Musk pone a prueba la fe del pequeño inversor con la OPV de SpaceX
Los analistas recomiendan cautela a los minoristas ante la complejidad y riesgos de una empresa líder aunque de planes faraónicos y sin un rival comparable


Podría ser la entrada del palacio de un dictador de una república perdida, pero es el acceso a la sede de una de las compañías más valiosas del mundo. En la carretera que sale de Brownsville, Texas, hacia la base de SpaceX, se alza un busto gigante de Elon Musk, con la mirada elevada y prendido en el cuello un pañuelo con la bandera de EE UU, país del que este empresario de origen sudafricano se nacionalizó en 2002. La placa debajo de la estatua no lo presenta como fundador ni como presidente de la compañía, sus cargos oficiales, sino como “MemeLord”, en alusión a su presencia constante y provocadora en redes. Esta es otra particularidad de este busto: no lo levantó Musk, sino un grupo de aficionados del mundo cripto, un universo que el propio empresario ha alimentado durante años.
Este tirón popular —una mezcla de entusiasmo tecnológico, afinidad política y la promesa de un futuro digno de ciencia ficción—, sostenido por una comunidad muy fiel de seguidores, es uno de los activos que el hombre más rico del mundo busca aprovechar en la salida a Bolsa de SpaceX. La empresa protagonizará, a falta aún de cifras definitivas, el mayor debut bursátil de la historia, con una expectativa de recaudar 75.000 millones de dólares según la prensa estadounidense. De confirmarse, sería más que el doble del récord actual, en manos de la petrolera estatal saudí Aramco desde 2019. Además, colocaría de golpe a SpaceX entre las 10 mayores empresas del mundo, con un valor de mercado inédito para una debutante: 1,75 billones de dólares.
El primer paso ya está dado. La compañía de Musk presentó el miércoles pasado su solicitud de salida a Bolsa (OPV) ante el regulador de los mercados estadounidenses. No ha detallado ni valoración objetiva ni banda de precios de sus acciones, pero sí que ha reservado un tramo al inversor minorista. Es algo habitual en el mercado financiero estadounidense, pero no suele tener tanta repercusión porque pocas empresas son tan mediáticas. La prensa estadounidense adelanta que este tramo puede llegar a representar el 30% de las acciones que se pongan a la venta en la OPV, un porcentaje muy por encima del promedio.
“Los seres humanos tienden a seguir al rebaño y, cuando oyen hablar de lo monumental que puede ser esta operación, no quieren quedarse fuera”, afirma Brian Jacobsen, economista jefe de Annex Wealth Management, a Reuters. Pero no todo se reduce al entusiasmo por las promesas de colonización intergaláctica, una de las marcas de SpaceX. Invertir en una empresa antes de su salida a Bolsa entraña una complejidad y unos riesgos que no todos los pequeños inversores pueden asumir.
¿Qué necesito para participar de la OPV?
Solo los inversores estadounidenses o con residencia en EE UU podrán participar en la OPV como particulares, ya que las cinco plataformas minoristas asignadas a esta operación, entre ellas nombres conocidos como Robinhood o Fidelity, operan exclusivamente en este país y exigen la ciudadanía o la residencia para abrir una cuenta.
Para un particular español, la única oportunidad de invertir antes de que la acción cotice es contar con un patrimonio elevado y acceso a la banca privada. Es habitual que estos servicios especializados ofrezcan instrumentos a medida, incluso intermediar a través de sus filiales la apertura de una cuenta en los brókers estadounidenses para participar en la OPV.
¿Cómo invertir tras la salida a Bolsa?
Si usted no tiene nacionalidad o residencia estadounidense ni acceso a bancos colocadores, como ocurre con la mayoría de los inversores, tendrá que esperar al toque de campana del primer día de cotización de SpaceX en el Nasdaq, estimado para mediados de junio. A partir de entonces, sus acciones podrán comprarse como las de cualquier otra compañía.
Otra opción es invertir a través de fondos cotizados (ETF), que replican índices o sectores y se compran y venden en Bolsa como si fueran acciones. En este caso, podría tratarse de un ETF vinculado al sector tecnológico o al Nasdaq, donde cotizará SpaceX. Es la recomendación de Víctor Alvargonzález, asesor financiero independiente, sobre todo para quienes quieran exponerse al tirón de SpaceX sin concentrar todo el riesgo en una sola compañía.
“Al invertir en un grupo amplio de empresas, y no solo en una o dos, aumentan las probabilidades de participar en compañías rentables y compensar las pérdidas de las que no funcionen”, afirma Alvargonzález. Sin embargo, esa exposición no será inmediata ni automática. Los índices tienen sus propios calendarios y criterios de revisión, y los fondos que los replican solo ajustan sus carteras cuando corresponde. Por eso, comprar un ETF no equivale a invertir en SpaceX desde el primer día.
¿Qué debo saber sobre SpaceX?
El riesgo de invertir en SpaceX tan pronto, ya sea en la OPV o justo después de su debut bursátil, puede costar caro, ya que el mercado todavía intenta encontrar un precio razonable para la empresa. Por un lado, la compañía, aún en pérdidas, lidera mercados multimillonarios, como el espacial y el de las telecomunicaciones orbitales a través de su filial Starlink, los dos con fuertes expectativas de crecimiento futuro. Por otro lado, parte del relato de este conglomerado se apoya en promesas mesiánicas como la colonización de la Luna o Marte, presentes incluso en un documento tan técnico como el folleto de la OPV.
“Nuestra misión es construir los sistemas y las tecnologías necesarios para hacer que la vida sea multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y llevar la luz de la conciencia hasta las estrellas”, afirma la compañía en la solicitud ante el regulador de los mercados de EE UU. También identifica la Luna y Marte como mercados de negocios billonarios en el futuro.
Además de sus aventuras espaciales, SpaceX también se ha adentrado en el recalentado mercado de la inteligencia artificial tras fusionarse en febrero pasado con xAI, la empresa de Musk creadora de Grok. Hasta la presentación del folleto, apenas se conocía el detalle de las cuentas de SpaceX, al tratarse de una empresa privada, pero la solicitud de salida a Bolsa ha sacado a la luz que la apuesta por la IA ya está pesando en sus resultados.
Las inversiones en la nueva revolución tecnológica son ya uno de los principales gastos de la compañía y han llevado sus cuentas a unas pérdidas de casi 4.300 millones de dólares en el primer trimestre de este año, frente a un déficit de 500 millones en el mismo periodo del año anterior, previo a la fusión con xAI. El negocio espacial tampoco ayudó y cerró el periodo con un saldo negativo de 50 millones.
El resultado no fue peor gracias, sobre todo, al negocio de satélites, la principal fuente de ingresos de SpaceX y un mercado en el que la compañía controla más del 70% de la cuota en EE UU. En el trimestre, el conglomerado facturó 4.694 millones de dólares, casi un 20% más que el año anterior.
Musk sabe que su empresa espacial cuenta con la confianza no solo de su afición virtual, sino también del mercado, y saca provecho de ello, como apunta el folleto. La fusión entre SpaceX y xAI ha permitido a esta última refinanciar cerca de 20.000 millones de dólares de deuda a tipos de interés mucho más bajos, por debajo del 5% frente al 12% anterior, lo que ha supuesto un ahorro de 900 millones de dólares en intereses para las inversiones en IA del hombre más rico del mundo.
¿Es mejor esperar para entrar?
Los expertos advierten de que entrar justo después de una OPV puede dejar poco margen, sobre todo cuando la empresa sale con una valoración muy exigente y grandes expectativas de crecimiento, como es el caso de SpaceX. Al fin y al cabo, no es tarea fácil valorar una travesía galáctica.
“Conviene tener en cuenta los riesgos de entrar el primer día en compañías con valoraciones exigentes y luego un margen de error mínimo”, advirtió Javier Molina, analista de eToro, en declaraciones a Cinco Días. No faltan ejemplos. Tras varios vaivenes, Uber cerró su primer año con una caída del 30%. La plataforma de compraventa de acciones Robinhood, que distribuirá acciones de SpaceX entre minoristas, terminó el año con un valor un 70% inferior al de su salida a Bolsa. Empresas con un tirón popular pero ni de lejos el peso de la compañía de Musk, por lo que las consecuencias pueden ser mucho mayores.
“Fuerte subida de los precios, euforia minorista, volatilidad a la baja... todo muy burbujeante”, señaló Michael Hartnett, estratega de Bank of America, en una nota esta semana, en referencia a la OPV de SpaceX y a las salidas bursátiles todavía no confirmadas de los otros dos campeones de la IA, OpenAI y Anthropic, previstas por la prensa estadounidense para este año.
¿Musk es un factor de riesgo?
Una empresa tan personalista como SpaceX no depende solo de sus números, sino también de su líder. En este sentido, Musk acaba incorporando una prima al precio de las acciones de sus compañías. La devoción de parte de los inversores por su figura pesa sobre los propios resultados, como ya demuestra Tesla.
Hoy, las acciones de Tesla cotizan a más de 300 veces sus beneficios. Es una cifra astronómica incluso para una tecnológica, con todo el entusiasmo en este sector. Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, cotiza a 40 veces sus ganancias. Por ello, a principios de año, Jeff Sonnenfeld, decano asociado sénior de la Escuela de Administración de Yale, llegó a calificar a Tesla como “la mayor acción meme de la historia”, en referencia a valores impulsados más por el entusiasmo en internet que por sus fundamentos. Se llame como se quiera, es el coste del personalismo.