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La fiebre bursátil de las tecnológicas afronta su prueba con las cuentas de Nvidia

El índice de semiconductores se dispara más de un 55% desde marzo, muy por encima del S&P 500 y el Nasdaq

El CEO de Nvidia, Jensen Huang, durante una presentación de la compañía en San José (California), el pasado marzo.Justin Sullivan (Getty Images)

Inflación, crisis energética, crecimiento a la baja y sacudidas en la renta fija. Los manuales de finanzas invitan a reducir el riesgo. Pero el mercado ha ido por libre. Salvo correcciones puntuales, la Bolsa ha seguido subiendo. El movimiento ha sido generalizado, aunque se aprecia con especial claridad en la renta variable estadounidense, donde el S&P 500 y el Nasdaq han encadenado máximos históricos.

Si bien la economía de EE UU sigue mostrando señales de resiliencia, la clave de este desempeño reside en el empuje de las tecnológicas. Sin embargo, en esta ocasión no han liderado las subidas los grandes nombres —que han avanzado de forma más moderada—, sino compañías de menor tamaño vinculadas al sector de los semiconductores. En un contexto en el que la inteligencia artificial (IA) apunta a seguir expandiéndose, cabe esperar que la demanda de chips —insumo esencial de esta industria— continúe creciendo.

Los buenos resultados y las expectativas dadas a conocer en la última campaña por firmas como Intel están detrás de la espectacular revalorización del índice de semiconductores de Filadelfia. Desde los mínimos registrados a finales de marzo, el índice sube más de un 55%, por encima del 16% del S&P 500 y superior también al 24% del Nasdaq.

Las subidas responden a unas perspectivas de negocio más favorables, pero en un mercado donde las altas valoraciones implican una elevada exigencia. En este contexto, Nvidia toma ahora la palabra. Al cierre del mercado este miércoles, el fabricante de chips para IA, cuya capitalización alcanzó la semana pasada los 5,6 billones de dólares —por encima del PIB de Alemania—, presentará sus resultados. “El mercado necesita confirmar que el gasto en infraestructura IA sigue acelerándose, que la demanda continúa fuerte y que el crecimiento de centros de datos mantiene el ritmo esperado”, apunta Javier Molina, analista de Mercados de eToro.

El patrón de los últimos tres trimestres apunta a que, pese a que Nvidia ha seguido batiendo expectativas, el mercado ha reaccionado con caídas tras la publicación de sus cuentas. Dada su elevada influencia, estos movimientos han acabado arrastrando al conjunto del sector, con descensos en torno al 0,7% en el Nasdaq. Los analistas recuerdan que los inversores suelen aprovechar los resultados del gigante como una pausa para tomar beneficios y recobrar impulso antes de intentar nuevas cotas.

Con los tambores de burbuja resonando, la pregunta que se impone es si ha llegado el momento de poner freno o si el mercado aún tiene recorrido al alza. La situación en el Golfo Pérsico sigue estancada y los temores de inflación al alza y crecimiento a la baja no paran de aumentar. En un entorno en el que existen más luces que sombras, la única esperanza para el mercado había sido la temporada de resultados. Según datos de FactSet, hasta el 15 de mayo, la tasa de crecimiento de ingresos entre las cotizadas del S&P 500 alcanzaba el 11,4%, el registro más alto desde el segundo trimestre de 2022. Aunque la tendencia es generalizada —los once sectores registran incrementos de los ingresos—, las mayores ganancias corren a cargo de los semiconductores (52%), las firmas de hardware y almacenamiento (28%) y las compañías de componentes electrónicos (24%).

Aunque inversores de renombre como Michael Burry —el gestor que anticipó la crisis de las hipotecas subprime— consideran que las valoraciones de las tecnológicas son insostenibles y que el índice de semiconductores refleja dinámicas propias de entornos de burbuja, en Bank of America se muestran más escépticos ante estos escenarios catastrofistas. La última encuesta entre gestores revela que la inversión en compañías de semiconductores y las apuestas por las Siete Magníficas concentran el mayor consenso, con el respaldo del 73% y el 14% de los participantes, respectivamente.

Para muchos analistas, el contexto actual es distinto al de ciclos anteriores, ya que la oleada de inversión en IA seguirá impulsando durante algún tiempo la cartera de pedidos de los fabricantes de chips. Jaime de León Calleja, gestor de renta variable de Mutuactivos, comparte esta visión y destaca que, pese a la fuerte subida acumulada en el año, esta ha venido acompañada de revisiones al alza en los beneficios, y no solo de una expansión de múltiplos. “Eso es clave porque mantiene las valoraciones en niveles razonables para el crecimiento esperado”, subraya.

El experto señala que las firmas de semiconductores constituyen una de las principales apuestas del fondo Mutuafondo Tecnológico, un vehículo de inversión que, según datos de Morningstar, acumula una rentabilidad de más del 15% en lo que va de año. Por nombres, el experto escoge Micron, que se está beneficiando de la demanda récord de memoria vinculada a la IA, y Broadcom, uno de los grandes ganadores en infraestructura y chips para este ámbito.

Los analistas de Barclays se suman a quienes siguen viendo valor en la tecnología, aunque abogan por una mayor selectividad. Tras años de dominio de gigantes como Nvidia, Microsoft o Alphabet, creen que el foco empieza a desplazarse hacia segmentos con mayor visibilidad de ingresos, como los semiconductores. En esta línea, desde Neuberger recuerdan que las principales compañías del sector de los semiconductores ya contaban con una elevada previsibilidad de negocio hasta 2027 incluso antes del auge de la IA, pese al escepticismo que durante años ha rodeado la rentabilidad de estas inversiones.

El elevado esfuerzo inversor que exige la nueva tecnología está acelerando el consumo de caja, y compañías que tradicionalmente acumulaban grandes reservas de efectivo en sus balances, como Microsoft, han pasado a recurrir con mayor frecuencia al mercado para financiar sus planes de expansión. De ahí que muchos inversores se pregunten hasta qué punto los beneficios futuros serán suficientes para justificar este incremento del gasto. En este delicado equilibrio entre expectativas y realidad, el futuro del mercado dependerá de que el crecimiento de los beneficios sea capaz de sostener unas valoraciones cada vez más exigentes.

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