El salto de SpaceX, OpenAI y Anthropic a la Bolsa amenaza con disparar la concentración de Wall Street a niveles de burbuja
Su desembarco en el parqué elevará la dependencia del mercado a un único sector a niveles no vistos desde el siglo XIX


Las Bolsas mantienen su avance pese al aumento de los riesgos. Ni la guerra en Oriente Próximo, ni el repunte de las presiones inflacionistas, ni el temor a una desaceleración económica han logrado frenar a la renta variable. Sin embargo, bajo esa aparente fortaleza se esconde una fragilidad cada vez más evidente: la creciente concentración del mercado. El grueso de las subidas descansa en un número cada vez más limitado de valores. El fenómeno se aprecia con especial claridad en EE UU. Según Goldman Sachs, el 85% de las ganancias del S&P 500 en lo que va de 2026 (10%) procede de la tecnología. Si se excluye el sector, el avance se reduce al 3%.
Esta pérdida de amplitud del mercado empieza a inquietar a los analistas. Michael Hartnett, estratega de Bank of America, advierte de que las próximas salidas a Bolsa de SpaceX, OpenAI o Anthropic podrían llevar la concentración a niveles no vistos desde finales del siglo XIX. Entonces, el peso del ferrocarril —impulsado por una expansión financiada con deuda y un fuerte exceso inversor— llegó a representar el 63% de la capitalización bursátil en Estados Unidos. El episodio terminó en crisis, con la quiebra de Jay Cooke y el cierre de la Bolsa de Nueva York, como reflejo de los excesos acumulados. Salvando las distancias, el paralelismo con la situación actual gana peso.
Más allá del paralelismo histórico, el mercado encuentra un referente más cercano en los años noventa, cuando el auge tecnológico concentró el liderazgo bursátil. Como entonces, el protagonismo vuelve a concentrarse en un único sector: la tecnología. Al igual que con el bum de internet y el auge de las puntocom, las expectativas sobre el potencial transformador de la inteligencia artificial están impulsando valoraciones cada vez más exigentes, cuyo alcance real solo podrá calibrarse con el tiempo. Tras un breve intento de rotación hacia valores más cíclicos a comienzos de año, el aumento de la incertidumbre y unos resultados mejores de lo esperado han devuelto el protagonismo a las grandes compañías de crecimiento.
Hace años fueron las FAANG —Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google— las compañías que ostentaban el liderazgo bursátil y el protagonismo tecnológico. Con el auge de la IA, el grupo se amplió hasta convertirse en los siete magníficos. Cambian los nombres y las tecnologías, pero la lógica de mercado sigue siendo la misma: un grupo reducido de gigantes tecnológicos condiciona la evolución de los índices. Nvidia, por ejemplo, ha alcanzado una capitalización bursátil comparable al tamaño de economías como la alemana.
En este contexto, el mercado se prepara para una nueva oleada de salidas a Bolsa de grandes firmas tecnológicas, operaciones que aspiran a batir récords y que amenazan con intensificar aún más esta dinámica. Los futuros estrenos de compañías como SpaceX, OpenAI o Anthropic podrían reforzar todavía más el peso del sector en los índices.
En la actualidad, las tecnológicas suponen cerca del 40% del valor total del mercado estadounidense, un peso que, según las estimaciones de Hartnett, podría acercarse al 48% tras la próxima oleada de salidas a Bolsa. La historia no se repite, pero rima con fuerza: de cumplirse estas previsiones, el sector superaría el 41% alcanzado durante la burbuja de las puntocom y el 44% registrado en la euforia bursátil de Japón a finales de los años ochenta.
SpaceX, el proyecto aeroespacial de Elon Musk, amenaza con situarse entre las diez cotizadas más valiosas del mundo tras su debut en Bolsa y alcanzar una capitalización cercana a 1,75 billones de dólares, por encima de los 1,6 billones de Tesla. A este importe se sumarán en los próximos meses los cerca de 850.000 millones de dólares (730.050 millones de euros) en que el mercado ya valora al creador de ChatGPT, así como los 900.000 millones (773.000 millones de euros) atribuidos a Anthropic. Unas cifras que reflejan hasta qué punto los nuevos actores compiten ya de tú a tú con los gigantes del sector. “El mercado podría volverse aún más dependiente de un núcleo cada vez más estrecho de empresas, con el consiguiente aumento de la vulnerabilidad ante cualquier decepción en resultados o expectativas de crecimiento”, apunta Antonio Castelo, analista de iBroker. Una advertencia sobre la que ha incidido también el propio Banco Central Europeo en su último informe de estabilidad.
Pese a que los niveles de concentración son elevados, los analistas insisten en que unas valoraciones exigentes no son, por sí solas, un detonante de corrección. Juan Gómez Bada, director de inversiones de Avantage Capital, afirma que, a diferencia de lo ocurrido en la crisis de las puntocom, hasta ahora las valoraciones están soportadas por los beneficios. La última campaña de resultados es un buen ejemplo. Según datos de FactSet, los siete magníficos reportaron una tasa de crecimiento de las ganancias del 62,3% en el primer trimestre, muy por encima del 17,4% del resto del S&P 500. “La concentración de capital refleja, en parte, la de los beneficios. Las compañías dominantes son hoy de mayor calidad y cuentan con modelos de negocio rentables”, destaca Castelo. Esta es la principal diferencia con la burbuja puntocom, cuando las cotizaciones respondían a expectativas y no a resultados. “El cementerio de aquella burbuja está lleno de empresas que nunca ganaron un dólar”, añade.
Con todo, la solidez actual no garantiza que el modelo esté exento de tensiones. Las OPV previstas para este año pondrán a prueba tanto la concentración de los índices como la sostenibilidad de las valoraciones. Las fuertes inversiones que exige la IA están lastrando los resultados. Según el folleto de salida a Bolsa de SpaceX, las necesidades de capital se tradujeron en pérdidas de casi 4.300 millones de dólares (3.693 millones de euros) en el primer trimestre. Esta tendencia también se replica en OpenAI. Aunque el creador de ChatGPT logró unos ingresos de 5.700 millones (4.895,7 millones de euros) en ese mismo periodo, las previsiones apuntan a que la compañía no será rentable hasta 2030 debido al elevado coste de la infraestructura de la IA. Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de Carmignac, advierte de que el repunte de la actividad de salidas a Bolsa evoca dinámicas propias de final de ciclo: abundante liquidez, fuerte participación minorista y disposición a financiar compañías con una visibilidad limitada sobre su rentabilidad, en un patrón que recuerda al bum de los SPAC tras la pandemia.
A este riesgo se suma, como señala Duncan Lamont, director de investigación de Schroders, el auge de la gestión pasiva. Durante la burbuja de las puntocom, los fondos indexados eran aún incipientes; hoy estos vehículos gestionan decenas de billones de dólares y, al igual que amplifican las subidas, también pueden intensificar las caídas. En un mercado como el estadounidense, que ya representa cerca del 70% del MSCI World, la diversificación real se vuelve cada vez más limitada. Los fondos que replican el índice centran una exposición creciente en EE UU y, en particular, en el sector tecnológico, de modo que la suerte del mercado —y de los inversores— depende cada vez más de un número reducido de compañías, elevando la vulnerabilidad del sistema ante cualquier shock.