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De Taiwán a Corea: cuando una o dos empresas deciden el rumbo de una Bolsa

En índices altamente concentrados, hay valores con un peso de más del 40%

Pantallas en la Bolsa de Seúl, en una imagen de archivo.YONHAP (EFE)

Las Bolsas suelen verse como un termómetro del mercado. Cuando el Ibex 35 sube, se deduce que el conjunto de las cotizadas españolas avanza y cuando cae, se entiende que retroceden. Sin embargo, no todos los índices reflejan el comportamiento de un mercado. En algunos países, el peso que han ganado una o dos compañías es tan grande que basta un fuerte movimiento de sus acciones, al alza o a la baja, para arrastrar al conjunto del mercado. En esos casos, inversores que han apostado por un ETF o fondo indexado atraídos por la mayor diversificación que ofrecen frente a comprar acciones de una sola compañía, podrían no estar repartiendo el riesgo y su inversión al final depende de la evolución de unas pocas empresas.

Uno de los casos más extremos es el del Kospi surcoreano. Samsung Electronics y SK Hynix concentran en conjunto más de la mitad del índice, según cálculos propios elaborados a partir de la metodología oficial del índice y de datos de Bloomberg. En la práctica, una buena sesión bursátil de ambas compañías basta para impulsar al conjunto del mercado, aunque la mayoría del resto de valores cierre la jornada en negativo. La inteligencia artificial y la fuerte demanda de memorias para centros de datos han disparado la cotización de las dos empresas, convirtiéndolas en el gran motor de la Bolsa coreana y de la propia economía del país. En 2025, el Kospi fue la Bolsa que más subió. Y en lo que va de 2026 se revaloriza un 59%. Un inversor que vea esas revalorizaciones puede pensar que las compañías surcoreanas atraviesan un momento espectacular, pero el avance se explica por el comportamiento de estas dos compañías.

Un caso similar es el de la Bolsa de Hungría. En el Bux, el banco OTP representa alrededor del 46% del índice. Eso significa que prácticamente uno de cada dos puntos que gana o pierde el Bux depende de la evolución de esa entidad. Si se añade la petrolera Mol, ambas compañías concentran cerca de dos tercios del indicador.

Taiwán es otro ejemplo de concentración extrema. TSMC, el mayor fabricante de semiconductores del mundo, representa en torno al 43% del índice Taiex. El auge de la inteligencia artificial y la alta demanda de chips han disparado su valor en Bolsa hasta convertirla en el motor del índice taiwanés. Una corrección de TSMC puede hacer caer el índice incluso aunque la mayoría de las compañías registren subidas en la sesión. En lo que va de año, TSMC sube un 53% y el Taiex un 52%. Eso supone que, si un inversor comprara un fondo indexado a la Bolsa taiwanesa, la mayoría de su dinero está expuesto a una empresa. Al final, más que una inversión en la economía taiwanesa, la exposición está en el negocio de los semiconductores y la IA.

Cuando las empresas de un índice crecen mucho más rápido que el resto, su peso aumenta y pueden provocar desequilibrios. El problema aparece cuando esa concentración es tan elevada que el índice deja de representar al conjunto del mercado. Un inversor puede interpretar que la Bolsa coreana vive un momento excepcional porque el Kospi acumula fuertes ganancias, cuando buena parte de las otras empresas apenas participa en la subida. Cuanto mayor es esa concentración, mayor es también la sensibilidad del índice a cualquier noticia que afecte a esas compañías.

En Europa también existen ejemplos de Bolsas concentradas, aunque son casos menos extremos. El SMI, el principal índice suizo, está dominado por Novartis, Roche y Nestlé. Juntas representan cerca de la mitad de la ponderación del índice. Para evitar desequilibrios, el propio índice limita el peso de cada compañía a un máximo del 18% para evitar que un único valor monopolice su evolución. En Países Bajos ocurre algo similar con ASML. El fabricante de máquinas para producir los microchips más avanzados ha alcanzado un tamaño tan grande que el principal índice neerlandés aplica límites para impedir que su comportamiento distorsione el conjunto del mercado. En este caso, el peso máximo que puede alcanzar una compañía es del 15%. Aun con ese límite, ASML, Shell y Unilever tienen un peso del 42% en conjunto.

Dinamarca es otro de los ejemplos llamativos. Novo Nordisk llegó a ser la empresa más valiosa de Europa y su capitalización superó el PIB danés, impulsada por los medicamentos para tratar la diabetes y la obesidad. Sin embargo, el índice OMXC25, que agrupa a las principales cotizadas del país, aplica un límite de forma que ninguna empresa puede superar un peso del 15%. Entre Novo Nordisk y Nordea Bank suman un peso del 30% de forma conjunta. España tampoco escapa del todo a la alta concentración. Santander, Iberdrola, BBVA e Inditex representan un 53% del Ibex. El índice español también incorpora un límite, en este caso del 20%, para evitar que una sola empresa condicione la evolución del Ibex 35. Aun así, cuatro de las 35 empresas del selectivo suponen más de la mitad del índice, según cálculos propios. Y dos de ellas son de un mismo sector, el bancario, con elevado peso en un selectivo que carece de compañías tecnológicas.

En índices mucho más diversificados, la situación cambia. El Nikkei japonés presenta un reparto más equilibrado. Su mayor componente, Advantest, representa algo más del 11% del índice y las dos mayores compañías suman el 22%, según los datos publicados por la propia Bolsa nipona. En Estados Unidos, el S&P 500 está dominado por las grandes tecnológicas, pero la concentración es considerablemente menor. Las diez mayores compañías apenas superan un 33%. Existe concentración, pero alejada de casos extremos como Corea del Sur o Taiwán. Además, el S&P 500 reúne 500 empresas frente a las apenas 20 o 30 compañías que integran muchos de los índices europeos, lo que también ayuda a repartir el peso de cada valor.

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