, en Latinoamérica y África las apuestas se vinculan más a la renta fija, sostenidas por la demanda de minerales como el cobre y el hierro, que sostienen la revolución tecnológica.
La etiqueta de emergentes, ampliamente utilizada por la industria de la gestión de activos, engloba a un amplio abanico de países con características muy diferentes, desde el desarrollo de la tecnología y la inteligencia artificial de Corea del Sur —que asemeja su mercado bursátil con el Nasdaq— o el peso de la minería en Chile o Sudáfrica. Pero un factor que contribuye al renovado interés en estas regiones es que la volatilidad relativa de los mercados emergentes y los desarrollados se ha igualado en los últimos años, lo que refleja una mayor estabilidad macroeconómica. Y la búsqueda de diversificación más allá de Estados Unidos está dirigiendo el capital a otras y muy diversas latitudes. “Los balances han mejorado, y el apalancamiento corporativo es ahora significativamente menor que en EE UU. Muchos países también mantienen posiciones externas sólidas, respaldadas por mayores reservas de divisas y mejores posiciones de inversión internacional netas”, declara Alex Smith, especialista en inversiones de renta variable de Aberdeen.
En esa misma dirección apunta Pramol Dhawan, director de mercados emergentes de Pimco, que considera que estos mercados se están consolidando como una herramienta genuina de gestión de riesgos. “Los responsables de la política económica en los mercados emergentes han dedicado años a construir la credibilidad y la disciplina fiscal que antes se daban por sentadas solo en los mercados desarrollados, y esto comienza a reflejarse en las cifras. La inflación en los mercados emergentes se encuentra ahora por debajo de la inflación estadounidense por primera vez en la historia, incluso con los altos rendimientos reales mantenidos por los bancos centrales”, explica Dhawan.
Asia, enfocada en la tecnología
El segmento tecnológico asiático sufrió un duro golpe en julio, con marcadas caídas en los índices nacionales. Entidades como Goldman Sachs habían advertido que los retornos reales de la IA podrían tardar mucho más de lo esperado en reflejarse en los flujos de caja, una preocupación que se amplificó tras la publicación de los altísimos costes que gigantes como Alphabet o Microsoft están asumiendo en este ámbito. No obstante, los analistas coinciden en que todavía existe potencial en los índices emergentes. Rushil Khanna, responsable de inversiones en renta variable asiática de Ostrum AM, filial de Natixis IM, argumenta que los países asiáticos han logrado desarrollar capacidades que impulsan la revolución digital, con “monopolios globales vitales” y una rentabilidad corporativa que ha aumentado hasta un 40% en la última década. Asimismo, subraya que el crecimiento de los beneficios previsto para Asia, excluida Japón, en 2026 y 2027 es el más alto del mundo (59,2% y el 25,8%, respectivamente). “Las acciones de mercados emergentes asiáticos han superado a las acciones globales por segundo año consecutivo, tras 15 años de bajo rendimiento. Los catalizadores han sido una combinación de crecimiento de las ganancias, valoraciones atractivas y una rotación fuera de la renta variable estadounidense a medida que el posicionamiento de excepcionalismo de EE UU ha comenzado a desvanecerse”, explica el experto de Ostrum.
Los semiconductores han sido una industria clave para la Bolsa de Corea del Sur, con características propias que desmarcan al país del resto de los emergentes. Hugo Bain, gestor de Pictet AM para mercados emergentes, resalta que Corea ha sido el mercado regional de mayor revalorización, ayudado por el alza de los precios de los chips y por un superávit comercial que alcanzó un récord del 17% del PIB en mayo, frente al 1,7% de enero de 2025. Entre los valores que destaca el especialista, figuran compañías como Samsung Electronics, el holding surcoreano SK Square, SK Hynix, la taiwanesa Hon Hai Precision Industry y MediaTek; y entre las posiciones iniciadas, las taiwanesas Vanguard International Semiconductor y la australiana Viridis Mining (por su exposición a las tierras raras fuera de China).
Ante esta coyuntura, desde Capital Group destacan que, al igual que las “siete magníficas” lideran el S&P 500, siete compañías tecnológicas dominan los emergentes. Se trata de las “siete emergentes”, las mayores empresas del MSCI Emerging Markets por capitalización, que suman el 36% del índice y que, a diferencia de las estadounidenses, cotizan a valoraciones más bajas. Entre ellas, la gestora sitúa a algunos de los nombres ya mencionados como Samsung Electronics y SK Hynix, MediaTek, pero también a gigantes como Taiwan Semiconductor (TSMC), Delta Electronics, Tencent y Alibaba.
Deuda y minería
En el otro extremo del segmento emergente, la atención se desplaza a la renta fija y los títulos de deuda. Carlos de Sousa, estratega y gestor de carteras de Vontobel, detalla que las calificaciones crediticias han mejorado desde 2023, que hoy hay pocos países en riesgo de impago, y que las balanzas de pago son más favorables que hace cuatro años. “Los retornos han sido atractivos en los dos últimos años, incluso superiores por momentos a la renta variable emergente y además con menor volatilidad”, apunta. La firma además se declara sobreponderada en África, con especial interés por Camerún, por cómo aborda su deuda soberana, y por Nigeria, economía beneficiada como exportadora de petróleo. Además, pese a su ligera infraponderación en Latinoamérica, sitúa a Colombia, Brasil y México entre sus mayores apuestas.
Desde Wellington Management, apuntan a que la garantía de la estabilidad para estas inversiones está en las materias primas. Nanette Abuhoff Jacobson, estratega de multiactivos de la gestora, explica que la fuerte demanda y los elevados precios de metales como el cobre, el níquel y el litio benefician a los exportadores latinoamericanos y africanos y mejoran su salud fiscal, en lo que su firma considera “un superciclo de las materias primas” alimentado por las infraestructuras de IA. “Sus recursos naturales, en particular los metales necesarios para los semiconductores y la inteligencia artificial, impulsan el crecimiento de las exportaciones”, agrega Gillian Edgeworth, gestora de carteras de renta fija en Wellington Management.
Mali Chivakul, economista de mercados emergentes de J. Safra Sarasin Sustainable AM, incide en que los altos precios del cobre y la energía favorecen a los productores brasileños y peruanos, y sostiene que el giro político en la región, con los nuevos líderes de Bolivia, Chile, Colombia y Perú dispuestos a favorecer la inversión privada y a simplificar las trabas a la extracción de minerales estratégicos, “probablemente dará lugar a un nuevo ciclo de inversión”, siempre que la consolidación fiscal comprometida se traduzca en hechos.
Con todo, Brasil emerge como uno de los favoritos entre las gestoras, amparado, entre otros motivos, por la inversión de unos 76.900 millones de dólares que la patronal minera IBRAM prevé entre 2026 y 2030. Lombard Odier resalta que el gigante sudamericano figura ya entre sus mercados de renta variable emergente preferidos, junto a Corea del Sur, China y Taiwán. En la misma línea, Juan Torres y Vera German, gestores sénior de renta variable emergente de Neuberger, citan a la minera de hierro brasileña CSN Mineração como “la joya de la corona” de su cartera, un ejemplo de las oportunidades que, a su juicio, existen más allá de los índices de referencia. Desde enero los títulos de CSN se han revalorizado más de un 13% en la Bolsa de Brasil (BVMF), y otras mineras como Vale o la angloaustraliana Rio Tinto han ganado un 6% y un 20% respectivamente.
Riesgos
Cabe mencionar que algunos de los expertos consideran que la concentración en el sector tecnológico que ha alimentado el rally en Asia puede suponer un riesgo. Melanie Lange, directora de Federated Hermes en Iberia, explica que gran parte de la rentabilidad de 2026 ha venido de un grupo reducido de compañías ligadas a la IA, la memoria avanzada y los semiconductores, sobre todo en Corea y Taiwán. “Algunas compañías parecen baratas en términos de valoración, pero esas valoraciones están apoyadas sobre unos beneficios elevados y potencialmente cercanos a máximos”, advierte, por lo que defiende que “la disciplina en valoración es más importante que nunca”.
Del lado de la renta fija, firmas como Morningstar advierten que los principales mercados de bonos están bajo presión debido a las “masivas emisiones de deuda” relacionadas con la IA, los problemas fiscales y la preocupación por la inflación. A este respecto, hay que recordar que la creciente emisión de bonos corporativos por parte de empresas como Amazon, Alphabet, Microsoft o Meta ha incrementado la oferta en el mercado y también disparado la rentabilidad de la deuda estadounidense, creando mayor competencia tanto para los bonos como para las acciones emergentes.
Asimismo, el fenómeno de El Niño amenaza con alterar las cosechas y encarecer los alimentos, algo que los analistas de Generali AM describen como un potencial nuevo shock de oferta capaz de dificultar la desinflación. Las estimaciones de la entidad italiana apuntan a que un aumento de un grado en la temperatura del Pacífico podría elevar los precios globales de los alimentos hasta un 10% en unos 16 meses, y hasta un 20% con un incremento de dos grados, con el café, el arroz y la soja como productos más expuestos. El golpe sería mucho mayor en los emergentes que en las economías ricas, con un impacto sobre la inflación alimentaria de hasta 7% en los casos más vulnerables. S&P Global Ratings, que califica de elevado el riesgo en economías como China, India, Indonesia, Colombia, Perú, Filipinas, Tailandia y Vietnam, precisa que los sectores más amenazados son el arroz y la generación hidroeléctrica en el sur y el sudeste asiático, el café y la energía hídrica en Colombia o el aceite de palma en Indonesia.