Invertir en renta fija: qué oportunidades ofrece el activo más pesimista
Los gestores aconsejan tomar posiciones en los plazos más cortos, de uno o dos años, una vez que los bonos ya descuentan un escenario adverso por la guerra de Irán


Mientras la Bolsa estadounidense ha seguido escalando hasta nuevos máximos históricos, los bonos de la mayor economía del mundo emprendían el camino opuesto. El descenso de su precio, en previsión de más inflación y más déficit público para afrontar subsidios y gasto en armamento, ha disparado la rentabilidad y los inversores exigen ahora por la deuda soberana de EE UU a 30 años el 5,1%, el nivel más alto desde 2007. Frente a la aparente despreocupación con que la Bolsa —no solo la estadounidense, también la europea— encaja el shock energético que supone la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, los bonos sí se están anticipando a un escenario en el que la falta de suministro de petróleo acabe por pasar factura. Más inflación, menos crecimiento, más déficit público para las grandes economías y, previsiblemente, tipos de interés más elevados.
El mercado de deuda está mandando un claro aviso a los inversores. Un coste de financiación más elevado, resultado del alza de las rentabilidades de los bonos, implica un ajuste a la baja de las valoraciones bursátiles. Por su parte, los gestores de renta fija también están haciendo sus propios ajustes en cartera. En parte para aprovechar la oportunidad de comprar más barato ante la caída de precios de los bonos, al tiempo que se amarra una rentabilidad impensable hace años, y en parte también para cubrirse por si vienen curvas.
La renta fija es parte fundamental de una cartera de inversión, y en la memoria aún está fresco el recuerdo de lo sucedido en 2022, cuando el inicio de una escalada de subidas de tipos de interés dejó pérdidas sin precedentes en la inversión en bonos. La cautela manda en un activo dirigido principalmente al inversor más conservador y que también puede dejar números rojos. En el mes de marzo, cuando el mercado comenzó a descontar de forma abrupta alzas de tipos por la guerra en Irán, los fondos de renta fija de largo plazo de la zona euro perdieron el 1,62%, según datos de Inverco. Si bien en abril, con la tregua entre Washington y Teherán, recuperaron una ganancia del 0,51%. Pero los gestores no prevén ya un ciclo de alzas de tipos de interés como el de 2022. Y aunque sí haya subidas más o menos puntuales, que se dan por hechas en la zona euro, creen que hay oportunidades en la renta fija pese a la enorme incertidumbre.
“Estos días debatimos quién tiene razón, si la Bolsa o los bonos”, reconoce David Ardura, director de Inversiones en Finaccess Value. Si acierta la Bolsa en descontar que la guerra de Irán no hará descarrilar el crecimiento y no dañará los beneficios empresariales o si aciertan los bonos en anticipar el alza de la inflación y hasta tres subidas de tipos de interés por parte del BCE. “Yo siempre hago caso a los bonos y ahora ya están descontando el peor de los escenarios, las subidas de tipos están en precio. La posibilidad de sorpresas negativas en la renta fija es mucho menor que en la Bolsa”, explica. En ese sentido, cree que hay una oportunidad “considerable” en los plazos cortos de la deuda pública y también en la deuda corporativa, aunque de máxima calidad crediticia y a plazos de solo uno o dos años. Con la deuda a más largo plazo, muy sensible a las expectativas sobre tipos de interés, se muestra mucho más cauteloso. “Aún no es el momento para los plazos largos, quizá solo de forma puntual y táctica cuando el bono alemán sube del 3%. Los bonos ya recogen las alzas de tipos pero la inflación no va a desaparecer de un día para otro”, defiende Ardura. Para una cartera equilibrada, su recomendación es mitad renta variable y mitad renta fija.
La clave para que 2026 no se parezca a 2022 está en lo que vaya a suceder con los tipos de interés. Y, en definitiva, en cuál sea la duración de la guerra en Irán. Y si el shock energético por Ormuz no requiere más que de dos o tres alzas de tipos —según anticipa el mercado de bonos—, o menos incluso, sería momento de buscar oportunidades. El peor escenario para la renta fija sería entrar en una espiral de alzas en el precio del dinero, en un nuevo ciclo de tipos, que analistas y gestores descartan. Para Cristina Gavín, responsable de renta fija de Ibercaja Gestión, “la situación actual es muy distinta a la de 2022. Entonces partíamos de tipos de interés cero y cualquier repunte impactaba con mucha fuerza. Ahora en cambio, contamos con un colchón con el que absorber al menos dos subidas de tipos”, explica.
El precio del dinero en la zona euro está ahora en el 2%, las letras del tesoro a doce meses en el 2,65% —el tipo más alto desde septiembre de 2024— y hay bonos corporativos de grado de inversión con vencimiento en uno o dos años que pagan cupones de entre el 3% y el 4%. Se trata de cupones capaces de absorber el impacto de la pérdida de valor que supone el continuado ascenso de los rendimientos. Es decir, el precio de los bonos cae —porque el mercado exige al emisor pagar más rentabilidad— pero para quien compre ahora, esa pérdida se puede compensar en buena parte con el cobro del cupón comprometido. Es la gran diferencia respecto a 2022, cuando las remuneraciones por la deuda eran aún muy reducidas.
“Los plazos más cortos han ganado más atractivo para el cliente más conservador”, explica Gavín. Ibercaja Gestión acaba de lanzar un fondo de renta fija en el que la mitad de la cartera estará invertida en una cesta diversificada de fondos de renta fija y la otra mitad, en dos cestas de bonos corporativos de grado de inversión que se mantendrán hasta vencimiento —una de ellas en 2027 y la otra, en 2028—, con especial foco en la deuda emitida por entidades financieras. “La banca nos gusta bastante, las alzas de tipos en la zona euro van a favorecer al sector”, añade Gavín.
Deuda soberana frente a corporativa
El criterio principal que guía a los gestores de renta fija es elegir activos de buena calidad crediticia, con calificación financiera de grado de inversión. La deuda corporativa ofrece variadas opciones entre empresas solventes y de sólida trayectoria, sin embargo también se ha contagiado del optimismo, complacencia incluso ante la incertidumbre actual, de la renta variable. Así, los diferenciales que exige el mercado en los bonos corporativos están en mínimos históricos, lo que está llevando a muchos gestores a reducir exposición en estos activos o a optar por plazos más reducidos, en emisiones que habitualmente suelen rondar los cuatro o cinco años.
La decisión de Singular Bank ante los últimos movimientos del mercado ha sido reforzar posiciones en deuda pública a plazos de uno a tres años y rebajar el crédito corporativo a plazos más largos. “Nuestro escenario es que el BCE suba los tipos dos veces y la curva de tipos ya descuenta tres subidas, mientras los diferenciales del crédito corporativo están en mínimos del ciclo”, explica Roberto Scholtes, jefe de estrategia de Singular Bank. Con esos diferenciales en mínimos, no habría ya apenas margen para ganar rentabilidad con el denominado carry —el descenso de rentabilidad en paralelo a la subida de precio del bono—. Lo que le queda al inversor, a diferencia de 2022, es un pago de cupón en los bonos corporativos de calidad con el que poder batir a la inflación sin asumir apenas riesgo.
Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad coincide en que el comportamiento de la renta fija se ha convertido en una de las principales señales de alerta para los mercados. “Frente a una renta variable que sigue mostrando fortaleza, los bonos están enviando un mensaje mucho más prudente”, asegura. Aunque los bonos no descuentan un escenario de colapso económico. “La recomendación sigue siendo clara: priorizar bonos de calidad, especialmente deuda pública, y mantener duraciones cortas o medias. Aunque los tramos largos están pagando rentabilidades elevadas —el bono español a treinta años supera el 4%—, una mayor complejidad en el escenario macroeconómico o geopolítico podría generar problemas adicionales de valoración en esas duraciones", añade Del Pozo.
Entre la deuda soberana, la española y la italiana despiertan el interés de los gestores. “En términos relativos, muchos países periféricos europeos siguen ofreciendo valor, siempre que mantengan una situación política estable“, apunta Huw Davies, gestor de inversiones del equipo de renta fija de Jupiter AM. Reconoce su interés en los bonos de España e Italia, frente a los bund alemanes. “En comparación con otros países europeos, España parte de una posición relativamente mejor, porque su crecimiento económico ha sido superior al de muchas otras economías de la región”, añade.