Los mercados emergentes, ejemplo de resiliencia en las actuales crisis
Muchos países han reforzado sus fundamentos macroeconómicos y ganan peso en el nuevo equilibrio económico mundial. Vuelve el atractivo para los inversores con carteras diversificadas, pero siempre siendo muy selectivos


En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, las tensiones comerciales, la volatilidad energética y la reconfiguración de las cadenas de suministro, los mercados emergentes están mostrando una resistencia inesperada. Lejos de actuar como el eslabón débil de la economía global, muchos países han reforzado sus fundamentos macroeconómicos y ganan peso en el nuevo equilibrio económico mundial. Este escenario, unido a unas valoraciones atractivas y buenas perspectivas de crecimiento, está devolviendo el interés hacia las economías en transición para unos inversores cada vez más selectivos.
De hecho, uno de los acontecimientos más llamativos de los últimos meses ha sido su resistencia ante las recientes crisis. “Históricamente, una gran crisis del petróleo se habría traducido en caídas significativas en los valores de los países en desarrollo, pero esta vez no ha sido así. En cambio, los mercados emergentes han entrado en este periodo con unos fundamentos sólidos y una credibilidad política robusta, lo que ha ayudado a esta clase de activos a absorber la volatilidad mucho mejor de lo que muchos esperaban”, resalta Pramol Dhawan, responsable de gestión de carteras de estas áreas en Pimco, quien cree que estos países se ven cada vez menos como una fuente de riesgo y más como una fuente de resiliencia dentro de los portafolios diversificados de los inversores.
Por su parte, Madison Faller, estratega de inversiones globales en JP Morgan Private Bank, apunta que estos están entrando en este nuevo escenario con reservas más sólidas y una economía global más fragmentada, “lo que podría traducirse en un mayor poder de negociación para los productores de recursos y las economías con una industria manufacturera escalable o una ubicación geográfica de importancia estratégica”.
También Mario González, responsable de negocio de Capital Group en España, US offshore y Latinoamérica, cree que muchos mercados emergentes afrontan este periodo con fundamentales macroeconómicos más sólidos que en episodios anteriores de tensión geopolítica. Años de ajuste han dejado a varios países con niveles de deuda más manejables, una inflación mejor anclada y balances externos más sólidos, lo que reduce su vulnerabilidad a las crisis.
“El cambio se refleja en los datos: la ratio deuda/PIB ha caído del 65% en 2022 al 60% actual, la inflación media está por debajo del 4% y los tipos de interés reales en casi todas las economías en transición son más altos que en Estados Unidos”, resume el estratega de JP Morgan Private Bank.
Moneda y riesgos
Dólar. Una moneda norteamericana más débil es un factor neto positivo para los emergentes, creen los expertos, ya que reduce la presión sobre las divisas, mejora las condiciones financieras y facilita el servicio de la deuda en dólares, lo que tiende a apoyar tanto a los activos como a los flujos hacia la región. Sin embargo, según Gorky Urquieta, gestor y codirector del equipo de deuda de mercados emergentes de Neuberger, esta moneda lleva en un superciclo alcista desde 2014. De ahí que “muchas divisas de países en transición hayan rebotado con fuerza en 2025 y no están tan infravaloradas como hace un año o dos, aunque el efecto de revalorización real ha sido más moderado que el del propio dólar, que en términos históricos de largo plazo sigue pareciendo muy sobrevalorado”.
Divisas. En opinión de Álvaro Fernández, coresponsable del negocio España y Portugal de Capital Group, “la perspectiva para las divisas emergentes sigue siendo constructiva, si bien las valoraciones resultan menos atractivas tras la apreciación reciente. Los elevados diferenciales de tipos frente a Estados Unidos, la mejora de los términos de intercambio para algunos exportadores de materias primas y un sesgo hacia un dólar más débil deberían seguir apoyando a determinadas divisas a medio plazo”.
Riesgo geopolítico. Para Mali Chivakul, economista de esta área en J. Safra Sarasin Sustainable AM, el principal riesgo sigue siendo la incapacidad de todas las partes involucradas en el conflicto para llegar a un acuerdo que permita reabrir el Estrecho de Ormuz a su debido tiempo. “Las reservas de petróleo han ido disminuyendo, y un retraso en un acuerdo de paz probablemente impulsaría los precios del crudo al alza y llevaría a los mercados a otro episodio de aversión al riesgo, desencadenando salidas de capital de emergentes”, afirma.
Además, muchas naciones de industrialización reciente han fortalecido en los últimos años sus instituciones, mejorado la disciplina fiscal y reforzado la independencia de sus bancos centrales. “Esto ha permitido reducir vulnerabilidades estructurales y aumentar su resiliencia frente a shocks externos. En algunos casos, incluso han reaccionado con mayor rapidez y prudencia que economías desarrolladas ante episodios recientes de inflación y volatilidad financiera”, recuerda Víctor Asensi, director de DPAM para España y Latinoamérica.
Es más, según el responsable de DPAM, el contexto actual también está favoreciendo esta reevaluación, ya que “la fragmentación geopolítica, la relocalización de cadenas de suministro y la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento están posicionando a determinados mercados emergentes como beneficiarios estructurales del nuevo orden económico global”.
De hecho, por primera vez en la historia, la inflación en las potencias en desarrollo, excluida China, es ahora más baja que en Estados Unidos. “No se trata de una simple nota al pie: es un cambio estructural que invierte la narrativa tradicional sobre el riesgo macroeconómico de los mercados emergentes”, añade el responsable de Pimco.
Lo cierto es que el interés de los inversores en los últimos años ha sido muy desigual. Tras tres años de salidas masivas estimadas en más de 150.000 millones de dólares (129.000 millones de euros) entre 2022 y 2024, los flujos positivos empezaron a llegar entre abril y mayo de 2025. “El año pasado las entradas superaron los 30.000 millones, y en lo que va de 2026 hasta marzo se sumaban otros 13.000-14.000 millones más, con un acumulado total desde abril del año pasado de unos 40.000-45.000 millones de dólares. El conflicto de marzo generó salidas puntuales —el guion habitual— pero la recuperación ha sido rápida. Lo importante es que la clase de activo no está saturada”, concluye Gorky Urquieta, gestor y codirector del equipo de deuda del área en Neuberger.
Vía de diversificación
En cualquier caso, los consultados coinciden en que en los últimos años se ha visto que la economía global depende cada vez más de determinados países en crecimiento, tanto por su papel en materias primas y energía como por su peso en manufacturas, tecnología, cadenas de suministro y crecimiento de la demanda interna. En ese contexto, “algunos emergentes han pasado a percibirse menos como una fuente estructural de inestabilidad y más como una vía de diversificación frente a riesgos que también se concentran en el mundo desarrollado”, señala el equipo de análisis económico y de mercados de Afi. Ahora bien, “esto no implica que el riesgo emergente haya desaparecido, sino que se ha vuelto más selectivo”, alertan.
Efectivamente, ser selectivo es la recomendación más repetida por los expertos consultados. Es el caso de Melanie Lange, directora de Federated Hermes en Iberia, para quien es clave adoptar ese enfoque, “ya que el universo de potencias en transición es cada vez más heterogéneo. Por un lado, encontramos mercados más desarrollados, vinculados a tendencias como la tecnología, la inteligencia artificial o el vehículo eléctrico; y por otro, economías más dependientes de materias primas, con dinámicas y drivers distintos”.
Según la última encuesta a analistas de Fidelity International, los mercados emergentes muestran resiliencia a pesar de las perturbaciones geopolíticas, una consulta que destaca el grado de divergencia dentro de estas economías. “Las diferencias en el impulso de las reformas, la exposición a la energía y la capacidad de innovación están dando lugar a resultados empresariales cada vez más variados. En este entorno, tratar a estos mercados como una única clase de activo es menos eficaz: la selección disciplinada y ascendente de países y valores es cada vez más importante”, concluye Niamh Brodie-Machura, director de inversiones de renta variable de Fidelity International.
Brasil, Corea o Taiwán, destacados por los analistas
En general, los expertos coinciden en que las dos áreas con mayor potencial relativo serían Latinoamérica y ciertos países asiáticos, “aunque por motivos distintos”, aclara el equipo de análisis económico y de mercados de Afi. En Asia, Corea del Sur y Taiwán “ofrecen exposición directa a la inversión global en inteligencia artificial y a la demanda de semiconductores avanzados. En Latinoamérica, Brasil destaca por una combinación de valoraciones atractivas, exposición a materias primas y una composición sectorial diversificada entre financieras, materiales, energía y minería”, aclaran.
A tenor de los datos que maneja Madison Faller, estratega de inversiones globales en JP Morgan Private Bank, los mercados emergentes cotizan en torno a un múltiplo de 12 veces los beneficios futuros, por debajo de los promedios a largo plazo, a pesar de que se espera que los beneficios crezcan más del 45% en 2026. Este contexto es relevante en un mundo en el que la fragmentación y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) están diferenciando a los países que controlan los recursos escasos y la capacidad de fabricación esencial.
“Latinoamérica posee muchos de los minerales críticos que el mundo necesita. Asia Oriental se sitúa en el centro de la cadena de suministro de semiconductores de la que depende el ciclo de inversión en IA. Y China, de forma selectiva, está viendo cómo se amplía la adopción de la IA, incluso cuando su mercado de valores cotiza con un fuerte descuento respecto al resto de Asia”, concluye.
Para DPAM, Latinoamérica vuelve a situarse en el centro de atención. Países como Brasil y México “atraen capital gracias a unos tipos reales todavía elevados, bancos centrales creíbles y divisas que muchos consideran infravaloradas. La deuda local latinoamericana vuelve a ofrecer un rendimiento atractivo y potencial de apreciación adicional vía divisa”. Al mismo tiempo, Asia consolida un flujo más estructural y de largo plazo que el resto. India e Indonesia destacan como algunos de los grandes beneficiarios del nuevo ciclo global, apoyados por demografía favorable, reformas, industrialización y una creciente integración en las cadenas de suministro internacionales. También empezamos a ver mayor interés táctico en Europa emergente con mercados como Rumanía, Hungría o República Checa y en determinados países frontera.
También Mali Chivakul, economista de mercados emergentes en J. Safra Sarasin Sustainable AM, prevé que Latinoamérica “estará en la mejor posición para cosechar los beneficios del creciente énfasis de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Dado que la seguridad económica se ha convertido en una prioridad, Latinoamérica también ofrece recursos minerales estratégicos. Dentro de la región, Brasil resulta atractivo. Como productor neto de petróleo, se ha beneficiado de los precios más altos del crudo”.
Según Álvaro Fernández, coresponsable del negocio España y Portugal de Capital Group, en la deuda emergente, “los diferenciales de soberanos y corporativos en moneda fuerte están ajustados en términos históricos, lo que reduce el margen de error. La búsqueda de rentabilidad ha impulsado un fuerte comportamiento en emisores de menor calificación, pero creemos prudente centrarse en emisores de mayor calidad dado el elevado nivel de riesgos”. En cuanto a otras regiones, Melanie Lange, directora de Federated Hermes en Iberia, ve valor en Corea, si bien de forma selectiva tras el fuerte comportamiento reciente. “El mercado se beneficia del impulso en inteligencia artificial y semiconductores, aunque también ha mostrado una elevada volatilidad, en parte por toma de beneficios y posicionamiento técnico. Aun así, las valoraciones aún son atractivas en determinados nombres”, subraya.
Respecto a China, Lange asegura que aunque se ha quedado rezagada en los últimos meses, siguen identificando oportunidades interesantes. “En el año del caballo, China avanza a trote, no al galope: crecimiento estable, aunque sin aceleración, en un mercado muy influido por flujos de corto plazo, lo que refuerza la importancia de la selectividad”. Además, les gusta India, “pero seguimos considerando que las valoraciones son exigentes”.